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Genio Embotellado (De Rozefire - Traducido por Inuhanya Cullen)

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Genio Embotellado (De Rozefire - Traducido por Inuhanya Cullen)

Mensaje por MikoAucarod el Dom Jun 28, 2009 8:15 pm

Recuerdo del primer mensaje :

Bueno, aquí nuevamente compartiendo fics que no es mío, pero conseguí permiso de la traductora :: espero que les guste a mí me fascinó ^^

Genio Embotellado
(Bottled Genius)
Por Rozefire
Traducido por Inuhanya

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Capítulo 1
Desenterrando una Maldición
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“¡Kagome!” Souta la golpeó en la cabeza con su morral. “Despierta, estamos aquí.”
El ceño de Kagome se frunció mientras tomaba un profundo respiro y se estiraba en el asiento de pasajero del auto. Sintió la fría corriente de aire que se deslizó sobre su cuerpo desde donde Souta ya había salido dejando una raja abierta en la puerta trasera. Parpadeó lentamente y depositó su mirada en la oscura y sombría silueta delineada por la luz de la luna ante ella.
“Así que él vive aquí, ¿huh…?” le dijo Kagome a su madre a su lado.
Aquello era cualquier cosa menos una mansión… vieja y un poco desgastada en los bordes. Pero el lugar era más grande que cualquier otra casa que hubiese visto antes…
La Sra. Higurashi miró al otro lado y debió haber visto la pensativa expresión de Kagome porque la alcanzó y tocó su hombro. “No te preocupes, es sólo hasta que resolvamos esta deuda y los problemas económicos, entonces podemos mudarnos de nuevo a la ciudad.”
“Lo sé.” Kagome bostezó levemente mientras desabrochaba su cinturón y salía del auto.
En cierta forma esto no parecía completamente justo. Tenían problemas monetarios… así que se mudaron de su Templo a algo parecido a un palacio. No era completamente lo que esperarías, pero por supuesto, había unas cuantas trampas en este arreglo. La primera, ahora tenían que vivir con el abuelo, pero eso no era tan malo. Era tranquilo después de todo (usando ese término en la forma más vaga posible).
La otra trampa por supuesto era que tenían que mudarse fuera de la ciudad, fuera de su distrito y al campo. Nada de tiendas, ni personas, ni puntos de comida rápida ni cines por millas.
Pero fuera de todos los lujos y cosas a las que tuvo que renunciar, extrañaría más a sus amigas… todas vivían en Tokio… mientras que ahora Kagome estaba atascada en la rural Izu con un parlanchín por abuelo.
“Trata de no verte tan deprimida.” Le dijo su madre suavemente mientras cargaban sus maletas hacia el arco que se suponía era un pórtico. “Lastimarás sus sentimientos.”
“¿Crees que tengan ranas y pececillos en ese río…?” preguntó Souta distraídamente, mirando hacia los árboles cercanos donde el sonido de agua corriendo hacía eco. “Tal vez podamos ir a pescar.”
“Tal vez no.” Dijo Kagome secamente.
La Sra. Higurashi se movió para golpear la puerta cuando se abrió de repente y encontraron a su radiante abuelo en el umbral. La madre de Kagome sonrió enseguida. “¡Papá! ¿Cómo has estado?”
“Mucho mejor al verlos a los tres otra vez.” Él aceptó animado su abrazo y volteó hacia sus nietos. “Souta - ¡has crecido al menos un metro desde la última vez que te vi!”
Souta sonrió orgulloso.
Kagome esperó su turno con solemne aceptación. Su abuelo volteó hacia ella y de una vez hizo la parte del abuelo… pellizcó sus mejillas y palmeó su hombro. “Y la pequeña Kagome, creciendo más linda cada día.”
Souta resopló incrédulo mientras Kagome sólo continuaba sonriendo, aunque sentía que sus mejillas ya tenían suficiente tensión ese día.
“Entren, entren, fuera de este frío.” Su abuelo los invitó a entrar y cerró la puerta tras ellos. “Dejen sus maletas en el corredor, podemos recoger el resto de cosas del auto más tarde. Supongo que quieren el recorrido ahora, no es así. Les mostraré dónde dormirán.”
¿Qué, sin comentarios o preguntas sobre su padre? Bueno… tal vez su madre ya le había dicho al abuelo toda la historia por teléfono… o tal vez eso vendría después. Mientras tanto arrastraba sus pies siguiendo a los otros por el corredor y por unas escaleras que crujían cuando ascendieron.
“¿Estás seguro que esto es seguro para subir?” Preguntó Kagome impulsivamente.
“Por supuesto.” Su abuelo desvaneció su preocupación. “Ha estado en pie por dos siglos y medio. No nos ha fallado todavía.”
Eso no fue tan confortante como creyó.
“Por dos siglos y medio esta casa ha estado de pie.” Comenzó el abuelo. “Fue construida por la familia Yashimoto - sus dos hijos trabajaron con sus cuatro manos desnudas por años para construir este lugar.”
Oops, ella lo había hecho hablar con una de sus clases de historia. Suspiró y siguió obediente, especialmente después de esa fuerte mirada que su madre le envió cuando suspiró un poco fuerte.
Pero realmente era muy impresionante… considerando que el lugar había sido construido por sólo dos personas, el lugar era excesivamente grande. Probablemente había habitaciones que el abuelo nunca había visto en esa casa… y que probablemente nunca vería. Si ella ponía su cerebro y lo juntaba con Souta… el mejor refugio con el que saldrían sería dos tablas de madera sostenidos juntos con tal vez una sábana si querían echar al agua el bote…
“¿Crees que si cavamos en el patio encontremos algunos muertos?” le susurró Souta tranquilamente a Kagome mientras el abuelo continuaba divagando, mientras su madre se esforzaba en pretender escuchar.
“¿Cadáveres de quién?” Kagome le frunció. “Hemos estado aquí cinco minutos y ya estás planeando renovar el jardín.”
“¿No escuchaste sobre la leyenda de este lugar?” Souta le parpadeó.
“¿Qué leyenda?”
“¿Leyenda?” Los oídos del abuelo se agudizaron ante la palabra. “Te aseguro que la leyenda es sólo un mito… una buena historia que a los locales les gusta pasar por las tabernas cuando no hay nada de qué hablar. Ahora, ¿ven esa ventana de allá? Muy interesante la forma…” y entró en las divagaciones otra vez.
Souta tiró de la manga de Kagome. “¿Ves lo rápido que cambió el tema? Obviamente hay alguna seria actividad paranormal por aquí.”
“Actividad paranormal en tu cerebro.” Kagome retiró su brazo. “No seas tan infantil.”
“Sólo estás gruñona porque dejamos atrás la ciudad y la escuela.”
“Oh, ¿debo estar sonriendo en vez?” preguntó ella sarcástica.
“Ustedes dos.” Su madre los interrumpió antes de que pudiera desarrollarse una discusión. Ella movió su cabeza, indicándoles que se callaran. Ambos se vieron obligados, a regañadientes y siguieron a los adultos para ver dónde estaban las habitaciones.
****
El abuelo y su esposa, también conocida como la abuela, habían vivido en esa casa por los últimos treinta años. Unos años atrás, la abuela había muerto dejando solo al abuelo en la casa. Kagome tenía que respetar que probablemente estaba solo algunas veces… nada sorprendente si vivía en una casa del tamaño de una tienda por departamento con casi sesenta acres de tierra alrededor. De lo que había visto, parecía sólo usar dos o tres habitaciones en toda la casa. El dormitorio, el baño, la cocina y la sala. Todas las otras habitaciones eran frías y húmedas y parecía que nadie había entrado en ellas por muchos, muchos años.
Estaba comprobado por la espesa capa de pegajoso y fijo polvo que cubría los pisos de tales habitaciones, nada perturbadas por años.
En su época, el abuelo había sido un hombre de negocios. Él les había dejado el Templo a su hija y familia cambiándose a cosas más grandes involucrando el comercio internacional. Se había vuelto lo rico suficiente para comprar este lugar con su esposa, y luego se había retirado para vivir el resto de sus días.
La casa había estado vacía por mucho tiempo antes de que sus abuelos decidieran adquirirla y a la tierra circundante. No podía entender por qué… el lugar tenía una vista agradable, aire limpio y mucho espacio - algo por lo que la gente mataría esos días.
“Dicen que una joven mujer poseía la casa hace cincuenta años.” Le dijo Souta mientras desempacaban sus maletas sobre sus camas. Infortunadamente ambos tenían que compartir una habitación hasta que uno de los otros dormitorios se limpiara. “Ella murió en forma misteriosa… la encontraron muerta en el ático, sin explicación.”
“Tal vez su corazón se detuvo.” Dijo Kagome con un giro de sus ojos, intentando callar la historia que parecía ser creada por su imaginación. “Eso pasa.”
“Tenía dieciocho años, no pudo haber sido un ataque cardíaco. Y no hay una causa de muerte disponible…” de repente adquirió una misteriosa voz. “Excepto que su rostro portaba una feliz sonrisa, debe haber estado sonriendo cuando murió.”
“¿Murió de risa?” sugirió Kagome.
Souta la miró. “Pero, ¿no te parece extraño que después de morir, la casa estuvo desocupada por como, veinte años, mientras que por las otras propiedades que eran más costosas que ésta se peleaban en todo el lugar?”
“No realmente.” Kagome colocó sus medias en el cajón al lado de su ropa interior. “¿Entonces una chica murió? Gran cosa. Muchas personas mueren en el mundo.”
“Dicen que ella se mudó a la casa con su padre que también murió en extrañas circunstancias cortamente antes de que ella muriera.” Le dijo Souta. “Este lugar probablemente está embrujado. Al menos dos personas han muerto aquí.”
“Y prontamente una tercera si no dejas de ser tan crédulo.” Dijo Kagome despreocupada.
Souta se encogió de hombros y continuó desempacando hasta que de repente la miró y sonrió. “Oye - apuesto que el abuelo nunca ha estado en el ático.”
“No con sus caderas, probablemente no.” Kagome lo miró al otro lado. “¿Por qué?”
“Lo cual significa…” él giró sus ojos hacia arriba. “Nadie ha estado allá arriba por cincuenta años…”
Kagome siguió su mirada lentamente a un hueco cuadrado en el techo que estaba entablado… el camino al ático. “Probablemente tienes razón.”
“¿Estás pensando en lo que yo estoy pensando?” él le sonrió y ella se la devolvió.
Cuando se refería a aventura y exploración a lo desconocido, los dos hermanos eran de la misma opinión.
****
“¿Qué ves?” le preguntó Souta.
Kagome levantó la tabla a un lado y trepó los últimos escalones de la escalera de mano en el desván. Tosió cuando el polvo invadió sus pulmones, levantado del piso por su pesado caminar. Telarañas se enredaron en su cabello, pero nunca había sido increíblemente delicada y sólo las retiró apresuradamente, rezando porque ninguna araña hubiese estado asentada en ellas.
“¿Y bien?” llamó Souta otra vez.
“Dame un minuto.” Ella encendió la vieja linterna que habían sacado de la alacena de la cocina y tuvo que golpearla pocas veces para que iluminara lo suficiente. “Um… veo… paloma muerta… paloma muerta… paloma muerta… y ¡oh! Rata muerta.”
“Voy a subir también.” Ella lo escuchó decir antes de escuchar la escalera crujir otra vez. Él amarró la parte de arriba para que no cayera accidentalmente sin nadie sosteniéndola abajo. Ella lo subió al ático y sonrió divertida cuando su reacción al polvo y a las telarañas fue un poco más irracional que la suya.
“¿No hay luz por aquí?” preguntó él, aún mirándose por arañas y telarañas.
“Si la hay, dudo que funcione.” Le dijo ella e iluminó su luz por el desván y entrecerró sus ojos entre las nubes de polvo que se habían levantado como humo, o fina niebla. Aparte de las palomas muertas y varios viejos y aislados materiales que yacían alrededor, olvidados, había varios cajones de madera y cajas. “¿Qué crees que hay en ellas?”
“¿Cuerpos?”
“No son lo grande suficientes.”
“¿Cuerpos descuartizados?”
Kagome lo ignoró y se agachó bajo un contrafuerte para arrodillarse junto al más cercano conjunto de cajas. Colocó la linterna sobre una y comenzó a abrir otra. Souta estaba detrás de ella, observando sobre su hombro mientras hacía a un lado la tapa y miraba dentro.
“Eso es…” comenzó ella.
“Moho.” Souta terminó con un suspiro. “¿Quién empacaría moho en una caja?”
“No lo hicieron.” Kagome movió su cabeza y miró hacia arriba. “Debe haber habido una gotera en el techo… el agua debe haberse filtrado en las cajas.”
“No en todas, ¿verdad?” Souta la observó mientras se levantaba otra vez.
“Bueno, tal vez no las cajas sobre las que están en el piso.” Ella levantó la linterna y se la alcanzó. “Sostén esto por mí.” Ella bajó una de las cajas de arriba y la colocó sobre la que había abierto previamente. Agitó sus manos por un momento, tratando de retirar el polvo antes de clavar sus dedos bajo el borde de la caja y abrirla con un tirón.
“Bien. No hay moho.” Souta se asomó a su lado.
“No… sólo libros… libros viejos y olorosos…” Kagome levantó uno y lo hojeó. Las páginas cayeron en un instante y se esparcieron sobre su regazo y el piso. “Oops.”
“Nadie va a extrañarlo.” Souta se encogió y tiró de su blusa. “Intenta las de aquí - están marcadas.”
Pero quienquiera que las había marcado tenía una caligrafía muy ilegible. Eso o el tiempo la había borrado a sólo garabatos. Kagome bajó la caja de arriba del montón y la abrió. Los contenidos eran levemente más interesantes esta vez.
“¿Qué demonios son estas cosas?” Souta sacó un artículo de la caja.
“Un cepillo.” Kagome suspiró impacientemente. “No has cepillado tu cabello con un - espera, no respondas eso. ¿Qué más tenemos aquí…?”
Unos cuantos vestidos carcomidos, un espejo de mano, algunas botellas de perfume y una brillante caja de cuero negro. Kagome la levantó cuidadosamente mientras Souta se ocupaba con los vestidos. Ella abrió la caja lentamente y frunció ante los contenidos. No otro libro…
Esperen… no era otro libro. Era un diario.
Kagome lo sacó con más cuidado del que tuvo con el libro anterior y abrió la dura cubierta en la primera página.
“Kikyo…” Kagome frunció pensativa. “¿Esta era la joven mujer?”
“Una joven mujer con un gusto en ropa de una anciana de setenta años.” Souta arrugó su nariz mientras colocaba de nuevo la ropa y comenzaba a oler alrededor de las botellas de perfume. “¿Cuánto supones que valen estas cosas? Digo, si las vendemos a un museo tendríamos dinero, ¿verdad? Entonces tal vez podamos regresar a nuestro Templo.”

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Última edición por MikoAucarod el Miér Nov 16, 2011 11:01 am, editado 5 veces

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Re: Genio Embotellado (De Rozefire - Traducido por Inuhanya Cullen)

Mensaje por MikoAucarod el Sáb Nov 28, 2009 2:14 pm

Y aquí el tan esperado final, espero les guste tanto como a mí me gustó leerlo ^^

Genio Embotellado
(Bottled Genius)
Por Rozefire
Traducido por Inuhanya
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Capítulo 28
¿Felices por Siempre?
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La vida apestaba. Y ese era el final del asunto.
Inuyasha tentativamente llevó una mano hacia la herida en su costado. Cuando la retiró, hizo una mueca ante la pegajosa sangre que humedeció sus dedos. Inhaló un fuerte respiro, intentando ver cuánto de su pulmón izquierdo se había afectado…
No por mucho, descubrió, cuando inmediatamente tuvo un ataque de tos y probó el metálico sabor de sangre en su lengua.
“Urgh…” gruñó adolorido y se deslizó por el tronco del árbol para sentarse en sus raíces. Mantuvo la mano presionada en su herida mientras mantenía sus orejas atentas en el sonido de la villa a unos cientos de metros adelante. Realmente necesitaba un poco de agua para limpiar la herida en su costado, para intentar lavar tanto del erosionante veneno como fuera posible… o al menos lavar el sabor de la sangre en su boca.
“Estúpido Sesshomaru…” Él pasó una mano por su mentón, limpiando la sangre que goteaba desde la comisura de su boca.
Otro tonto encuentro con su hermano y casi había salido como un cadáver. Se estaba empeorando; cada vez que se cruzaban, por casualidad o lo contrario, Inuyasha tenía menos y menos por qué vivir… ¿cuál era el punto de ganar otra pelea si no tenía con quien presumir, nada que proteger, y nada que esperar? Cada día era igual al último, sin lugar a donde ir, mientras ibaa todos lados.
Había tratado de encontrar una razón y un propósito, pero aún tenía las manos vacías. Sus padres habían muerto mucho tiempo atrás. El rostro de su madre estaba nublado con un mal recuerdo y no recordaba cómo era el rostro de su padre. Nadie recordaba a su hijo. Nadie se preocupaba por él. En realidad… la única persona que se preocupaba era Sesshomaru, y lo único que le importaba a su hermano era verlo en una tumba.
“No estoy haciendo mucho impacto por aquí,” tal vez debería quemar unas villas y derrotar unos cuantos demonios a punta de patadas…
El problema era que probablemente perdería medio corazón durante la pelea y terminaría. Ahora había algo que buscaría.
Luchó para ponerse de pie y avanzar, haciendo su camino por los espesos árboles y cerca a los sonidos de la civilización. Se tambaleaba precariamente, quejándose y gruñendo con el esfuerzo que le tomaba continuar moviéndose.
La villa apareció e Inuyasha se ocultó tras una de las cabañas en el perímetro externo del asentamiento. Se asomó por la esquina y frunció sus ojos, intentando localizar alguna fuente de agua…
Lo único que pudo encontrar fue el pequeño pozo en el centro de la villa. El lugar estaba rodeado de locales, y no había forma de que pudiera llegar a él en su actual condición sin ser visto. Al momento que lo vieran no dudarían en echarlo… se veía mucho como un demonio para asentarse bien con humanos. Tendría que esperar hasta la noche para llegar a él, y para entonces el veneno se habría carcomido su costado y hecho mucho daño.
Con un suave y molesto gruñido, cerró sus ojos y se recostó contra la pared. Nada podría salir a su manera por un simple minuto, ¿verdad? Ahora moriría lenta y dolorosamente… aún más vergonzoso y sin sentido que ser comido vivo por algún monstruo.
Maldijo por lo bajo. La idea de morir sin sentido era más irritante que todo. Enojado, se lanzó hacia el objeto más cercano - una la de las vasijas que había sido alineada a lo largo de la pared de la cabaña en la que se apoyaba. Se rompió del impacto y al mismo tiempo emitió una explosión de polvo azul… pero pareció evaporarse en el aire como vapor, a diferencia de otro polvo que haya visto.
El alfarero en la casa tras él debió haber usado un lodo muy extraño para hacer estas cosas…
Con su laboriosa respiración de la rabia y el esfuerzo que le había tomado romper la vasija, de nuevo cerró sus ojos y clavó su mentón en su pecho, disponiéndose a ignorar el dolor…
Pero inconscientemente estaba preparándose para morir.
“Los demonios no tienen respeto por la propiedad de otras personas.”
Inuyasha abrió levemente un ojo y miró las sandalias en los pies de alguien vestido en ropa de monje. Genial… un monje humano… una forma aún peor que morir lentamente por envenenamiento - ser purificado por un bajo e inferior Hoshi humano. ¡Vaya forma de ser pateado cuando estaba derrotado!
“Si vienes a matarme, Mono, hazlo rápido.” Gruñó Inuyasha, cerrando sus ojos. “Tengo una agenda apretada.”
“Tentador, créeme,” el monje se movió levemente, como si estirara unas extremidades encalambradas. Pero aún tenía que hacer un movimiento para estamparle un hechizo de purificación. “Bueno, después de ese rudo despertar… qué dirías si te dijera que puedes tener todo lo que deseas, en este momento.”
“No estoy de humor para ser torturado por tus estúpidos juegos humanos.” Respondió Inuyasha acalorado. “Tal vez un día cuando no esté muriendo.”
“Diviérteme.” El monje ignoró sus adoloridas muecas. “¿Qué desearías, si pudieras desear algo en el mundo, hanyou?”
Desearía por un propósito en su vida. Desearía ser completamente demonio así sería libre para destruir como lo deseaba. Desearía ser humano para encajar con ellos y vivir una vida tranquila…
No… sobre todas las cosas, desearía la fuerza perfecta… fuerza para romperle la linda cara a su hermano. Inuyasha sonrió adolorido. “Bueno, entonces desearía ser el hanyou más fuerte en la tierra. Sí… deseo tener la fuerza y el poder para hacer prácticamente todo lo que quiero.”
“¿De verdad?” El monje sonó divertido.
“¿Complacido?” Inuyasha envolvió más fuerte sus brazos a su alrededor. “Ahora piérdete y déjame en paz.”
“No sin un pequeño obsequio de despedida.” Su tono de voz hizo que Inuyasha levantara la mirada lentamente. “¿Quieres poder infinito? Entonces con eso te bendeciré. Tendrás poder infinito… y las cadenas que vienen con ello.”
“¡NO!”
Inuyasha se despertó con un ahogado jadeo. Por un momento, se sintió paralizado; espinado-como punzadas de dolor clavadas en su pecho, y no supo donde estaba… hasta que los detalles comenzaron a entrar en su conciencia. Se dio cuenta que estaba donde se había quedado dormido.
Encima del tanque. Con un gato en su pecho.
Se relajó rápidamente. Con frecuencia no tenía pesadillas así esos días, pero aún era suficiente para ponerlo tenso y de mal humor. Extrañamente, su conciencia parecía intentar no dejarlo olvidar su desastroso pasado. Había reparado dicho pasado, pero eso no lo detuvo de perseguirlo…
¿Y qué si no había tenido nada por qué vivir? ¿Y qué si había sido un esclavo? Bueno, ahora era libre, y no planeaba terminar solo tan fácilmente. Tenía a Kagome después de todo. Era dudoso que lo dejara fuera de su vista por más de cinco minutos…
“Fuera, Buyo.” Gruñó él. El enorme gato prácticamente había estado aferrado a sus tobillos al momento que se había contoneado en la puerta del frente. Aparentemente, la familia Higurashi había dejado al animal con un amigo de la familia en la ciudad donde los gatos eran célebres por escapar de casa hacia sus lugares de origen; y más que arriesgar a llevar el gato y tenerlo rodando su gorda barriga por treinta millas de tráfico, dejarlo atrás había sido la opción más segura. Pero por supuesto, Buyo no era un gato ordinario. Además de ser obeso, también había andado voluntariamente por treinta millas de tráfico para reunirse con su vieja familia en un nuevo lugar. Pero el cómo había sabido a donde ir los había impresionado a todos…
Al momento que había visto a Inuyasha, había sido amor a primera vista. Así que ahora Inuyasha estaba disfrutando la peor mitad de una relación de amor y odio.
Inuyasha suspiró y empujó al animal fuera de su pecho y fuera del tanque…
Otra cosa extraña sobre Buyo era que nunca lograba aterrizar en cuatro patas. Más como que aterrizaba de espalda con un golpe cada vez que caía de alguna altura… lo cual, perturbadoramente, pasaba mucho.
“¡Inuyasha!”
“¡Yo no lo hice - él saltó!” Gritó Inuyasha automáticamente, sentándose para enfrentar a su acusador.
“¿Qué?” Kagome se detuvo sobre el felino con una particular mirada. Obviamente no había visto el crimen…
“Oh, nada…” él demostró inocencia mientras saltaba de la cima del tanque hacia el suelo. “¿Querías algo?”
“Bueno, la cena casi está lista… oh, ¡hola Buyo!” Kagome se agachó para recoger el golpeado gato en sus brazos, dejándolo colgar mientras doblaba sus brazos bajo sus patas delanteras… simplemente era muy grande para sostenerlo de la forma normal. Procedió a consentirlo. “Quién es mi gordito, gordo gatito, eh? ¡Sí, así es! ¡Eres tú!”
Inuyasha miró al animal. Buyo hacía sonidos que ningún gato mortal debería hacer… “Y… ¿no se supone que íbamos a cenar con tu ex-papá?”
“Uh huh.” Asintió Kagome. “El perdedor se acobardó. Parece que vamos a tener que llevarlo a la corte si queremos sacarle dinero.”
“Si quieres, ¿yo podría levantarlo de cabeza y sacudirlo…?” Ofreció Inuyasha, cruzando sus brazos.
Kagome en realidad lo consideró por un momento antes de sacudir su cabeza. “Nah, podemos sacarle más de su billetera si le iniciamos un juicio.”
Inuyasha se encogió. “Es justo.”
“Oh - pero cuando lo conozcas, tu nombre es Inuyasha, perteneces a una banda de heavy metal, cargas armas en tus bolsillos y me has inducido al abuso de la cocaína.” Le dijo Kagome con una fresca sonrisa. Meció al gato en sus brazos. “¡Oh - y cada viernes en la noche, me llevas a un trío con… uh… tu hermano gemelo!”
Inuyasha le parpadeó. “No es otra de tus extrañas fantasías, ¿verdad?”
“Confía en mi, el juez le sacará más dinero si la abandonada familia es un desastre.” Explicó Kagome. “¡Si creen que me enamoré de un bueno para nada cuando papá se fue, serán más simpatizantes y automáticamente lo odiarán tanto como nosotros!”
“Ya veo.” Inuyasha ladeó su cabeza. “¿Quién dice que no te enamoraste con un bueno para nada?”
“Oh, Inuyasha…” Kagome lo codeó - con dificultad considerando que estaba sosteniendo un gato del mismo tamaño de un niño, quien también pasaba a estar golpeando a Inuyasha. “Te ganas tu sostenimiento… a pesar de no poder conceder más deseos para mi.”
“¿Y cómo lo hago?”
La oreja de Buyo se movió mientras la mirada de Kagome se desviaba, pensando duro. La oreja de Inuyasha se retorció, imitando al gato inconscientemente en su molestia. Eventualmente, Kagome regresó. “¡Cortas madera más rápido de lo que he visto!”
Inuyasha esbozó una arrogante sonrisa. Cualquiera podía cortar madera… pero nadie podría entretener a Kagome tanto como él… especialmente cuando se retiraba la camiseta. Obviamente, sus pensamientos estaban siguiendo los mismos pasos de los suyos mientras su animada expresión se suavizaba en algo un poco más tímida. “No eres así de rápido en todo… ¿verdad?”
Era afortunada de que su madre no tuviera idea de las cosas que decía cuando la Sra. H estaba fuera del rango auditivo.
Inuyasha avanzó, invadiendo deliberadamente espacio personal mientras alcanzaba para tomar sus brazos, apretando gentilmente. Pobre Buyo estaba muy aplastado, a juzgar por el amortiguado maullido que hizo. “Kagome… dejemos al gato y vamos a otro lugar un poco más privado para un poco de… diversión, ¿sí?”
Una vez más, Buyo probó no ser nada más que consistente en su habilidad para aterrizar con un golpe sobre su espalda.
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“¡Vamos… vamos… entra… vamos… ohhhh! ¡¡Sí!!” Inuyasha colapsó en la cama. “¡Hazlo otra vez!”
Kagome suspiró, aburrida. Apoyó su codo en su rodilla y su mentón en su palma. “Sabes, cuando dijiste ‘divertido’ pensé que querías decir algo un poco más… divertido.”
“¿Qué, no te estás divirtiendo?” Inuyasha se sentó rápidamente. “Mira, la traeré y puedes intentarlo de nuevo.”
Él saltó de la cama y corrió por la habitación. Buscó en la papelera y sacó una esfera de papel arrugado, luego regresó rápidamente y lo depositó en el regazo de Kagome. “Aquí tienes.”
Con una ceja levantada, Kagome tomó la abusada esfera de papel y la lanzó… por lo que se sintió como una centésima vez. Pero para la nonagésima novena vez, rebotó del borde de la papelera y cayó al piso.
Inuyasha recobró. Kagome lanzó. Él recobró. Ella lanzó. Él recobró. Ella lanzó…
Rió cuando la bola de papel de nuevo fue depositada en su regazo. En realidad era un pedazo de química en la que había estado trabajando, pero habiendo extraviado la fórmula química para calcular la masa atómica del nitrato de plata, era un justo material de ‘recobro’. “Eres un cachorro, Inuyasha.” Le dijo con una sonrisa.
“¡¿Qué?!” Él le dio una sucia mirada.
“Ven aquí.” Ella palpó la cama a su lado. Inuyasha se sentó obediente junto a ella. Con una sonrisa, Kagome se levantó de rodillas y se movió tras él. Retirando su cabello hacia un lado, descansó su mentón en su hombro y envolvió sus brazos alrededor de su pecho, rascando distraídamente su barriga como le gustaba. Inuyasha hizo un suave sonido y dejó que su propia cabeza cayera contra su hombro. Su sonrisa se amplió, feliz con el conocimiento de que le estaba permitida libertad para abrazarlo cuando quisiera. No más caminar sobre cáscaras de huevo.
No más obstáculos.
“¿Recuerdas cuando dijeron que el cuarenta por ciento de las personas terminaban miserables…?” preguntó ella despreocupadamente.
“¿Mm…?” Ese sonido se tornó en un bajo gruñido que sonó sospechosamente como un feliz cachorro.
“¿Cómo crees que terminamos?”
“Las personas no caen en categorías, Kagome.” Respondió en esa usual manera dimisiva suya. “Todo continúa… aún podríamos terminar miserables.”
“¿Entonces piensas que estamos en la cima del siete por ciento?” Kagome ladeó su cabeza.
Inuyasha abrió un ojo. “Lo dudo.”
Kagome detuvo los suministros en su vientre. “¿Huh?”
“Bueno… no somos así de felices, ¿verdad?” Él se giró levemente en sus brazos. “Digo, aún estás viviendo en este abandonado lugar mientras tu amado templo se deteriora. Tu padre aún está evadiendo su cuota mensual de manutención.”
“Aún estoy expulsada de la escuela.”
“Sin amigos.”
“Sin centros comerciales.”
“Sin tuberías decentes…”
“Y desperdiciaste todos los deseos que te pudiesen haber sacado de esta descabellada situación.” Inuyasha resopló. “No vas a recuperarlos ahora…”
La nariz de Kagome se arrugó. “¡Vaya, mi vida aún apesta!”
“¡No sólo la tuya!” Le informó Inuyasha. “Escuchaste a Sango quejarse, ¿no? Al momento que Miroku fue liberado de ser un Cumplidor de Deseos, ha estado tocándola infinitamente. Creo que estaba recuperando el tiempo perdido después de ser forzado a abofetearse por tanto tiempo… y luego está Shippo. La última vez que Sango y Miroku lo vieron, estaba aplastado contra la ventanilla del avión porque el hombre sentado junto a él pasaba a ser el hombre más ancho en el país. ¡Tampoco es exactamente un final feliz para él! No es que realmente me importe ese llorón ni nada…”
“Sí…” Kagome suspiró. “Y luego está Onigumo. Dudo que esté muy feliz atrapado dentro del Monte Hakurei con sólo sus pensamientos para acompañarlo…”
Inuyasha se calló extrañamente. Eso despertó la sospecha de Kagome. “¿Cuál es el problema?”
“No está pensando más. Está muerto.” Le dijo Inuyasha simplemente.
“Oh…” Kagome frunció. “¿Pensé que dijiste que era inmortal…?”
“Le pedí un favor a Shippo…” Se encogió. “No sé… después de experimentar todas las alegrías de la depravación sensorial, sentí un poco de pena por el hombre.”
“Entonces cometiste eutanasia.” Dijo Kagome.
“Lo salvé de una eternidad de miseria, eso es todo…” Él la miró. “Además tampoco quería ninguna posibilidad de que regresara de nuevo como Naraku.”
“Bueno… es justo.” Kagome bajó la mirada. “Pero sabes… esto exactamente no suena como el final feliz que estaba esperando.”
Inuyasha se liberó de sus brazos y se giró completamente hacia ella. “¿Quién dice que es el final? Tu abuelo ya está considerando vender este lugar para regresar a tu templo, así que no sé cuál es el problema.”
“¡¿Qué?!” Kagome quedó boquiabierta.
Él parpadeó. “¿Tal vez esa era tu sorpresa de cumpleaños…?” hizo una mueca. “Bien - olvida lo que dije. Tu abuelo no está planeando vender este mina de oro y regresar a la ciudad.”
Una sonrisa se esbozó en el rostro de Kagome, libre y resplandeciente. “¡Eso es brillante! ¡¿Eso significa que voy a regresar a casa?!” Ella cerró sus brazos alrededor de su cuello mientras asentía con un vaga expresión de ‘oh bueno, eché a perderlo, ¿verdad?’ “¿No estás molesto, verdad…? Digo… te gusta la tranquilidad aquí, ¿no? ¿Qué si no quieres mudarte a la ciudad?”
Él giró sus ojos y resopló. “A donde vayas, yo iré, no me importa. Podrías mudarte a la cima del Monte Everest y aún iría contigo… para suplirte con sábanas, si nada más.”
Kagome sonrió y se inclinó para depositar un suave beso en sus labios. “Gracias.”
Inuyasha frunció levemente mientras se separaban. “¿Por qué?”
“Por este ‘Felices por siempre’.” Ella suspiró contenta mientras miraba hacia el montón de tarea dada por Hojo. “O casi.”
“Sabes, aún tenías un deseo que no usaste.” Le dijo Inuyasha. “Si aún lo tuvieras, ¿qué hubieses deseado?”
“Um…” Kagome palpó su mentón pensativa, luego sonrió. “Desearía que estuviéramos juntos… para siempre.”
Fácilmente concedido. Inuyasha sonrió y plantó un beso en sus labios. Uno de muchos de estaban por venir. “Como desees.”
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Fin
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Re: Genio Embotellado (De Rozefire - Traducido por Inuhanya Cullen)

Mensaje por veriitoX_x el Lun Nov 30, 2009 5:11 pm

*-* oooooooh.... qe ternura, una alegria inmemsa me acaba de imvadir... qe limdo limdo final n_n

veriitoX_x
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Re: Genio Embotellado (De Rozefire - Traducido por Inuhanya Cullen)

Mensaje por Invitado el Miér Dic 02, 2009 9:12 pm

hay QUE ESPECTACULO DE FANFIC realmente me ENCANTO y me agrada mucho que lo hayan traducido. Lo Adoro , mas tarde prseguire los fanfic que me falta, pero no lo olvidare!!!!!!!!!! es Hermoso

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Re: Genio Embotellado (De Rozefire - Traducido por Inuhanya Cullen)

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