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Los Últimos Inviernos

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Los Últimos Inviernos

Mensaje por Eduardo Neviani el Sáb Jun 13, 2015 4:02 am

Los Últimos Inviernos
Chapter 01
Hace 48 años una sacerdotisa de nombre Kikyo era incinerada en una pequeña aldea, y con ella moría un artefacto llamado "la perla de shikon" desde entonces sucesos inexplicables han azotado todas la regiones conocidas de Japón, bosques incendiándose, demonios que nunca habían sido vistos destruían todo a su paso, aldeas que desaparecían por completo, mares de sangre extendiéndose en las praderas, ríos arrancados de sus cauces, algo pasaba en un pequeño bosque de la región donde aquella sacerdotisa había puesto final a su vida, un bosque conocido como "el bosque de Inuyasha" un demonio espectral, con cuerpo humano, pero sin rostro, con un color gris rodeando su cuerpo peleaba con un grupo de humanos apenas armados….
El demonio gris atacaba y destrozaba los cuerpos de aquellos contendientes, que sólo lograban retroceder sin causarle daño, el grupo de humanos se había reducido a dos personas, un chica de ojos grises de nombre Hikari, alta y con un largo cabello suelto de color negro, profundo como la noche, que hacía un juego perfecto con el semblante hermoso, pero siempre inexpresivo de su rostro, usaba un báculo para defenderse, el otro sujeto era un anciano que apenas podía andar, Hikari era la única que quedaba en su defensa. El demonio había dejado de atacarles, pero seguía rodándolos, haciéndolos retroceder, hasta un enorme árbol, donde un hanyou permanecía sellado con una flecha en el pecho. Antes de decir algo sobre la escena, el demonio arrojo a Hikari por los aires, destruyendo la flecha que mantenía a aquel hombre junto al árbol, Hikari cayó a los pies de aquel hanyou, mientras el anciano era atravesado por su propia katana, el demonio lo tenía en sus manos, pero el Hanyou comenzaba a levantarse.
Este olor…. Sangre… o un demonio inferior… ¡aléjate o atravesare estas garras por tu cuerpo! (que bien se siente volver a respirar).
El demonio no respondió, pero soltó al anciano e intento atacar al hanyou, que lo recibió con un ataque de sus garras, mientras en un instante, la sangre del demonio yacía en sus largos cabellos plateados, el demonio había sido exterminado. El hanyou miraba con aire reflexivo alrededor, se sentía perdido en el tiempo, y sólo tenía en mente, el aroma, la presencia de aquella mujer que un día lo traiciono. Respiro profundamente, un alivio extraño refrescaba su cuerpo, ahora miraba al anciano tendido en el suelo, y se acero a él a paso lento..¿Quién eres tú? preguntaba el no importa, sólo importa quién eres tú. decía el anciano con una mirada tranquila, que parecía perdida del lugar. Soy Inuyasha... ¿qué hace aquí, eres habitante de la aldea? el anciano intentaba recordar algunas cosas. No. Hace mucho tiempo que no hay una aldea por aquí chico. Parece que llevabas mucho tiempo allí sellado, hace más de 40 años que la aldea que le daba nombre a este bosque desapareció. Inuyasha se estremecio, algo, un miedo quizá, recorría su cuerpo. ¿Qué dices anciano? No puedo decirte más, mira mi pecho… sangra. Necesito que protejas a esa chica, si es una carga para ti, llévala a una aldea, pero no la dejes morir aquí… sólo quedan dos inviernos… el anciano que permanecía en el suelo con la vista al cielo, cerraba sus ojos para siempre. Inuyasha miraba alrededor, ahora lograba ver a la mujer que el anciano le menciono, era extraño que estando a sus pies, él ignorase sus presencia, la chica comenzaba a despertar. ¿Quién eres? preguntó a Inuyasha. Soy Inuyasha, tengo que sacarte de aquí, ese anciano está muerto, y al parecer no hay nadie vivo en los alrededores. Pero. ¿Cómo? Hikari si exalto, sin embargo Inuyasha la levanto enseguida y la puso en su espalda. No hay tiempo de hablar, debemos irnos. ¿Cuál es tu nombre? Hikari se quedó estupefacta por la reacción violenta de Inuyasha que comenzaba a andar de salto en salto, atravesando el bosque. Hi.. Hikari, ese es mi nombre. Inuyasha no respondió, sólo se limitó a andar, con aquella chica en su espalda, la incertidumbre de no saber lo que pasa, y un presentimiento terrible sobre el futuro.


Chapter 2: Chapter 02 La Profecía


Chapter 02
La Profecía
Hikari miraba sentada el río, pensando en todo y a la vez en nada, observando su ropa gastada, su traje de combate azul, muy parecido al de un samurái, pero destruido en gran parte por las batallas, era escotado, demostrando que era hecho para una mujer, y justo a su medida, con su nombre grabado en único hombre que conservaba su defensa completa, tenía un pequeño guante negro, que dejaba sus dedos descubiertos, lo veía cada que reflexionaba, una extraña nostalgia invadía su cuerpo, sus ojos grises se perdían en el reflejo del río por la intensidad del sol. Inuyasha estaba en una aldea de guerreros que se encontraba a la espalda de aquel río, platicaba con los habitantes del lugar, para que dejasen a Hikari quedar allí. Los aldeanos lo pusieron al corriente sobre los males acontecidos, que ha sucedido desde la muerte de aquella sacerdotisa, le hablaron de los inviernos a los que se refería aquel anciano, sobre un dragón que ataco al este y anuncio el fin de los tiempos, exactamente en 50 inviernos más, de eso hace ya 48 inviernos, pero no sabía a grandes rasgos más sobre aquella profecía, pues según uno de los guerreros más longevos, todo estaba escrito en un viejo pergamino. Sólo le pidieron una condición para que Hikari pudiese quedarse en aquella aldea, era que Inuyasha exterminara a un demonio, una mantis religiosa que atacaba constantemente la aldea y hacía flaquear sus defensas contra otros demonios, Inuyasha de mala gana acepto, no lo quedaba otra opción. Camino a paso acelerado, pero de una manera muy natural hacia Hikari, para comentarle lo sucedido.
-Será mejor que te quedes aquí, tengo que ir a buscar a un demonio, éste será tu nuevo hogar.
Hikari se levantó y sin mirar a Inuyasha, y con su clásico semblante inexpresivo le contesto. – No me quedare aquí, voy contigo, aunque sé que no te gusta la idea, pero no pienso quedarme aquí y ser protegida por esos aldeanos, corren más peligro conmigo aquí. – Mira a Inuyasha. – Sólo te seguiré. – Inuyasha mira al suelo un poco molesto, quizás con más arrogancia que molestia, y contesta. - ¡Bah! Como desees. Pero no pienses que voy a estar protegiendo, más vale que no te quedes atrás.
Inuyasha empezó a caminar y Hikari seguía tras él, pronto dejaron la aldea atrás, Hikari logró seguirle el paso, apenas iba atrás de él por unos cuantos pasos, pronto dejaron también el gran bosque que rodeaba la aldea, la intensidad de la luz solar disminuía, el ocaso se aproximaba. Llegaron a una pradera enorme, que seguramente en su tiempo fue hermosa, pero que ahora permanecía inerme, llena de naturaleza muerta, huesos de bestias y hombres, sangre seca, e insectos que habían comenzado a vivir ahí con los años, el blanco de aquellos huesos era penetrante, y la débil luz solar los hacía brillar a lo largo y ancho del lugar, hasta donde la vista permitía ver, el silencio era apenas cortado por el zumbido de aquellos insectos, el suelo comenzaba a temblar, Inuyasha se preparó para pelear, Hikari tomo su báculo y esperó. La mantis hizo acto de presencia, saliendo de la tierra que ellos pisaban, dejándolos en lados opuestos, la mantis ignoro a Hikari y su báculo, y atacó a Inuyasha de inmediato, Inuyasha atacó con sus garras, pero la mantis recibió un daño casi nulo, Inuyasha se sorprendió y sólo advirtió al enemigo. – Veo que eres fuerte. Esto será divertido. – Inuyasha atacó de nuevo pero la mantis sacaba la mejor parte del duelo, haciéndole una herida en su brazo izquierdo. Hikari no espero más, cerró sus ojos y cerro sus manos con el báculo en su pecho, su cuerpo comenzó a brillar, y disparo una gran energía contra la mantis, que quedó tendida por algunos segundos antes de incorporarse, la mantis ahora intentaba atacarla, pero Inuyasha intervino, cogiendo la sangre de su brazo herido. – Garras de Fuego!- La mantis recibió heridas en muchas partes de su cuerpo, fue entonces que comenzó a arrojar un veneno contra Hikari e Inuyasha. Inuyasha comenzó a perder el conocimiento, Hikari extendió sus brazos y logró arrastrarlo fuera del humo que el veneno había generado, no podía ver, y comenzaba a sentirse mal, cuando alzó la vista para cerciorarse que todo estaba bien, la mantis atacó de nuevo. Hikari apunto su báculo hacía la mantis, que cuando toco el báculo recibió una fuerte carga eléctrica haciéndola retroceder, Inuyasha se ponía de pie. – ¡Lárgate! Este enemigo es poderoso y sólo me estorbaras.- Hikari, contestó inexpresiva. – A mí me parece los contrarío. – Inuyasha se lanzó al ataque, pero un grito detuvo su ataque, junto con un arma que se acercaba a gran velocidad. – ¡Hiraikotsu! – La mantis fue destrozada en varios pedazos por aquella arma voladora que regresaba a su dueño. Una mujer con un extraño raje negro y una coleta alta detenía aquella arma a lo lejos. Inuyasha se quedó extrañado, mientras Hikari veía sin cambiar su semblante. - ¿Quiénes son ustedes? – Preguntó la joven del traje negro. – Un demonio y una extraña, creo que debó exterminarlos. – La mujer se disponía a atacar, e Inuyasha ya esperaba en modo de defensa el embate de la mujer, pero Hikaro mostró aquel báculo café con detalles negros que llevaba y señalo a la mujer, una energía la golpeo sin hacerle daño, pero no lograba moverse, el efecto pasó rápido y la mujer cayó de rodillas, levantando tierra y trozos de hueso del lugar. - ¿Quién eres tú? Veo que usas un traje de exterminador. – dijo Hikari. – Deberíamos matarla por atacarnos.- dijo Inuyasha furioso. – Yo los he salvado Hanyou. – contestó la joven. – Patrañas. – dijo Inuyasha pero Hikari detuvo su enojo mirándolo, su mirada era fuerte y siempre intimidaba a cualquiera. – Dime exterminadora. ¿Qué haces aquí? Sabía que tu aldea fue destruida hace años. – preguntaba Hikari poniendo un rodilla en el suelo, tratando de acercarse más a aquella mujer. – Tienes razón, de eso han pasado 8 años, pero no todos sufrimos el mismo destino. Sigo viva y trato de vengar la muerte de mi familia. – Sango cambia su gesticulación, un aire melancólico llena su rostro. – Me llamo Sango, esa mantis estaba en mi camino, buscó el báculo de luna creciente. – Hikari observa su báculo. – Aquí está… ¿qué quieres de él?... levántate.- le extiende la mano. – Yo soy Hikari, dueña del báculo de la luna creciente, buscó el resto de artefactos. Quizás deberías acompañarnos. – Sango se levanta de la tierra y coge su arma de nuevo, Inuyasha la mira con enfado. – Bien. Considérame tu aliada, esperó que esto no moleste a tu amigo.- Inuyasha interrumpe la plática. – Yo no soy amigo de nadie, y ahora que esa mantis está muerte, debo irme. Deberías volver con esos guerreros Hikari, tú también exterminadora. Adiós. – Inuyasha estaba a punto de marcharse hasta que Hikari lo detiene gritándole. - ¡Inuyasha! Sé porque estabas en ese árbol sellado, tienes un pasado con aquella sacerdotisa que inicio estos acontecimientos, que llegará hasta a ti con el anciano no era casualidad, se suponía que tú tendrías uno de los artefactos, deberías acompañarnos, no te queda nada más, el fin del mundo está cerca, sólo te queda combatir junto a nosotras. – Inuyasha con visual enfado las miró. – No sabes nada de mí. – Inuyasha iba a continuar, pero Sango interrumpió. – Tú eres el híbrido que protege a tessaiga, ahora lo entiendo. ¡Ten! – Sango arrojo una pequeña gema a Inuyasha que miró con incredulidad. – El dragón quitó esto a un demonio muy poderoso, ni siquiera él, logro hacerle daño a aquel dragón, y era bastante poderoso, lo vi con mis propios ojos, se llama Sesshomaru, eso es todo lo que quedo de él…. Dijo que tú tenías más respuestas sobre esto. – Inuyasha miró con incredulidad aquella gema, pero por el olor que conservaba sabía que era de Sesshomaru, su hermano mayor al que no había logrado vencer nunca, sin embargo, ahora estaba muerto, un miedo lo recorrió por completo, no ha terminado por entender la situación y ahora sabía que corría peligro, sus deseos, el recuerdo de Kikyo, todo era amenazado con ser borrado, Inuyasha las miró con un coraje impresionante, mientras apretaba la gema con su mano izquierda, y la guardaba dentro de sus ropas. – Bien iré con ustedes… ¿A dónde nos dirigimos?- se aproximó a ellas, mientras Sango le ofrecía una sonrisa sincera, mientras miraba sus grandes ojos amarillos, luminosos como un par de estrellas nocturnas. – ¡Al sur! – contestó Hikari. El solo moría en el horizonte, el verano casi llegaba a su fin, y estos jóvenes desconocidos uno del otro, caminaba paso a paso, unidos por el desconcierto, por el miedo, y por enfrentarse a algo que ignoraban, apenas era el principio de una travesía de la que no sabrían si verían fin. La noche cayó estrellada, hermosa como ninguna, Inuyasha veía su gema, Sango con un kimono blanco y rosa prendía una fogata, e Hikari mirando a las estrellas, decía en un sonido tan débil que apenas salía de sus labios. – Esto es hermoso…
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Re: Los Últimos Inviernos

Mensaje por Eduardo Neviani el Mar Jun 16, 2015 12:35 am

Les dejo otros 2 capítulos Smile)) espero sea de su agrado. 

Chapter 03
El Santuario de los Dioses Perdidos
Era una mañana liviana, la luz era penetrante, pero el clima se mantenía en un orden agradable, Sango acomodaba su Yukata, y dirigía una sonrisa a sus amigos que había encontrado días atrás, Inuyasha se encontraba recargado junto a un árbol, e Hikari se dirigía a un río cercano para beber agua. Llevaban pocos días juntos, pero se conocían lo bastante bien, y confiaban en ellos, pues no tenía otra opción, en un mundo fragmentado, en el que las personas cada vez eran menos, y la amenaza de un fin los acechaba, solo les quedaba esto, la confianza que brindaban unos con otros. Hikari les contó su historia, sobre su aldea que fue deshabitada por las guerras de la región, y como tuvo que huir de su familia para sobrevivir, tiene apenas 19 años. Sango también les contó su historia, similar a la de Hikari, pero su aldea estaba preparada, la aldea de los exterminadores aguantó los embates de los enemigos, fue hasta que aquel dragón sin nombre atacó y destruyo todo a su paso, vio morir a sus seres queridos para huir, pues era una pequeña niña en ese entonces, ahora tenía 15 años. Inuyasha les contó poco, no quiso entrar en detalles, pero habló lo suficiente, y comentó acerca de lo que Kikyo y el habían vivido por culpa de Naraku, ellas lo había escuchado con mucha atención esa noche.
Continuaron su camino al sur, Inuyasha con los brazos cruzados siempre caminaba enfrente del pequeño grupo, Hikari y Sango siempre iban juntas, justo atrás de Inuyasha, el aire mecía el cabello suelto de los tres. Llegaron a una aldea destruida, al parecer tenía poco tiempo de haber sucedido algo terrible ahí, pues la naturaleza de los alrededores brillaba, y los animales permanecían en las cercanías, algunas casas apenas se mantenían en pie, otras estaba deshabitadas, se respiraba miedo en el lugar, cadáveres de todo tipo regados por el lugar, niños, mujeres, hombres y ancianos, aquel atacante no hizo diferencia. Algunas partes del sitio aún ardían el fuego se había perpetuado al parecer por días, esto se notaba por el estado de descomposición de los cadáveres, parecían llevar largos días ahí. Algunos de los cadáveres se levantaron e intentaron atacar al grupo, pero se defendieron si problemas y lograron repeler el ataque, la escena era desgarradora. Inuyasha sentía que algo picaba su mejilla, se golpeó fuertemente y algo se desvaneció en su mano.
-Viejo Mioga ¿Qué haces aquí?
-Amo Inuyasha! Qué gusto verlo de nuevo! Han levantado el sello que lo mantenía dormido.
- Déjate de tonterías, cuéntame que ha pasado aquí.
- Ha atacado un dragón enorme, el dragón negro de la profecía amo inuyasha. Se dice que ese dragón anunciaría el fin de los tiempos, 50 inviernos después de la desaparición de la perla de shikon, el mundo que conocemos deberá dejar de existir.
- Con que de eso se trata. – Interrumpió Hikari. – Ahora comprendo, nadie conocía bien esa profecía, tú debes saber más sobre eso.
- ¡Viejo Mioga! Lo vuelvo a encontrar. – Dijo Sango con una sonrisa liviana.
- La profecía tiene que ver con la desaparición de la perla de shikon, pues era la que mantenía el equilibrio del bien y el mal, el equilibrio de los 4 elementos del alma, sin este equilibrio aquel dragón puede invadir la tierra a su antojo. Se dice que se trata del heredero de Inazami, su hijo, y ahora sin la perla de shikon, puede deambular entre el mundo de los vivos y el Yomi. Las almas de todos los muertos desde entonces no pueden aspirar al cielo, todos están condenados a terminar su vida en la oscuridad eterna del Yomi. El problema es que cuando la perla de shikon fue destruida, no tenía un equilibrio, no estaba purificada y eso permitió la llegada de ese Dragón sin nombre.
- ¿Y qué sabe de los artefactos que lo destruirían? – Pregunto Hikari.
- Absolutamente nada, no tengo conocimiento de eso. Los llevare a un viejo recinto de culto a los dioses perdidos. Se creía que tenía poderes comparables con los dioses de la luz, el sol y la luna, pero no fue así, sólo dejaron sus enseñanzas, y un viejo papiro donde se habla de esta profecía, creo que deberíamos ir allá, quizás encontremos algo sobre esos artefactos que menciona tu amiga. – Mioga brinco de la mano al hombro de Inuyasha, éste se dirigió al grupo. – Bien creo que debemos ir.- Ambas estuvieron de acuerdo, Sango les habló sobre las posibilidades de que el dragón estuviera cerca, pero Mioga advirtió que sólo será peligroso hasta el próximo invierno, pues atacaba al final de cada estación, y hace unos días el otoño había comenzado.
Caminaron durante varias horas, la naturaleza se hacía más espesa, la hierba les cubría hasta la cintura, el verde claro se volvía más oscuro con el paso del camino, el sol descendía, habían llegado al santuario que Mioga les había platicado. Parecían ruinas, la naturaleza del lugar comenzaba a invadir el porche y las partes altas del santuario, pero estaba limpio, era algo bastante extraño. Cuando entraron al lugar encontraron una gran salón, tenía tatamis mal acomodados, y en la esquina un enorme estante, dentro se podía ver una gran cantidad de papiros, el grupo estaba a punto de acercarse a aquel lugar, pero de una puerta aledaña, una puerta se corría, la luz penetraba con mayor intensidad el salón, se trataba de una sacerdotisa. La mujer de cabello azulado tenía una mirada serena, unos penetrantes ojos aún más brillantes y azulados que su cabello, llevaba la vestimenta tradicional de cualquier sacerdotisa, y a sus espaldas un arco casi de su tamaño, más grande que los tradicionales, los miró un momento.
-Siéntense, sé a lo que vienen, a saber más de la profecía. Les traeré té y el pergamino, por favor, permanezcan unos segundos aquí, no corren peligro, pero soy la única sacerdotisa que tiene ahora este santuario. – Todos asintieron con la cabeza. Mioga les pidió esperar a la mujer, por alguna razón trasmitía un aura bondadosa, y no corrían peligro de alguna emboscada, todos aceptaron. Hikari miraba a lugar por donde desapareció aquella sacerdotisa, Inuyasha miró a Sango, quién volteó rápidamente, sonrojada, al parecer antes de que Inuyasha mirase, ella ya lo contemplaba. Un silencio agradable atravesó el salón, la joven sacerdotisa regresaba al lugar.


Chapter 4: 04 Ecos del Pasado


Chapter 04
Ecos del Pasado
Justo después de la muerte de Kikyo, hace 48 años, un extraño espectro tomo forma con las cenizas que producía su incineración junto a la perla de shikon, pronunció pocas palabras para los ahí presentes. En el invierno de ese año, un dragón atacó la aldea donde habitó aquella sacerdotisa de nombre Kikyo, los pocos que quedaron vivos, escucharon al dragón, más que una profecía aquello parecía una amenaza, en 50 inviernos, todo verá su fin, el enorme dragón gris de aquel entonces, con el paso del tiempo oscurecía más su piel, cada vez era más oscuro, como ahora, que no puede ser advertido en las noches de luna nueva, ni en la noches sin luna. Desde entonces la almas no tienen derecho a alcanzar el cielo, sin la perla de shikon el equilibrio está roto, y las almas de todos los caídos iban directamente al Yomi, donde eran absorbidas por el dragón, que canalizaba su energía para usarla, así comienza el fin del mundo, todos luchas por su vida ahora.
La sacerdotisa del viejo santuario que habían encontrado ayer, les enseño dos pergaminos, les contó sobre la profecía, y admitió ignorar todo lo relacionado con los artefactos que Hikari había mencionado antes. La joven sacerdotisa se llamaba Yumiko, y llevaba 4 años cuidando del santuario sola, cuando el último de los monjes salió en busca del dragón sin nombre, nunca volvió. Ella tenía ahora 21 años, era una arquera implacable, mejor que cualquiera que se haya visto jamás, su fuerza espiritual, era grande aunque no tanto como la de Kikyo, o la misma Midoriko. En cuanto termino de contarles sobre el fin se levantó de nuevo, llevo los utensilios para el té al otro lado del salón y colocó los pergaminos cuidadosamente en su lugar correspondiente. El grupo estaba un poco decepcionado, pues no encontró las respuestas que buscaba, Mioga preguntó entonces sobre la posibilidad de crear otra perla de shikon, Yumiko se quedó cayada por unos segundos después contestó.
-Es algo casi imposible, deberíamos encontrar a alguien con una fuerza espiritual única, y concentrar una gran cantidad de energía negativa. Midoriko utilizó una gran cantidad de demonios en aquel entonces, no podemos encontrar cantidad igual, los demonios se mantienen alejados desde la aparición de aquel dragón y sólo atacan humanos, creyendo que así obtendrán más fuerzas para sobrevivir, y lo más importante, necesitamos alguien que tenga un poder espiritual superior, algo que no se ha visto desde la muerte de la sacerdotisa Kikyo.
-¿Pero tú eres una sacerdotisa no es así? – increpó Sango
- Sí. Pero no poseo las mismas cualidades ni capacidades que aquellas grandes sacerdotisas, debido a todo lo que pasé, no logré terminar mis enseñanzas, no pude pulir mis habilidades, los monjes y sacerdotisas desaparecieron, hasta ahora que sólo quedo yo.
- Entonces debemos seguir buscando. – Dijo Inuyasha con un aire reflexivo.- Hikari nos lleva al sur, sabe de otro artefacto, parecido a ese báculo que trae consigo. Quizás deberías acompañarnos. – Yumiko coge el báculo, y lo observa.
- El báculo de la luna creciente, es un arma poderosa. No puedo acompañarlos mientras este santuario siga en pie. ¿Díganme que hacen con esta arma tan poderosa?
- Es uno de los artefactos que debería detener al dragón, yo sólo sabía que necesitábamos un conjunto de artefactos, pero no que mi arma perteneciera a los mismos. Sango me dijo esto. – Hikari miró a Sango esperando que continuase.
- Así es. Alrededor de diferentes aldeas se ha extendido el rumor de un grupo de artefactos que detendrían la sed de ese dragón. El Báculo de la luna creciente, la katana "tessaiga", el arco de Amaterasu y la daga de la furia. Aquí tenemos uno, y decían que Inuyasha portaba a la tal tessaiga, pero no sabe nada al respecto. – Yumiko miró con extrañeza el relato, pero entonces Mioga interrumpió. – Amo Inuyasha, ellas hablan del arma que le ha dejado de herencia su padre, se encuentra en su tumba. Debemos encontrar el manantial donde la creó, está al norte, deberíamos desviarnos demasiado, pero es seguro que la encontraremos.- Inuyasha comenzó a apretar a Mioga. - ¿Por qué no me habías dicho esto antes? Me hubieras ahorrado muchos problemas.
- Esta decidido, tenemos que ir hacia el norte. – Dijo Hikari mientras se paraba y se separaba del grupo, salió del salón y se quedó parada observando el cielo, aún faltaba tiempo para el tardecer. Sango se paró enseguida, pero miró a Yumiko e Inuyasha que se tardaban más en levantarse y pregunto. - ¿Estás segura Yumiko, no quieres acompañarnos?. – Yumiko se levantó y acomodo su arco a sus espaldas. – Lo lamentó Sango una tarea me retiene aquí, pero les desearé lo mejor.
Inuyasha se levantó y todos salieron del Santuario, justo cuando estaban a punto de despedirse, un aura maligna comenzó a merodear por el lugar, Inuyasha la olfateó y avisó a los demás. Sango se deshizo de su yukata, e Hikari se preparaba para el combate, Yumiko miraba el horizonte con un claro enojo, "no otra vez" pensaba dentro de sí. Un ave de enormes dimensiones se aproximaba al lugar, lanzando una ráfaga invernal por su boca, Yumiko tuvo que arrojarse a un costado, mientras el ave volvía a tomar altura para atacar de nuevo, congeló una gran parte del techo del santuario y del porche. El ave regresó mientras destruía con sus garras lo poco que quedaba del santuario, se abalanzó sobre Sango e Hikari dejándolas fuera de combate, Inuyasha golpeaba al ave pero no lograba mucho. Yumiko preparaba una flecho que salió potenciada con un aura púrpura hacia el ave, golpeándola e hiriéndole gravemente. El ave café se levantó por los cielos hasta donde ya no se lograba ver, de pronto descendió estrepitosamente, cortando el viento y dejando un silbido que cruzaba el lugar tras de sí. Yumiko se quedó petrificada, Inuyasha reaccionó a tiempo y quitó a Yumiko del camino del ave, el ave quedo dolida con el impacto sobre la tierra, Inuyasha aprovechó el momento y atacó al ave indefensa, haciéndole una fuerte herida en el vientre, el ave grazno terriblemente de dolor, el ave se sacudió arrojando a Inuyasha lejos del lugar, el ave esta vez voló poco, y justo cuando estaba por alcanzar a Inuyasha, una flecha de Yumiko le atravesó el cráneo, el cuerpo del ave siguió el curso del ataque, parecía que había embestido a Inuyasha, Yumiko se acercó gritando. Se acercaban lentamente Sango e Hikari que se dolían del embate que habían recibido, todas buscaban a Inuyasha. Yumiko comenzó a sentirse culpable pensado en el peor de los finales para Inuyasha, pero de pronto este apareció a un costado del cadáver de aquel demonio.
-Debes tener más cuidado, yo te salvó la vida y tú haces esto. – Toda sonrieron ante su presencia, Mioga se encontraba ausente.
- Me alegra saber que estás bien Inuyasha, lamento lo sucedido. – Yumiko miró atrás donde se encontraba el santuario, una lágrima todo por sus mejillas pues veía su pasado justo enfrente de ella, los tiempos felices, y lo terrible que vivió defendiendo aquel lugar de la destrucción, cuando al parecer, fue siempre inevitable, Yumiko dejo el arco que tenía en sus manos nuevamente en su espalda. Regreso para mirar al grupo que la miraba con un aire de comprensión mutua, y una sonrisa leve dibujada en cada uno de ellos, incluso en Hikari.
-Bien, al parecer será ahora inevitable que los acompañe, ya no hay nada que proteger aquí.- Yumiko camino hasta ellos. – Bien vayamos por esa arma, tenemos un mundo que rescatar, no quiero que sufra el mismo destino que este santuario al que dedique mi vida.
Sango sonreía a Yumiko. – Bien andando. – Sango se giró junto a los demás y comenzaron a andar, ahora el rumbo era hacía el norte, el sol comenzó a descender. Sango miraba a su lado izquierdo, el semblante calmó de Yumiko a pesar de las lágrimas que había emanado, ahora miraba a su lado derecho, vio el rojizo del cielo, acompañado a lo bajo del verde fuerte de aquella naturaleza baldía, y justo bajo ese paisaje, el plateado ondulante de aquellos cabellos que se mecían de una manera casi hipnotizante, ella sonrió, algo la liberaba del peligro al ver aquella escena, el miedo desaparecía, y una increíble sensación de alivio recorría su interior, Inuyasha volteó entonces, y la miró, ella soporto la mirada, esta vez no fue presa del pánico, sólo miró, y él, de manera extraña correspondió esa sonrisa con una mirada liviana, una sonrisa fresca, y un camino continuo que los estaba transformando por completo. Caminaron por varias horas.
-Va a oscurecer. – Dijo Yumiko
-Será mejor quedarnos. – Contestó tranquila Hikari. El grupo comenzó a relajarse, se quedaría frente a un gran lago, al día siguiente la travesía continuará.
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