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¿Era este nuestro destino?

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¿Era este nuestro destino?

Mensaje por MikoAucarod el Jue Nov 06, 2008 7:51 pm

Recuerdo del primer mensaje :

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Chapter 1: La destrucción de Naraku
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MikoAucarod: Hola! me encuentro remodelando los episodios de este fanfic que ya cumple más de un año de que lo publiqué por primera vez, como notarán es viejo al ver que algunos personajes existen todavía (Kagura, Kanna, Kikyo) aunque eso no le quita lo interesante, espero en verdad que disfruten la historia y que les agrade esta nueva versión (prácticamente es igual pero es más legible y con menos incoherencias (Había muchas -.-U) )
Seideca: Y luego nos culpas a nosotras de ello xD
Aucarod: Es que luego no hallo a quién echarle la culpa XD
Izumi: Te imaginas xP
Sayuni: Bueno, ya, esperamos que este episodio les agrade mucho así como esta historia -
Aucarod: Very Happy si, me he esmerado mucho en hacerla así que sin más, les dejo con el fanfic.
COMENZAMOS!!
Antes que todo: Inuyasha y co. no me pertenecen T-T son todos propiedad de Rumiko Takahashi, la gran mangaka, aunque, en un intento de entretenerme un rato los tomé para hacer esta historia, sin fines de lucro ni nada xD solo diversión.
Lo que esté entre (paréntesis) son mis comentarios chafas xP
Título - ¿Éste era nuestro destino?
-Esto que voy a contarte, sucedió hace mucho tiempo... sucedió hace siglos... pero solo si te cuento esto, comprenderás por qué se han dado todas estas cosas en la actualidad.
Capítulo 1 - La destrucción de Naraku
-¡Ahome, aléjate de aquí! - gritó Inuyasha mientras lanzaba su viento cortante contra varios monstruos que le atacaban sin control.
-¡No. Mi deber es acabar con Naraku! - fue la respuesta que obtuvo por parte de la joven, a la par que lanzaba una flecha contra los enemigos.
Esta era, se encontraban en la batalla final. Naraku por fín había obtenido todos los fragmentos de la perla, salvo el de Kohaku.
Kouga había perdido los suyos en batalla mas seguía en pie luchando contra Kagura, empeñado a recuperarlos.
Kikyo también había llegado al lugar y se encontraba luchando contra Kohaku y Kanna, en cuyos brazos se encontraba Akago.
Sesshomaru había llegado con su grupo y también combatía contra los monstruos de Naraku, siendo apoyado por Jaken, mas ordenó a Rhin mantenerse alejada, en unos arbustos junto con Ah-Un.
Inuyasha y los demás habían comenzado a atacar en cuanto obtuvieron oportunidad, mas al verse amenazado, Naraku había liberado una gran cantidad de demonios, manteniéndose protegido así.
Miroku y Sango terminaron luchando juntos contra Hakudoshi, mas Shippo se había ido a proteger junto con Rhin, por órdenes de Inuyasha.
La batalla se había tornado demasiado peligrosa.
-¡No seas necia! ¡Esta no es como las anteriores batallas! - insistió el joven, tomando del brazo a Ahome, quien le miró ofuscada.
-Pero... quiero ayudar...
-¡Pero yo no quiero que pelees!
-¿¡Y por qué no?! - Exclamó soltándose del brazo del joven. - ¿Insinuas que soy una carga? ¡¿Creés que no sé pelear?!
-¡NO!
-¡NO ¿QUÉ?!
-¡¡NO QUIERO PERDERTE!! - exclamó al final, tomándola de los hombros.
Esto hizo que todos, Naraku incluido, se detuvieran en su pelea y guardaran silencio. Todos, sin excepción observaban con atención a Inuyasha y a Ahome.
Inuyasha tenía su cara ensombrecida, cubierta por su flequillo. Ahome sólo lo miraba, entre asombrada y algo asustada, con un ligero rubor en sus mejillas.
-No quiero... que... no quiero que te pase algo malo... no lo resisitiría... sin tí... yo... no sé qué haría... yo... - Inuyasha no encontraba el modo de decir lo que sentía en ese momento.
-¿Por... por qué me dices eso?... - Susurró la joven, a lo que Inuyasha por fin enfrentó su mirada.
-Porque... porque yo...
En ese momento, una flecha rozó los rostros de ambos. Kikyo había disparado hacia ellos, en un arrebato de sentimientos y emociones revueltas. Su rostro mostraba la tristeza y odio más grande que uno se pudiese imaginar.
-Kikyo...
-Maldito... eres un traidor Inuyasha... ¡Muere! - exclamó la joven sacerdotiza mas antes de poder disparar, alguien la había atacado haciéndola caer al suelo. Nadie sabía si la había matado o solo la había hecho caer inconsciente.
-¡Naraku! ¡¿Por qué lo hiciste?! - exclamó Inuyasha, al observar el cuerpo inerte de Kikyo.
-Por que no quería que interrumpiera esta bonita escena - fue la respuesta del ser de cabellos negros, haciendo que todos cayeran al estilo anime - Continuen por favor - agregó mientras regresaba a su posición de ataque contra Sesshomaru.
-...
-...
-Inuyasha... ¿qué... qué ibas a... a decirme? - preguntó Ahome con timidez, consciente de las miradas de todos.
-Pues... yo... - el rostro del joven estaba completamente sonrojado, mas el de Ahome no podía discutirle mucho ya que se encontraba en las mismas condiciones que él.
Inuyasha no dijo nada más, simple y lentamente tomó el rostro de Ahome, se acercó a ella, la miró con gran ternura y le dió un beso. Tímido, inocente y lleno de amor, el cual fue correspondido instantaneamente por Ahome, quien le abrazó.
Todos suspiraron afeminadamente.
-Ahora sí, ¡a pelear! - exclamó Naraku cambiando su semblante y reanudando su batalla, la cual continuó como si nunca hubiera pasado nada... ¬¬U
Inuyasha se separó de Ahome un poco, sin soltarla y le miró a los ojos.
-Por favor, escóndete - suplicó de manera preocupada.
-No Inuyasha... yo... yo quiero estar contigo... a tu lado...
-Pero...
-Si estoy contigo nada malo me pasará... - aseguró la joven, a lo que Inuyasha le miró con ternura.
-Está bien Ahome...
Ambos comenzaron a luchar; uniendo sus fuerzas terminaron rápidamente con los monstruos y entre todos comenzaron a atacar a Naraku quien, al comenzar a debilitarse, creó un nuevo campo de energía impidiendo que los demás le hicieran daño.
-¡Todos apártense! - gritó Inuyasha al momento que su espada se transformaba y quedaba rodeada de diamantes - ¡¡Lanzas de diamante!! - exclamó al mismo tiempo que agitaba su espada, liberando así el Kongousouha, el cual tuvo éxito y destruyó el campo de energía, al mismo tiempo que se incrustaban los diamantes por todo el cuerpo de Naraku, quien rió de manera malévola.
-Kukuku... tontos... ¡¡Yo soy Fénix!! - exclamó haciendo que todos le miraran con una gran gota de sudor en sus cabezas. (pequeña parodia que no podía faltar xD) - Ejem, perdón... quiero decir... ¡Soy el gran Naraku! kukukukukukukukukukukukukukuku. Soy inmort... ¡argh! - se quejó el hanyou causando sorpresa en todos.
-¿Qué sucede? - preguntó Inuyasha observando sin creer cómo Naraku se sujetaba el pecho, con dolor.
-Algo le pasa - observó Miroku - parece como si alguien o algo le hubiese lastimado...
-¿Quién me está haciendo esto? - se preguntó el monstruo a la par que observaba a su alrededor. - ¡Kagura! - gritó al notar cómo la dominadora de los vientos tenía en sus brazos el cuerpo del bebé, Akago, el cual yacía muerto mientras que en su otra mano sujetaba el corazón de Naraku en forma de esfera de cristal. - ¡Kagura, ¿qué crees que haces?! - amenazó observándola con odio.
-Esto... - fue la respuesta de la mujer youkai, la cual estrujó la esfera, haciéndo sufrir a Naraku.
-Ese es... - Ahome no podía articular palabra, observando sorprendida la escena.
-Es el corazón...
-De Naraku - completó Miroku la frase dicha por Sango.
-¿De dónde lo sacaste? - preguntó Inuyasha mas alerta que sorprendido. ¿Cómo no se había percatado de los movimientos de la dominadora del viento?
-Tuve que asesinar a Akago... pero de él puedo encargarme después - fue la respuesta de Kagura, quien rápidamente lanzó una mirada de complicidad con Sesshomaru, que solo Ahome notó.
-Entiendo - pensó la joven - le pedirá a Sesshomaru que...
-¿Cómo piensas revivirlo? - preguntó Miroku, interrumpiendo los pensamientos de la joven sacerdotisa.
-Eso no te incumbe, monje.
-Kagura... me las pagarás... maldita traidora... - susurraba Naraku débilmente.
-¡Cállate! - gritó la mujer arrojando al suelo el corazón haciendo que se rompiera en miles de pedazos. Al instante siguiente Naraku comenzó a revolverse con dolor.
-Argh... no crean que... he sido derrotado... ungh... si yo muero... - Naraku observó a todos de manera sádica causando algo de temor en los presentes - si yo muero... ustedes mueren... co-conmigo... - Naraku sonrió de manera triunfal alertando a todos de que algo terrible se acercaba.
-¡¿Pero qué dices?! - exclamó Inuyasha dando un paso hacia atrás, algo no le gustaba nada.
-¡Explotaré! - exclamó lanzando una carcajada sin alegría al aire descubriendo a los demás el plan que tenía destinado para ellos.
Kagura no lo pensó dos veces. Antes de que nadie se diera cuenta, había tomado a Kohaku y a Hakudoshi haciéndolos subir en una de sus plumas, siendo seguidos de la misma Kagura quien en brazos tomó a Kanna y a Akago, alejándoser rápidamente de ahí.
Sesshomaru, al ver que Rhin podría salir herida, la tomó en brazos y se alejó corriendo del lugar, siendo seguido de Jaken y Ah-un.
Kouga no supo como reaccionar así que hizo lo más valiente del momento... salió corriendo del lugar (... no se ustedes pero no me cae mucho Kouga xD)
- ¡Rápido! - fue la exclamación de Miroku al ver que todos se alejaban lo más pronto posible y que Naraku comenzaba a inflarse como un globo - ¡Debemos salir de aquí! - Ni bien terminó de decir esto, Sango ya había corrido hacia Shippo, tomándolo en brazos y montado en Kirara.
-¡Miroku date prisa! - gritó la exterminadora olvidando el "excelencia" causando que el joven monje le viera asombrado. Tras esa pequeña sorpresa, Miroku montó en Kirara rápidamente y ésta se elevó por los aires.
-¡Inuyasha, señorita Ahome! ¡¿Qué esperan?! ¡¡Vámonos!!Rápido!! - exclamó al notar cómo ambos jóvenes seguían estáticos en su lugar, observando a Naraku. Kirara comenzó a alejarse, advertida por su instinto, sin escuchar los reclamos de Shippo que, llorando, gritaba que no podían abandonar a Ahome en ese lugar.
El grito proporcionado por Miroku hizo reaccionar a Inuyasha quien se había quedado en shock al notar, con asco, cómo Naraku comenzaba a deformarse a la par que se inflaba sin parar. No faltaba mucho para la explosión.
-¡Si!. Vámonos Ahome - habló el joven híbrido observándola y dispuesto a cargarla en su espalda, mas la joven se alejó rápidamente de él y corrió hacia Naraku, causando un terror indescriptible en Inuyasha. - ¡¿Qué demonios haces?! ¡¡Aléjate de ahí!! - por alguna razón sus piernas no respondían, quería correr y alejar a Ahome del lugar, pero simplemente sus piernas no respondían.
-Es que el fragmento... - Ahome se agachó muy cerca de Naraku, quien había dejado caer la perla de Shikon. La joven lo tomó entre sus manos mas al instante siguiente unos tentáculos la rodearon, impidiéndole moverse.
-¡Te tengo! - exclamó Naraku sonriendo triunfal - Morirás aquí, niña torpe - agregó al momento de dejar de inflarse y comenzar a brillar.
-¡¡NO!! ¡¡AHOME!! - gritó Inuyasha comenzando a correr hacia ella al fin, para salvarla de una muerte segura. No se había percatado, las lanzas de diamante seguían incrustadas en Naraku... al explotar todas saldrían volando y herirían a Ahome con gravedad si no hacía nada para impedirlo.
Todo sucedió en menos de un segundo. Naraku reía macabramente y Ahome hacía lo imposible por liberarse. En ese mismo segundo la joven observó que Inuyasha estaba muy cerca de ella. Inuyasha solo corría, sentía que nunca llegaría hacia la joven. En ese mismo instante Naraku explotó expulsando los trozos de diamante. Inuyasha observó con horror la expresión de dolor de Ahome, era una mirada que se clavaba en el alma. Un brillo cegador. Un grito desgarrador. Después... calma y silencio... demasiado silencio...
Una nube de humo cubría el lugar... cuando Inuyasha pudo ver a través de esa capa, se dió cuenta de que habían triunfado... Naraku estaba muerto...
pero... ¿a qué precio?
-A...Ahome - susurró aterrado el joven hanyou observando el cuerpo de la joven en el suelo, boca abajo, rodeada de un gran charco de sangre, a tan solo unos pocos pasos de Inuyasha, inmóvil.
--
Aucarod : Nuevamente, para los recién llegados que apenas han comenzado a leer este fic y no saben lo que hay a continuación… PERDÓNENME POR DEJARLO AHÍ!! Llorar NO ME MATEN POR PIEDAD!! y a los que ya habían leido, MIL PERDONES POR HACERLES RECORDAR ESTO XD
Seideca: Sí, MÁTENLA, LIBÉRENNOS DE ELLA POR PIEDAD
Sayuni e Izumi apoyan a Seideca en sus rezos
Aucarod : ¬¬ oigan ¿de qué lado están?
Sayuni: °-° del lado de sobrevivir
Seideca/Izumi: T-T SII!!
Aucarod : Llorar valla hasta mis creaciones me odian xD en fin, espero que disfruten de los siguientes capítulos, intentaré subir uno por día mientras termino el resto del fic. Saludos.

---

Nota de MikoAucarod: Este mensaje se encuentra escrito tal y como se escribió el original, tanto las notas de autor, como lo demás se encuentra tal y como se escribieron la primera vez, espero les guste ^^


Última edición por MikoAucarod el Vie Jul 17, 2009 7:52 am, editado 1 vez
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Re: ¿Era este nuestro destino?

Mensaje por MikoAucarod el Vie Nov 07, 2008 5:20 pm

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-Ya no lo soporto... por favor... - Kohaku calló al suelo, aún con sus ojos en blanco, causando gran consternación en los presentes.
--
(Flash back)
-Muchachos, adelántense... necesito hablar con Ahome un momento...
-Está bien - Kagura tomó en brazos a Haku y comenzó a caminar hacia la aldea.
-¡Espera Kagura! ¡No puedes entrar así como así! - gritó Sayuni corriendo tras ella, siendo seguida por Kohaku. Kanna no se movió...
-¿No piensas esperarla? - preguntó Sayuni al ver que el joven le alcanzaba - Digo... pensé que ustedes dos...
Kohaku sonrió levemente.
-La amo, Sayuni... y por un terrible momento creí que ella no me correspondería.
-¿Lo ha hecho ya? - preguntó la joven, sorprendida - ¿En qué momento, si no me di cuenta?
-No lo ha dicho... pero me bastó con ver sus expresiones... ahora ella necesita estar sola con ellos dos, quiere charlar de algo importante, es obvio... algún día... yo también se lo diré... aunque...
-¿Qué ocurre?
-...Le debo la vida a otra persona...
-¿Inuyasha está con...?... no... es... ¿una mujer?... - Kohaku y Sayuni observaron cómo Sango les miraba detenidamente y luego abría los ojos espantada, para luego desmayarse.
-¡SANGO! - fue la exclamación proveniente de Miroku
-¡HERMANA!
(Fin del flash back)
--
-¿Qué le ocurre a Kohaku? - preguntó Rhin, con lágrimas en los ojos - ¿Está bien?
-Está recuperando su memoria... y parece ser que se trata de algo que su corazón no puede soportar. - fue Seideca quien habló, observando el aura del joven y al mismo tiempo notaba cómo su esencia iba desapareciendo.
--
-¡Kohaku! ¿Cómo estás?
-¿Eres tú, Rhin? - preguntó el pequeño quien, acompañado de Haku y Shippo, cargaban con baldes de agua.
-Ha pasado mucho tiempo, casi un año ¿verdad? disculpa que no pudiera venir con anterioridad, el señor Sesshomaru tenía que atender muchos asuntos pero ya ha terminado y me permitió venir a verte.
Cerca, Sesshomaru inspeccionaba la aldea y todo a su alrededor, su mirada ya no se veía tan fría, producto de lo sucedido meses atrás, cuando
Sesshomaru entendió lo que en verdad valía la pena, y no los rencores y cosas del pasado.
-Creo que comenzaremos a vivir aquí, en la aldea - habló Rhin, abrazándose del brazo de Kohaku, quien se puso algo incómodo. Acababa de recordar su promesa para con Rhin y al mismo tiempo el que le debía la vida. - Ahora podremos estar juntos de ahora en adelante.
-Escucha Rhin... hay algo que debo decirte...
-¿Qué ocurre? - preguntó la pequeña, observándolo con curiosidad, mas algo le daba mala espina. Kohaku se veía muy serio.
-Escucha... yo...
Un grito desgarrador se escuchó en ese momento. Era un grito potente, lleno de dolor y amargura. Sentimientos de tristeza, ira, dolor y muerte eran transmitidos a través de ese grito. Era imposible de describir, calaba hasta los huesos, cada partícula del cuerpo temblaba ante ese terrible sonido. Entre todo eso, Kohaku distinguió al portador de esa voz
-¡Kanna! - exclamó soltando el balde que traía en manos y comenzando a correr hacia la aldea, sin voltear atrás, sin mirar a Rhin, sin importarle nada más que la seguridad de la joven albina. Todos le siguieron rápidamente.
Kanna gritaba, atrayendo a todos en la aldea. Ahome e Inuyasha intentaban tranquilizarla. Sango impedía que Kohaku, Shippo y Haku entraran, mientras que Miroku intentaba tranquilizar a Sayuni y Kagura, quienes se mostraban muy preocupadas por la niña.
-¡Hermana, dejame entrar! Es Kanna, necesita nuestra ayuda.
-No deben entrar, Kohaku... es por tu bien, no puedo permitirles que la vean...
Rhin y Sesshomaru observaban todo, algo alejados. Rhin parecía triste, era lo bastante inteligente como para comprender lo que pasaba. Al instante siguiente cesaron los gritos y tras unos segundos, Kanna salió de la cabaña.
Kohaku observó a Kanna mas su vista se cruzó en el trayecto con la de Rhin. Su cabeza comenzó a doler como nunca en su vida y la sujetó, intentando mitigar el dolor. Luego, al mirar los ojos perdidos de Kanna algo en su interior se desmoronó. Casi al mismo tiempo, las miradas de ambos niños se cruzaron. Kanna y Kohaku se desmayaron al mismo tiempo, no antes de que la pequeña susurrara palabras inentendibles para los presentes, salvo Kohaku, quien le entendió y sufrió aún más por sus palabras.
-No olvides tu promesa. Ya lo se. Pero... una promesa es una promesa.
Kohaku se sintió morir en ese momento, Kanna lo sabía, sabía lo que había pasado hacía casi un año con Rhin. Sabía que le debía la vida a Rhin, que tenía una obligación para con ella.
Kanna lo sabía y eso... no pudo soportarlo su corazón.
--
-¡¡AAAAAAAAAAARGGGGGGGGHHHHH!! - Kohaku se irguió por completo, sujetando aún su cabeza y soltó un grito igualmente desgarrador que el que habían escuchado hacía ya varios años.
-¡Kohaku por favor! ¡Reacciona! - gritó Rhin, sarandeándolo de los hombros. El joven perdió el conocimiento y cayó al suelo, siendo sujetado rápidamente por Sayuni.
--
El joven se sentía flotar entre la oscuridad. Al abrir sus ojos observó a Kanna, hincada y abrazándose a sí misma, de su espalda salía una nube negra, semejante al humo. Lo que salía de su espalda era lo mismo que rodeaba todo el lugar.
-Te estás autodestruyendo - habló Kohaku, acercándose a la joven, quien negó con la cabeza enérgicamente
-Solo así podrás estar libre... y sin tener ningun resentimiento...
-Yo no quiero que mueras...
-Si no lo hago... será el fin... porque la única manera de salvarme es liberar esta energía... pero es tanta que destruiría todo a mi alrededor, por eso es mejor que muera.
-Dices eso pero la verdad es que temes la muerte... temes qué pasará entonces, una vez que mueras.
-...Hasta que no lo sepa, no sabré si seguir temiendo o no...
En ese momento, todo se oscureció.
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Nota de MikoAucarod: Este mensaje se encuentra escrito tal y como se escribió el original, tanto las notas de autor, como lo demás se encuentra tal y como se escribieron la primera vez, espero les guste ^^
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¿Era este nuestro destino? (Cap. 15) Autor: MikoAucarod

Mensaje por MikoAucarod el Vie Nov 07, 2008 5:39 pm

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Chapter 15: Todo por querer una vida
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Aucarod: Muchachos les traigo el capítulo 15, espero que les guste y es un poco más corto, pero he querido terminar ahí por ser impactante (a mi gusto) XDD disfrútenlo

COMENZAMOS!!
Antes que todo: Inuyasha y co. no me pertenecen T-T son todos propiedad de Rumiko Takahashi, la gran mangaka, aunque, en un intento de entretenerme un rato los tomé para hacer esta historia, sin fines de lucro ni nada xD solo diversión.
Lo que esté entre (paréntesis) son mis comentarios chafas xP
Título - ¿Era este nuestro destino?
Capítulo 15: Todo por querer una vida...
-Señor... señor, reaccione...
-Su excelencia, excelencia Miroku, despierte, por favor.
Miroku abrió sus ojos levemente, enfocando hacia las afueras de la cabaña, estaba atardeciendo. ¿Por cuánto tiempo había estado inconsciente?... no, la pregunta era ¿en qué momeno se había desmayado?
Al enderezarse, se percató de que se encontraba dentro de la cabaña... lo último que recordaba era estar cerca del pozo devorahuesos, ya que habían sentido unos poderes tremendos provenir de ahí... luego... ¿qué había pasado?...
-Excelencia Miroku, por fin ha vuelto en sí.
El monje observó a su izquierda, los aldeanos estaban ahí, se veían preocupados por ellos. ¿Qué había pasado? era la única pregunta que vagaba por su mente. Al observar a su alrededor pudo ver cómo todos se encontraban ahí... no, faltaban Sayuni, Inuyasha, Ahome y los chicos...
-Haku tiene... unos tremendos poderes... - susurró levemente Sesshomaru quien, recargado en la pared de la cabaña, sujetaba su cabeza, mareado y aturdido. - Aún no recupero ni siquiera mis cinco sentidos del todo...
-Parece ser que fuiste el más afectado - habló Sango, acercándole un pequeño cuenco con agua. Kagura se dispuso a colocar la tela humedecida en la frente del youkai, dándole un gran alivio a éste.
-Es obvio - habló la manipuladora de los vientos - no querían que nos percatáramos de su presencia al reaccionar, deben haber ido a la cueva de Onigumo.
Los aldeanos se miraron entre sí sin comprender. El pequeño Inutaisho se sujetaba a las piernas de su padre, como queriéndole dar animo, para que se pusiera en pie.
-Papá... fuerte... ¡upa! - tdos sonrieron levemente al ver al pequeño dando su mejor esfuerzo.
-Estoy bien, tranquilo - Sesshomaru acarició la cabeza del bebé y en seguida pudo detectar el olor a sangre de Kanna y Rhin, preocupándole en demacía ésta última. - ¡Kanna y Rhin están heridas! - exclamó poniéndose de pie y saliendo de la cabaña (¿qué? es un taiyoukai, se recupera con facilidad xD) siendo seguido rápidamente por Kagura. Sango ayudó a Miroku a ponerse en pie y ambos salieron de la cabaña.
-Por favor, cuiden de los niños - pidió Miroku a los aldeanos justo en el momento en que salían y corrían tras Sesshomaru y Kagura.
-Claro, pero ¡¿qué está pasando?! - preguntó uno de ellos, aturdido por lo que habían encontrado. Todos estaban desmayados y habían tardado cerca de dos horas en hacerlos reaccionar, ¿para que sin explicaciones se fueran corriendo? ¿Acaso la aldea corría peligro?
--
-Inuyasha, no tiene caso, ya lo intenté...
-No me pidas que me quede de brazos cruzados... - habló secamente el joven híbrido, lanzándose nuevamente al pozo. Ahome suspiró, cansada, y se sentó en las escaleras del templo. Los niños estaban con ella. Al segundo siguiente, Inuyasha salió nuevamente del lugar, lanzándose casi instantáneamente luego de pisar tierra.
-Papá está muy desesperado... - Hideki tenía sus ojos algo hinchados, la noticia de la muerte de Kanna le había caido como balde de agua fría.
-¿Ya estás mejor? - preguntó su madre, abrazándolo tras escucharlo hablar. Desde la noticia, todos habían quedado como en shock.
-Sí, yo... no se... no lo creo todavía...
La pequeña Kaede se acercó a la orilla del pozo, extrañada de que su padre no hubiera salido como en las últimas veces, y observó al interior del lugar. Inuyasha se encontraba hincado, sollozando levemente.
-Papi... ¿estás bien? - preguntó Kaede débilmente, mas Inuyasha pudo oirle gracias a su sensible oído.
-Yo tampoco lo creo... no lo creeré hasta no verlo con mis propios ojos...
Un pequeño grito le hizo voltear hacia arriba. La orilla del pozo había cedido ante el peso de Kaede y ésta ahora caía precipitádamente hacia él. Inuyasha extendió sus brazos y detuvo a la pequeña del golpe, que de seguro habría sido mortal, apresándola luego en un fuerte abrazo.
-Ten más cuidado, Kaede, ¿qué crees que haría si también te perdiera a tí? - preguntó desesperado, escondiendo su rostro en el pequeño hombro de su hija. Ya no podía, por más que trataba, se sentía desfallecer a cada segundo. Kanna no lo merecía.
-Papi... ¿había plantas en el interior del pozo de nuestra casa?
Inuyasha se extrañó por la pregunta y levantó su rostro, se encontraban dentro del pozo, pero este se veía iluminado, no podía ser ¿o sí? El joven levantó la vista y observó el cielo azul, claro y sin contaminación que distinguía su época de la de Ahome. Habían cruzado.
-El hechizo debe haber desaparecido... - ¿Haku corría peligro también?
-Kaede... prométeme que pase lo que pase, no intervendrás ni te moverás de tu sitio ¿está bien? Tampoco quiero que veas. - Habló colocando a la pequeña en su espalda, comenzando a correr luego. Sabía que era una locura llevarla, pero no tenía tiempo y además era más estúpido todavía dejarla sola en ese mundo.
-Claro, papá - respondió la niña, obediente y cerrando sus ojitos con fuerza. Fue la voz de la pequeña lo que le hizo correr con mayor velocidad. Había detectado el olor a sangre de Kanna y Rhin, mas Kanna estaba más herida, eso lo sabía dado la intensidad del olor.
-Inuyasha ¿qué está pasando? - fue Sesshomaru, lo había alcanzado.
-Eso mismo quisiera yo saber ¿qué está haciendo Kanna en la cueva de Onigumo? ¿¡Por qué no los detuvieron?!
-Eso pregúntaselo a tu hijo, Haku. Sus poderes son potentes. Maldita sea, no debí confiarme, olvidé por completo que fueron nacidos de...
-¡Ni te atrevas a nombrarlo! - Inuyasha se detuvo en seco, pues habían permanecido corriendo hacia el lugar, mas oirlo hablar así... - No te atrevas a mencionar su nombre, ellos son mis hijos, no los compares con esa basura.
Sesshomaru se detuvo y le observó.
-¿Nunca te preguntaste el motivo por el cual Naraku no los destruyó?
Inuyasha palideció y abrió sus ojos enormemente, comenzando luego a negar con su cabeza, no podía creer lo que Sesshomaru le sugería.
-¿Tú crees que ellos son estúpidos? - Continuó el taiyoukai, refiriéndose a Kanna y los demás - Si lo miras así, la portadora es Kanna, por eso su comportamiento, no me irás a decir que porque eres un híbrido no pudiste detectar ese aroma en su esencia. El olor de la tristeza y la muerte la rondan todo el tiempo, así como el temor. Cualquier persona con medio cerebro ataría cabos rápidamente. - concluyó avanzando nuevamente, dejando a Inuyasha estático en su lugar.
-¿Papá? ¿Ese era el tío Sesshomaru? - preguntó Kaede, ajena al tormento de su padre.
--
-¡No tienes que hacer esto... no puedes hacerlo!
-¡Debo hacerlo! - Kanna en ningún momento abrió sus ojos, faltaba poco, lo presentía, si liberaba todo dentro de sí, moriría en cuestión de segundos.
-Kanna, no te dejaré.
-¡¿Quién eres tú para darme órdenes?! - exclamó abriendo finalmente sus ojos, las lágrimas fluían sin control. Kohaku se acercó e intentó tomarla de los hombros, mas una energía maligna fluyó desde ella y le hizo apartarse, al sentir descargas eléctricas.
-Kanna... ¿quién te crees tú para mentirnos de esta manera?
La joven albina le miró, sorprendida y confundida.
-Si no podías purificar las cosas, no debiste ocultarlo, debías decírnoslo. ¿A cuántos aldeanos no ayudaste con tus poderes? ¿Cuántas esencias malignas no destruiste por ayudar a tu madre cuando ella no podía cumplía con sus deberes de sacerdotisa? ¿Todo para qué? ¿Para que te destruyeras a ti misma porque nunca nos pudiste decir que no eras capaz de purificar esas esencias malignas? - Kohaku estaba molesto, se sentía muy mal. No podía ayudarla en nada...
-Nunca mentí... - susurró poniéndose de pie y observando con tristeza al joven ante ella. - Jamás he mentido... mira... - Kanna levantó sus manos, haciendo que una pequeña nube negra se posara sobre ellas, segundos después, ésta se purificó. -¿Lo ves?
-¿¡Entonces qué demonios es esto?! - exclamó señalando todo a su alrededor. Las nubes negras no se purificaban para nada e iban en aumento a cada segundo. - ¿Por qué no te deshaces de esto?
-Porque todo esto... es una sola esencia... no puedo con él... jamás he podido terminar con él...
Kohaku no entendió las palabras de la joven, ¿por qué se sentía morir? Le dolía su pecho como nunca antes y punzadas en su cabeza le hacían marearse cada cierto tiempo. ¿Era por la esencia del lugar?
-Kanna... ¿de qué hablas? ¿Contra qué has estado luchando todo este tiempo?
La joven se acercó a Kohaku y lo abrazó, con necesidad. El joven comenzó a recibir leves descargas, pero no la soltó, al contrario, aferrándose más a ella volvió a susurrar en su oído:
-¿Qué te pasó?... ¿Por qué no puedes decirme?...
-La primera vez que tuve premoniciones... no fue en la aldea... - la nube, que hasta ahora había continuado saliendo de su espalda, levemente comenzaba a disminuir, faltaba poco para que saliera todo... así todo terminaría...
-¿Cuándo fue? - preguntó levemente, observándolo todo a su alrededor, las nubes comenzaban a reunirse en un mismo sitio, concentrándose alrededor de ambos.
-Ocurrió la primera vez que intenté dormir desde que fui liberada...
--
-Esta chica... se está autodestruyendo - Seideca observaba sin creer cómo el aura de Kanna comenzaba a tornarse de un color oscuro y su esencia desaparecía levemente.
-Seideca, debe haber algo que puedas hacer - habló Sayuni, hincada junto a Kanna, con Kohaku en brazos - tienes que hacer algo, es mi sobrina, es... es la hija de mi hermano, tienes que salvarla. Por favor.
-Lo intentó, en serio - Izumi se acercó a la joven de aspecto híbrido y colocó su mano en su hombro - Seideca es fría, pero no es cruel, intentó salvarla, pero dentro de esta chica hay tanta energía maligna que ni siquiera ella pudo controlarla. No podemos hacer nada...
Rhin observó los cuerpos de ambos jóvenes con dolor... Shippo se encontraba abrazándola intentando tranquilizarla, las palabras estaban de más, lo sabía, pero no podía dejar a Rhin en ese estado. No había sido su culpa, la cueva de cualquier manera habría colapsado... aunque es cierto que Kanna no habría estado tan alterada pero eso era punto y aparte.
-¡Rhin!
-¡Kanna!
Todos los presentes observaron hacia el techo, desde donde podían apreciar como comenzaba a anochecer. Inuyasha y Sesshomaru se encontraban ahí. Ambos hombres bajaron rápidamente.
-¿Qué demonios le han hecho a Kanna? - exclamó Inuyasha, sacando a Colmillo de acero de su funda, dispuesto a atacar al par de chicas que olían igual que Naraku, sin embargo, antes de poder hacer nada, Haku se había interpuesto y había detenido el ataque de su padre.
-Ellas no son malas personas, no las lastimes, padre.
-Hazte a un lado, después hablaré seriamente contigo - sí, definitivamente pese a la situación, Inuyasha dejó salir su carácter de padre y planeaba castigar severamente a ese niño por lo que habían hecho.
-No me quitaré, ellas están intentado ayudar a Kanna... algo muy malo le está pasando, padre... - Haku se veía realmente nervioso, algo no le daba para nada buena espina.
No fue sino hasta ese momento que Inuyasha observó bien a ambas mujeres.
Antes se había dejado llevar por sus impulsos, pero, pese a su olor, esas chicas no despedían una esencia maligna. Al observar a Kanna, y notar que aún respiraba, su mundo volvió a cobrar sentido, sintiéndose vivo nuevamente en cuestión de segundos. Aún no moría, aunque todavía no estaba a salvo...
-¿Qué tiene? - preguntó hincándose junto a ella y tomándola en brazos. Al contacto sintió leves descargas, mas poco le importó y la sujetó fuertemente.
-Su cuerpo está sobresaturado de energía maligna. No puedo hacerlo desaparecer. - explicó Seideca, al joven ante ella. Lo reconoció enseguida, ese era Inuyasha, sin duda, la persona a la que Naraku le había ordenado asesinar hacia ya varios años.
-Rhin, ¿qué ocurrió aquí? - preguntó entre preocupado y molesto el taiyoukai, acercándose a su hija. Shippo soltó su abrazo, mas mantuvo sus manos en el hombro de ella, brindándole apoyo por si las cosas se salían de control.
-Yo tuve... el campo... la cueva se derrumbó y... Kanna... - Rhin parecía perdida, eso no podía estar pasando - Kanna lo sabía... y aún así... me protegió... ella quedó indefensa y... yo tuve...
-La culpa fue solo mía - se oyó decir a Kanna, Inuyasha la observó, aliviado. Kanna por fin había recuperado el conocimiento.
--
-¿Qué es lo que quieres decir?... ¿A qué te refieres con eso? - Kohaku la alejó un poco y observó sus ojos. La joven finalmente se había tranquilizado, al parecer, resignada al hecho de morir.
-Cuando destruimos a Naraku, hace 10 años, cuando íbamos cayendo... Naraku nunca murió...
Kohaku palideció ante la confesión de la joven.
-Eso no puede ser, la perla... el agujero de Miroku...
-¿Tú sabes qué ocurrió con la perla de Shikon? ¿Sabes qué ocurrió con mi espejo?
Kohaku observó, en shock, a la joven albina ante él, cuyo semblante se había vuelto serio.
-Naraku falleció en esa batalla, es cierto, pero nos dejó vivos con un único propósito. Uno de nosotros era el portador de su verdadera esencia. Al principio creímos que había sido en Akago, dado que ahí se encontraba su corazón... pero cuando nos liberaron... cuando me quedé esa noche con mis padres... no podía dormir, porque tenía pesadillas... hasta hace poco comprendí que no eran pesadillas...

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Continúa en la respuesta 1

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Re: ¿Era este nuestro destino?

Mensaje por MikoAucarod el Vie Nov 07, 2008 5:40 pm

Flash Back
Era ya medianoche y, al parecer, Ahome ya había logrado conciliar el sueño. Inuyasha estaba junto a ella cuidándola, sentados ambos junto a un árbol. Se encontraba velando el sueño de Ahome cuando escuchó unos lamentos... Kanna estaba llorando al lado de la fogata. Inuyasha se puso en pie, recostó a Ahome en el árbol con sumo cuidado y se acercó a la pequeña niña.
-¿Qué te ocurre? - preguntó hincándose junto a ella - ¿No puedes dormir?
-No... cada vez que lo hago... aparece Naraku tratando de capturarme...
-... pero él ya está muerto... ya no existe...
-Fue horrible... siempre... siempre me mandaba a vigilar... y también me ordenaba robar las almas de todas las perso... - La pobre criatura comenzó a llorar abrazándose, con más fuerza que antes.
-¿Qué pasa?... - preguntó preocupado, no le agradaba verla en ese estado. Es verdad, no la conocía pero, verla así...
-Me acabo de dar cuenta... de la cantidad de gente que he asesinado... - dijo cubriendo su rostro y llorando amargamente. - Tengo mucho miedo... no quiero que aparezca Naraku nuevamente y me controle otra vez...
-Eso no pasará... tranquilízate... - La joven siguió llorando, haciendo que Inuyasha se diera cuenta de una cosa. - Kanna es solo una niña... - pensaba - nunca había razonado eso... es solo una niña pequeña... ya no es la Kanna controlada por Naraku... - en ese momento Inuyasha supo qué hacer - ... ¿por qué no duermes junto a nosotros?... así te sentirás más protegida...
-¿Es en serio? - Preguntó levantando la mirada, hacia él.
-¿Por qué cuestionas todo lo que te digo? - fue la respuesta de Inuyasha, en un tono... de cierta forma paternal... - lo digo en serio, ven con nosotros...
-Después de todo lo que les hice... gracias.
Fin del Flash Back
-Esa vez... soñé exactamente con este momento... una vez que termine de liberar toda la energía maligna, dentro de mi ser, Naraku posesionará mi cuerpo y renacerá, aunque muchísimo más débil, por eso...
-¿Todo esto es Naraku? - Kohaku finalmente soltó a Kanna y observó todo a su alrededor. Las nubes negras formaban ahora un pequeño remolino alrededor de ellos.
-Yo habría sido capaz de encerrarlo por completo si contara con mi espejo... pero en ese momento fui tan estúpida... yo temía tanto tener cualquier atadura para con Naraku... yo...
Flash Back
-Kanna... - Kohaku abrazó a la pequeña entre sus brazos, haciendo que ella se aferrara fuertemente a él, buscando protección. El joven reaccionó en ese momento, recordando que Kanna podía... - ¡Kanna, teletranspórtate!
-¡¿Qué?! - preguntó con el rostro bañado en lágrimas.
-¡Que te teletransportes, es la única forma! ¿No quieres morir? ¡Entonces transpórtate a un lugar seguro!
-Pero...
Kohaku observó la distancia, era ya poca.
-¡No hay tiempo, hazlo ya!
-Yo...
-¡Kanna!
La niña pareció perder el conocimiento, haciendo que Kohaku se preocupara en sobremanera.
-¡¡KANNA!!
Al instante, una luz rodeó a la pequeña, transportándola al instante a un lugar no tan apartado, haciéndola caer al suelo, lastimándose su tobillo debido al choque.
-Auch... - la pequeña niña observó a su alrededor y pudo notar que se encontraba en el corazón del bosque, cerca de un río (¿Lo ubican? De donde Ahome obtuvo el agua para tranqulizar a Inuyasha).
Al intentar ponerse en pie, su pierna flaqueó haciéndola caer al suelo nuevamente.
-Me duele... - el espejo, que yacía a un lado suyo, comenzó a brillar intensamente. Kanna le observó, temblorosa y lo sujetó con ambas manos.
-Lo hiciste muy bien, Kanna.
-Naraku... - el rostro del hombre que tantas desgracias había causado se reflejaba en el espejo, aunque su rostro lucía demacrado.
-Ahora, sácame de aquí, para que pueda resucitar de nuevo.
-¡No lo haré! Eres un ser despreciable, si nos ibas a permitir seguir con vida debiste pensar antes de darnos una conciencia.
-Ingenua, ¿crees que me interesa eso? Si no lo haces tú, yo me encargaré de salir de aquí. - Al instante siguiente una nube comenzó a salir del espejo y rodeó las muñecas de Kanna.
-¡No, aléjate! - exclamó soltando el espejo y lanzándolo hacia el río, comenzando a ser arrastrado por las aguas.
-No te librarás de mí... jamás... todo esto... será tu culpa. - escuchó la voz de
Naraku susurrar tan cerca, que parecía estar dentro de ella. La niña miró sus muñecas, la nube había desaparecido.
-No lo harás, no te permitiré salir de mi interior jamás... cometiste un error, Naraku - habló seriamente, poniéndose de pie sin ejercer fuerza en su tobillo lastimado y comenzando a caminar por el bosque, buscando ayuda.
-Quien cometió un error... has sido tú, ingenua.
Fin del Flash Back.
-Si hubiera conservado el espejo... habría sido capaz de encerrar a Naraku en él nuevamente, pero me dio tanto miedo que lo primero que hice fue deshacerme de él...
Las nubes comenzaron a disiparse y el ambiente se sintió cada vez menos pesado.
-¿Qué estás haciendo? - preguntó Kohaku al notar cómo todo a su alrededor comenzaba a compactarse en una pequeña esfera negra.
-Yo no estoy haciendo nada... - Kanna observó sorprendida a su alrededor, toda la maldad había sido encerrada en esa esfera - No se qué haya sido, pero puedo encerrar a Naraku nuevamente - agregó tomando al esfera y acercándola a su pecho.
-¿Estás loca?! Casi mueres, ¿qué ganas haciendo esto?
-¿Prefieres que lo expulse? Si hago eso, será más poderoso que antes, Naraku absorbió parte de todas las energías que purifiqué durante estos 10 años, es más poderoso que nunca... pero algo le hico retraerse en sí mismo y volver a ser la esfera que encerré cuando niña.
Kanna presionó la esfera contra sí, haciendo que se introdujera en su ser.
-¿Qué pasará ahora?
Kanna observó el suelo.
-Eso depende de tí, supongo. Por ahora, hay que regresar y arreglar todo esto...
Ambos jóvenes sintieron cómo todo a su alrededor daba vueltas.
-Están reaccionando - exclamó Sayuni, al ver que Kohaku abría sus ojos.
-La culpa fue solo mía - se oyó decir a Kanna, Inuyasha la observó, aliviado. Kanna por fin había recuperado el conocimiento.
-¿De qué hablas, pequeña? - Inuyasha se sintió tranquilo por primera vez en horas - No fue tu culpa, fue un accidente.
-No... Naraku regresará y será mi culpa... - No podía olvidar ese sueño, por más que quisiera - Si es o no una premonición, no importará, porque tarde o temprano Naraku será más fuerte que yo... no se qué milagro hizo que volviera a su etapa inicial, pero no ocurrirá de nuevo, lo se... así que... todo esto está ocurriendo porque seguí con vida...
Naraku renacerá porque decidí tener una vida normal.
Aucarod: Creo que ya se han hecho a la idea de lo que ocurre aquí xDDD espero que les haya gustado, dejen sus comentarios por favor Very Happy

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¿Era este nuestro destino? (Cap. 16) Autor: MikoAucarod

Mensaje por MikoAucarod el Vie Nov 07, 2008 6:07 pm

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Chapter 16: La verdad de las acciones
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Aucarod: Este episodio es muchísimo más corto que los anteriores, pero la razón es la siguiente: no hay inspiración, pero en cuanto se me ocurrió esto, no pude evitar escribirlo y traerlo para todos ustedes, espero les guste
COMENZAMOS!!
Antes que todo: Inuyasha y co. no me pertenecen T-T son todos propiedad de Rumiko Takahashi, la gran mangaka, aunque, en un intento de entretenerme un rato los tomé para hacer esta historia, sin fines de lucro ni nada xD solo diversión.
Lo que esté entre (paréntesis) son mis comentarios chafas xP
Título - ¿Era este nuestro destino?
Capítulo 16: La verdad de las acciones.

Rhin se encontraba sentada nuevamente junto al lago. Su expresión era de total consternación. A su lado, Shippo, reunía agua en varias botellas.
-Deja de culparte.
-Es que... lo que Kanna dijo...
-Naraku no regresará, tenlo por seguro. - Shippo decidió observar finalmente a la joven a su lado, causando que ésta se sintiera nerviosa y apartara su mirada.
-Aún así, me preocupa... después de todo, sus extenciones pudieron sobrevivir ¿por qué él no habría de hacerlo?
Shippo observó a sus espaldas, donde Seideca, Sayuni e Izumi se encontraban charlando seriamente. A un costado de ellas, Kagura y Sesshomaru (con Inutaisho en brazos) prestaban total atención a la charla. Miroku y Sango, sentados junto a Sayuni, escuchaban con mucho cuidado, mientras que Yumi, su pequeña, correteaba a Kirara cerca de ellos. Kohaku se encontraba recostado junto a un árbol, con sus ojos cerrados, mas escuchando atentamente.
-Parece ser que no se salvó del todo - habló Sayuni, analizando lo que ambas chicas le acababan de contar. - Solo parte de su esencia... requerirá un nuevo cuerpo para poder moverse... y resucitar.
-Kanna es quien porta su esencia, lo único que pueden hacer es destruirla si no quieren que Naraku regrese...
-¡¿Estás loca?! - exclamó el exterminador, poniéndose de pie. - ¿Es en lo único que pueden pensar? ¿En matarla? ¿Por qué no buscan una manera de expulsarlo de ella o purificarlo?
-Ni siquira Haku y yo, trabajando juntos pudimos contra él - habló Seideca, seriamente. - Aún cuando Kanna aceptó y permitió que intentaramos purificarla, no es posible. O la matas, o matas a Naraku cuando retorne. De cualquier manera, ella morirá.
Kohaku se sentó nuevamente, controlando las lágrimas que amenazaban por salir de sus ojos. Después de todo lo que habían pasado... ¿por qué tenía que ser así?
-No será la única - fue lo último que dijo, antes de mirar al cielo y perderse en sus pensamientos.
Rhin escuchó todo con atención y volvió a centrar su atención en el lago. Shippo observó a Sesshomaru, quien simplemente negó con la cabeza.
No había nada más que hacer.
--
-¡Kanna! - exclamó Ahome al ver a su hija con vida. Inuyasha y la joven albina acababan de salir del pozo, junto con Haku y Kaede, quien era llevada por su hermano, en brazos. La nombrada abrazó a su madre, la verdad creía que nunca la volvería a ver. - Que gusto, estás bien ¿no estás herida?
-No madre... tranquila, estoy bien - habló Kanna, a la par que observaba, por sobre el hombro de Ahome, a su padre, quien asintió levemente. Inuyasha le había pedido que no dijera nada con respecto a Naraku ya que no tenía caso preocupar a Ahome más de la cuenta.
-Que gusto, estaba tan preocupada, por un momento pensé que... no, no importa, todo está bien ahora - susurraba levemente la sacerdotisa, como no queriendo creer en las palabras de su padre... pero no podía engañarse por completo ya que su padre jamás mentía.
-Ahome, tranquilízate - habló Inuyasha, acercándose a su esposa y abrazándola por detras, cuando ésta hubo soltado a Kanna - no te alteres, no te hace ningún bien. Ya todo está solucionado y todos nos encontramos a salvo.
-¿Dónde está Shippo? - preguntó Hitomi, acercándose a Kanna, quien se hincó y abrazó a la pequeña.
-Él se quedó en el sengoku... dijo que tenía algo importante que arreglar, pero que no nos preocupáramos. - Contestó Haku, acercando a Kaede con Kikyo, quien se emocionó mucho al ver a su hermana gemela de regreso.
-Entiendo. - habló Hideki, sintiéndose algo desilusionado, quería mostrarle a su hermano el nuevo videojuego que le acababa de comprar su tío.
Un par de horas después, todos se encontraban dentro de la casa, los pequeños se divertían con su abuela, quien se encontraba haciendo galletas (cosa que ellos disfrutaban mucho pues les dejaba chupar los restos de masa que quedaban en las cucharas), Souta, Ahome y el abuelo se encontraban en la sala, charlando seriamente con Haku por lo que habían hecho, a Shippo lo regañarían cuando regresara y Kanna... Inuyasha había dicho que ya había sufrido suficiente castigo.
La joven albina se encontraba en su habitación, la que antes fuera de Ahome en su adolescencia, todo seguía igual, salvo que había cambiado los colores por unos más claros. Nunca le había gustado el rosa.
Kanna observaba la pared, recostada en su cama, pensando qué hacer. En ese momento Inuyasha ingresó a la habitación, con una taza de leche chocolatada.
-Te fascina el chocolate, ¿no? - habló Inuyasha, sonriente, colocando la taza humeante en el mueble junto a la cama y sentándose en la orilla de la misma. Kanna no se movió en lo absoluto - Pensé que te ayudaría a sentirte mejor.
-¿Cómo puedes actuar como si todo estuviera bien? - susurró lentamente la joven, con dolor en sus ojos - ¿Cómo puedes seguirme queriendo sabiendo que dentro de mí guardo la esencia de tu némesis? Que el ser más repulsivo del mundo esté aquí... - dijo colocando una mano en su pecho. - Desearía poder morirme...
-Kanna no quiero que vuelvas a decir esas estupideces - le regañó, mas acariciando levemente su cabello. - No importa qué sea lo que haya ahí... tu no dejarás nunca de ser mi hija. No puedo odiarte porque un mal nacido se rehuse a irse al infierno.
-¿Y si las premoniciones...? Papá, no quiero que sufras... no quiero que ninguno de ustedes muera... no quiero que eso pase...
-Amor, ¿es que aún no te has dado cuenta? - habló tiernamente Inuyasha. - Kohaku me contó del primer sueño que tuviste... no ocurrió, ¿verdad? Las premoniciones no son leyes exactas. Precisamente, si sabes lo que ocurrirá, puedes poner el remedio, ya lo viste, según tu sueño, tú debiste morir en la cueva. Eso era lo que te preocupaba ¿no?
Kanna asintió levemente.
-Llevaba ya diez años haciéndome a la idea de que moriría en la cueva de Onigumo, llevaba diez años sabiendo que iba a morir así, liberando a Naraku dentro de mí, desapareciendo mi cuerpo y transformándome en él, muchísimo más débil y como todos se encontrarían ahí no habrían tenido problemas en derrotarlo. Tú eras quien despedazaba el cuerpo de Naraku en un momento de ira por haberme perdido... su esencia sería purificada por completo por Seideca y habría sido el fin definitivo para él.
-Y no ocurrió así, ¿lo ves? Las premoniciones las puedes cambiar y muchas otras veces son solo sueños.
Kanna finalmente se enderezó y se sentó al lado de su padre.
-Unos horribles sueños... muchas premoniciones que he tenido no han dado nada más que sufrimiento y se han cumplido... solo faltaba esa, que no se cumplió... y en la que todos ustedes mueren... y esa no quiero que se cumpla...
-Cuando tienes premoniciones, ¿siempre son así? ¿son sueños horribles?
-Así es, raras veces sueño y esos son los sueños que tengo con más frecuencia... yo... la verdad es que no se cómo diferenciar los sueños de las premoniciones... los que veo más reales son las premoniciones, al menos esas son mis teorías.
Inuyasha sonió levemente y tomó la taza de chocolate, dándosela a la joven a su lado, quien comenzó a beber, sintiéndose más tranquila.
-Deberías aprender entonces a identificar esos sueños... cuando menos te lo esperes, el sueño más pequeño que hayas imaginado podría ser algo real.
Kanna dejó de tomar en ese momento y, sorprendida miró a su padre...
-Esto... - Inuyasha sonrió, finalmente Kanna lo había entendido.
-¿Lo recuerdas? cuando tenías once años, me dijiste, muy contenta, que habías soñado que tomabas una taza de chocolate conmigo y que podías contarme de lo que quisieras sin temor alguno. ¿No era este momento lo que soñaste?
Kanna dejó caer la taza y se abrazó a su padre, entre sonriendo entre llorando, muy agradecida.
-Gracias... gracias... - susurraba sin parar, con una gran paz en su interior, a lo que Inuyasha correspondió su abrazo, tranquilizándola.
-Yo soy tu padre, sin importar qué, aquí siempre me tendrás.
Del otro lado de la puerta, Kikyo, sonrió y comenzó a caminar hacia su propia habitación, con un plato con galletitas que había pensado entregarle a Kanna, mas no quizo interrumpir el momento, pese a tener solo tres años, su esencia seguía siendo igual de poderosa y sabía muy bien cuándo no debía interrumpir.
-Aquí estabas, hermana - habló una voz familiar, tras ella.
-Kaede, me da tanto gusto ver que Inuyasha haya encontrado lo que tanto buscó por años...
La pequeña niña se acercó y se sentó junto a su hermana, la mayor por solo unos minutos, quien se había colocado sobre la cama que compartían ambas niñas. En ese momento no eran las pequeñas de tres años, los espíritus de Kikyo y Kaede vivían en ellas.
-Y me alegra aún más - continuó hablando la joven Kikyo, pues en ese momento su esencia no era la de ninguna bebé - poder ser parte de su felicidad sin resentimiento alguno, o sabiendo que me interpongo en alguno de ellos dos...
-¿Te refieres a Ahome? - preguntó Kaede, tomando la mano de Kikyo, por si necesitaba consuelo, mas al ver que sonreía cálidamente, no pudo menos que dar gracias por que su hermana finalmente había sido liberada de su sufrimiento.
-Si no hubiera sacrificado mi vida en ese momento, Ahome no estaría aquí, Inuyasha no tendría esto... ¿te das cuenta Kaede? Pude ser egoista y morir con mis almas... me habría condenado, y sin embargo aquí estoy, con una nueva y verdadera oportunidad de vida... junto a mi amado Inuyasha, junto a tí, junto a Ahome... con una familia...
-Cuando crezcas... - Kaede no pudo evitar preguntar, esa espinita no la dejaba en paz.
-Cuando crezca seré la hija más educada, que más querrá a sus padres como a nada en el mundo... y tendré una nueva oportunidad de amar - Kaede se tranquilizó de sobremanera al escuchar esa confesión - No soy capaz de traicionar a quienes me han brindado tanto amor. Lo amo, es cierto, pero ahora es solo como mi familia, esta vez es mi apoyo, es mi enseñanza. Lo amo porque es mi padre. Y eso jamás cambiará.
-Si con Kanna, que es adoptada no cambió, dudo mucho que a nosotras nos pase - rió Kaede, sin la menor malicia, haciendo que Kikyo riera.
-Sí lo se... solo... me pregunto cuándo se darán cuenta...
-¿De la perla? Bueno, es más que obvio que saben que Ahome volvió a fusionarse con ella...
-Sí, pero cuando nacimos, la perla se partió a la mitad y se fusionó en nosotras. ¿No crees que eso sea importante para ambos el saberlo?
-Si es importante, con el tiempo lo descubrirán. No es bueno apresurar las cosas, y lo sabes.
-Sí, tienes razón... solo espero que todo salga bien.
-Ya verás que sí, no en balde son nuestra familia.
Así, con una sonrisa en sus labios, ambas esencias volvieron a dormir, dejando solo a dos hermanas traviesas de tres años, sentadas en la cama, comiendo galletas con chispas de chocolate.
Aucarod: Espero que les haya gustado el episodio Very Happy es todo por hoy, prometo dar mi mayor esfuerzo para continuarle Very Happy

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¿Era este nuestro destino? (Cap. 17)

Mensaje por MikoAucarod el Miér Nov 26, 2008 7:29 am

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Chapter 17: Nuevos descubrimientos
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Inuyasha se encontraba sentado bebiendo una taza de café. A su mente volvía el recuerdo de la última batalla contra Naraku, así como las
diversas fechorías que se había atrevido a cometer contra él, su familia y amigos. Ahora el simple hecho de saber que no había muerto le ponía
los nervios de punta y le hacía sentir que nada de lo que habían sacrificado en su momento había valido la pena.
¿La muerte de Kikyo y el sacrificio de Ahome habían sido en vano para derrotar a ese mal nacido?
El haber luchado con toda su alma y haber entregado hasta sus últimas energías en vencerlo... ¿había sido en vano?
Su vista se perdió en el vaso de crema que había ante sí. Sujetó con fuerza su propia taza mientras pensaba con amargura, que encima, ese
villano había infectado a Kanna.
Ahora su hija debía pagar con...
El vaso de crema se estrelló contra la pared justo cuando Ahome ingresaba a la cocina.
-¿Qué rayos pretendes, Inuyasha? - regañó la mujer a su marido, mas al observar su rostro toda muestra de enfado desapareció.
El joven observaba, aterrado, los trozos del vaso y la crema derramada en el suelo.
-Ahome, te juro que yo no lanzé eso - susurró sin apartar su mirada del lugar.
-Si no fuiste tú entonces qué fue lo que... - la joven no pudo concluir su frase ya que al instante siguiente, los restos del vaso que yacían en el
suelo, se elevaron mágicamente y atravesaron la estancia, rompiendo la ventana del fregadero.
-¡Maldita sea, otra vez no!
-¡Por Dios Inuyasha, cálmate!
Con ese grito fue que perdió todo rastro de sueño, si sus padres comenzaban a pelear ya no habría manera de que hubiera paz en el hogar
durante el resto del día. Kanna se enderezó de su cama y se desperezó, observando luego su habitación.
Ya llevaba dos semanas viviendo en la época actual, ¿cuánto tiempo más tendría que esperar?
La joven salió de su habitación y bajó a la cocina, mas al entrar notó que Inuyasha estaba frente a ella, mirándola con odio y tronando sus
garras, dispuesto a atacar.
-¿P..pa...papá...? - al escuchar su voz, Inuyasha reaccionó y cambió su mirada (digna de una pelea) por una mirada más tranquila, aunque
preocupada.
-Kanna... yo...
-No te preocupes, entiendo... - La joven comprendía el porqué de su comportamiento.
Desde que había sellado a Naraku, nuevamente, dentro de sí, el olor de ese monstruo se iba intensificando cada vez más, por lo que para el fino
olfato del hanyou era como oler nuevamente la esencia de Naraku, eso lo hacía mantenerse alerta todo el tiempo e incluso despertar en
ocasiones por la noche, para ir a asesinar a ese sujeto, mas al ver a Kanna reaccionaba y jamás le hacía nada, salvo prepararse para el ataque
(¿eso es nada?)
Aunque entendía el motivo, le dolía, y debía aceptarlo, que su padre la mirara con odio a veces, sabía que no era un odio hacia ella en sí, sino
hacia el ser que había en su interior, pero no dejaba de ser hacia ella físicamente. Eso dolía.
-¿Por qué pelean ahora? - preguntó, fingiendo, como se había vuelto costumbre en esas últimas dos semanas, que la mirada de su padre no le
había afectado.
-No estábamos peleando - contestó Ahome, ajena al problema que atormentaba a su hija. - Es que algo raro está sucediendo con tu padre y eso
me exaltó.
-¿Algo raro? - Kanna observó la ventana rota y pasó luego su mirada a sus padres. Inuyasha la veía fijamente. - A mí me parece que sí están...
-¿Por qué pelean, hija? - preguntó la madre de Ahome, ingresando en la cocina y observando el vidrio roto - Yo no pagaré por eso - continuó,
tranquilamente.
-Mamá, los trozos del vaso de crema volaron mágicamente y rompieron...
Kanna comenzó a gritar con algo de miedo, al sentir cómo era elevada por los aires, sin nada que la sostuviera.
-¡¿Qué está pasando?! - El notar la mirada como en trance que Inuyasha le dirigía no ayudó en nada. - ¡Bájenme!
El resto de la familia había llegado a la cocina, curiosos por los gritos a tan temprana hora, mas al ver a Kanna así no supieron ni cómo
reaccionar.
Hasta ese momento, Inuyasha salió de su trance y observó a Kanna levitar, cosa que le sorprendió, mas al instante siguiente, la joven calló al
suelo, e inmediatamente después Ahome y el resto de la familia se encontraban a un lado de Kanna, preguntando por su estado.
-Estoy bien, en serio.
-¿Qué rayos pasó? ¿Por qué...?
-¿Recuerdas lo que nos contó Sayuni? - preguntó Kanna, observando divertida a su padre, quien no salía aún de la sorpresa.
-De entre tantas cosas que ha dicho mi hermana, ya no se a qué prestarle atención.
-Hace años, dijo algo sobre tus habilidades, ¿lo recuerdas? que todo se manifestaría a su tiempo.
-Y también recuerdo que nunca quizo explicarme cuáles eran. - Habló con algo de coraje, pues su hermana le había pagado con la misma moneda
el hecho de que de pequeños él hubiera sido duro con su entrenamiento.
-Inuyasha, sabes que lo hizo por tu seguridad, desde que perdiste toda tu energía al curarme, ella prefirió que cuando se manifestaran tus
poderes de manera natural, nos lo haría saber, ya que así, no gastarías tus fuerzas innecesariamente.
-¿Entonces... esto que ocurrió fue... por culpa mía?
-Papá, tienes poderes telequinéticos - dijo Kanna, con una gran sonrisa en su rostro.
---
-Rhin, ¿ya estás lista?
-Enseguida voy, Kohaku - respondió la joven, desde el interior de la cabaña donde vivía con su familia.
-¿Vas a salir? - habló Kagura, con Inutaisho en brazos.
-Sí, iremos al bosque, Kohaku dijo tener una sorpresa para mí. - contestó sonriente, terminando de arreglar su ropaje.
-Últimamente pasas todo el tiempo con él... hija, recuerda que él no...
-Nos vemos en la noche, madre - habló Rhin, sin cambiar su semblante ni dejar terminar a Kagura de hablar.
-¿Todo en orden? - preguntó Kohaku, tranquilo, observando a la joven ante él.
Rhin lucía preciosa. Portaba un kimono con tonalidades entre celestes y verdes que realzaba su figura. Su cabello, largo y liso, caía libre por su
espalda.
-Claro, ¿nos vamos?
-Por supuesto - Kohaku extendió su brazo hacia Rhin, quien lo tomó gustosa. Ambos comenzaron a caminar hacia el bosque.
Shippo los observó marcharse y ensombreció su mirada levemente.
-¿No deberías estar con tu familia? - preguntó Sayuni, acercándose con unas cuantas hierbas medicinales.
-Fui la semana pasada, me regañaron y después mi padre me pidió que permaneciera aquí por un tiempo... mientras ellos regresaban.
-Nosotros sabemos cuidarnos. - respondió la joven híbrida de mala gana - el que no pueda transformarme no quiere decir que sea una ignorante
en peleas.
-Más bien... lo que quiere es protegerme... sería demasiado raro que nos mantuviera cautivos a todos en esta época, así que a los demás los
cuida allá, mientras que a mí y a Haku nos mandó de regreso, alegando que debíamos proteger la aldea.
-¿Y qué piensa? ¿Es mejor que Naraku renazca en la época actual y la destruya?
-Cree que manteniendo a Kanna lejos de las energías malignas de los monstruos de este lugar, evitará que Naraku resurja... - Habló Haku,
llegando en ese momento a la cabaña
-Entiendo...
-Shippo, acabo de ver a Kohaku y Rhin, se dirigían a la cascada que está cruzando la tumba de nuestra abuela.
-¿Por qué llevaría a Rhin a ese lugar? - preguntó Sayuni, causando que Shippo mirara con rencor el suelo.
-Maldito Kohaku...
-No lo juzgues... lo hace solo por su promesa.
-Por eso... solo está haciéndole daño a Rhin... y encima, apuesto a que por esto mismo Kanna ha de estar sufriendo.
-Kanna no está aquí, y al parecer ella ya lo sabía, sobre la promesa de Kohaku y Rhin de estar siempre juntos.
-¿¡Y por qué demonios los dejan seguir con ello?! Inuyasha no cumplió su promesa con Kikyo, ¿¡por qué Kohaku debe hacerlo?!
-Shippo - habló Sayuni, duramente - te he dicho muchas veces que no compares las situaciones, si Kohaku hace esto, es por alguna razón. Dale
tiempo al tiempo, todo se solucionará.
-Eso es lo que espero...
---
-¿Kohaku? Esta parte del bosque no la conozco... ¿a dónde me llevas?
-Te dije que te tenía una sorpresa - habló el joven, sonriendo, observando a su acompañante.
Y ahí estaba esa sonrisa.
-Kohaku... - Rhin se detuvo abruptamente, causando que el muchacho le observara preocupado.
-Aún no llegamos, ¿por qué te detienes?
-No quiero que sigas con esto.
-¿De qué hablas? Date prisa, si no quieres que se nos haga tarde - replicó, tomando su mano y volviendo a sonreir.
De nuevo esa sonrisa...
-No, Kohaku - habló Rhin, soltándose suavemente del agarre y sentándose en una roca cercana al lugar. - No quiero que sigas haciendo esto.
El joven la miró sin entender.
-¿A qué te refieres con "esto"?
-No quiero que me sonrías con falsedad... con quiero que me des sonrisas forzadas... que sonrías y tus ojos muestren tristeza y dolor. No quiero
eso.
El joven observó el suelo.
-Lo lamento, no es mi intención, pero te lo prometí y cumpliré con mi promesa. Te prometí que estaría contigo por siempre, y soy un hombre de
palabra.
-¿Aún y cuando eso te esté destruyendo? - preguntó la joven, sin levantar la mirada.
Kohaku guardó silencio, respondiendo todas las dudas de Rhin.
-¿Es que aún no te has dado cuenta? - continuó hablando la joven - Yo nunca quize interponerme entre ustedes dos... jamás insistí... y se lo
que es morir por dentro cuando no puedes estar con la persona a la que amas... - Rhin observó a Kohaku y le sonrió sinceramente. - ¿No te has
dado cuenta? Jamás faltaste a tu promesa.
Kohaku la miró sin entender. Esas últimas dos semanas había dedicado todo su tiempo y atención a la joven ante él, pero antes no lo había
hecho, ¿por qué decía esas cosas?
-Kohaku, desde que éramos niños siempre hemos estado juntos, aún cuando me olvidaste y nunca recordaste verdaderamente quién era yo,
volviste a conocerme, y tuvimos una hermosa amistad todos estos años...
Rhin se puso en pie y abrazó al joven ante ella, mas éste sintió que ese abrazo fue muy distinto a los anteriores que le había brindado. Este
abrazo... demostraba mucho cariño.
-¿Recuerdas tus palabras? - habló observando al joven ante ella, sin soltarlo de su abrazo.
(Flash back)
-Kohaku - habló Sesshomaru, haciendo que todos le observaran - Te resucité bajo el pedimento de Rhin. Le debes la vida a ella.
-Sí, lo se - fue la respuesta del joven exterminador - Te lo agradezco en verdad. - Kohaku se dio la vuelta, dispuesto a marcharse, aún no
olvidaba que debían encontrar a Inuyasha y a Ahome.
-Espera, ¿piensas marcharte tan pronto? - preguntó tristemente la niña, haciendo que el exterminador volviera sobre sus pasos y se hincara
junto a ella, pues era más alto.
-Te prometo que regresaré, ahora debo ir en busca de unas personas... pero toma esto - Kohaku le entregó su fragmento a Rhin, quien lo tomó
con mucho cuidado - esta es la prueba de que regresaré, no te preocupes. De ahora en adelante te prometo que estaré contigo... ya que te
debo la vida.
-¿Solo es por tu compromiso? - preguntó, haciendo un leve puchero.
-Claro que no - contestó sonriendo ante ese gesto - También es porque te quiero mucho. Rhin, eres la primer amiga que he tenido, aun siendo
presa de Naraku...
------
-Desde que llegué no has dejado de sonreir, ¿puedo saber el motivo? - preguntó Hakudoshi, a lo cual Rhin observó, algo sonrojada el suelo.
Kagura iba adelante, intentando alcanzar a Sesshomaru quien, completamente ajeno a la charla, avanzaba sin mirar atrás.
-Pues... es que me pone muy contenta el tener a Kohaku a mi lado. El también fue mi primer amigo y... pues lo quiero mucho.
Hakudoshi observó a Kohaku, quien miraba el suelo, entre soprendido y triste.
-Rhin yo... yo también te quiero mucho. - fue la respuesta del exterminador - Después de todo - pensó - Kanna... no siente nada por mí.
-¿Lo dices en serio? - preguntó la pequeña, ilusionada.
-Claro que sí - le sonrió - y mas ahora... estaremos juntos siempre, ya que has salvado mi vida. Te lo debo... y además quiero hacerlo - agregó al
ver cómo Rhin volvía a hacer pucheros por sonar a compromiso.
-Claro - sonrió nuevamente - estaremos juntos, por siempre.
------
-Creo que comenzaremos a vivir aquí, en la aldea - habló Rhin, abrazándose del brazo de Kohaku, quien se puso algo incómodo. Acababa de
recordar su promesa para con Rhin y al mismo tiempo el que le debía la vida. - Ahora podremos estar juntos de ahora en adelante.
-Escucha Rhin... hay algo que debo decirte...
-¿Qué ocurre? - preguntó la pequeña, observándolo con curiosidad, mas algo le daba mala espina. Kohaku se veía muy serio.
-Escucha... yo...
Un grito desgarrador se escuchó en ese momento. Era un grito potente, lleno de dolor y amargura. Sentimientos de tristeza, ira, dolor y muerte
eran transmitidos a través de ese grito. Era imposible de describir, calaba hasta los huesos, cada partícula del cuerpo temblaba ante ese terrible
sonido. Entre todo eso, Kohaku distinguió al portador de esa voz
-¡Kanna! - exclamó soltando el balde que traía en manos y comenzando a correr hacia la aldea, sin voltear atrás, sin mirar a Rhin, sin importarle
nada más que la seguridad de la joven albina. Todos le siguieron rápidamente.
Kanna gritaba, atrayendo a todos en la aldea. Ahome e Inuyasha intentaban tranquilizarla. Sango impedía que Kohaku, Shippo y Haku entraran,
mientras que Miroku intentaba tranquilizar a Sayuni y Kagura, quienes se mostraban muy preocupadas por la niña.
-¡Hermana, dejame entrar! Es Kanna, necesita nuestra ayuda.
-No deben entrar, Kohaku... es por tu bien, no puedo permitirles que la vean...
Rhin y Sesshomaru observaban todo, algo alejados. Rhin parecía triste, era lo bastante inteligente como para comprender lo que pasaba. Al
instante siguiente cesaron los gritos y tras unos segundos, Kanna salió de la cabaña.
Kohaku observó a Kanna mas su vista se cruzó en el trayecto con la de Rhin. Su cabeza comenzó a doler como nunca en su vida y la sujetó,
intentando mitigar el dolor. Luego, al mirar los ojos perdidos de Kanna algo en su interior se desmoronó. Casi al mismo tiempo, las miradas de
ambos niños se cruzaron. Kanna y Kohaku se desmayaron al mismo tiempo, no antes de que la pequeña susurrara palabras inentendibles para los
presentes, salvo Kohaku, quien le entendió y sufrió aún más por sus palabras.
-No olvides tu promesa. Ya lo se. Pero... una promesa es una promesa.
(Fin del Flash Back)
-Jamás dijiste que me amarías o algo parecido. Realmente has cumplido con tu promesa... Kanna no merece esto, tú no mereces esto... y yo
tampoco meresco esto. Eres mi amigo, y te aprecio mucho, sé que me amas, no de la manera que me gustaría, pero al menos lo haces... ¿no es
verdad?
Kohaku sonrió con sinceridad por primera vez en esas dos semanas y asintió con su cabeza.
-Eres mi primer amiga... te tengo mucho afecto, pero... sí, es solo un amor filial.
-Lo se... y has cumplido muy bien con tu papel de hermano mayor - agregó sonriéndole dulcemente. - Es por eso, que considero que esa
sorpresa que me tenías preparada... no me corresponde a mí el recibirla. Le corresponde a Kanna. Así que creo que hay que volver a la aldea,
para esperar su regreso, que por cierto, cuando vuelva se llevará una buena reprimenda por dejarnos abandonados por varios días.
Ambos se sonrieron y se dieron un nuevo abrazo.
-Muchas gracias, Rhin.
-No hay por que, para esto estamos los amigos.
Y eso era verdad.

Continua en la primer respuesta

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Re: ¿Era este nuestro destino?

Mensaje por MikoAucarod el Miér Nov 26, 2008 7:29 am

---
-¡¿Pero por qué no?!
-Kanna - habló Inuyasha, observando fríamente a su hija - Es peligroso que vayas, debes quedarte aquí.
-También tengo derecho de regresar. Allá está Kohaku, ¿qué quieres que haga? ¿Quiéres que mande mi vida a la borda por culpa de Naraku?
-Quiero protegerte, solo iré a investigar con Sayuni si esto de los poderes telequinéticos es verdad o no, y regresaré. Después, en una visita controlada podrás venir, mientras tanto permanecerás en esta era libre de esencias malignas.
-Jah, sí como no, los humanos son unos santos, padre - habló con amargura la joven albina.
Inuyasha sabía que no era justo, pero de momento era lo mejor, así no correría ningún riesgo.
-Te prometo que el fin de semana te dejaré ir. Pero por ahora tienes que ir a la escuela. - Fue su última palabra antes de lanzarse al pozo.
Kanna se vio tentada a ir, mas se detuvo en seco y suspiró irritada ¿por qué rayos siempre le obedecía?
-Algún día deberé rebelarme, ya no soy una niña, por Dios...
La joven ingresó a la casa, solo para tomar su mochila y salió camino a la universidad. Las vacaciones de verano habían cocluido y aunque llevaba varias semanas viviendo en la época antigua, había justificado las faltas gracias a las enfermedades que su bisabuelo se encargba de decir, y sumado al largo historial de enfermedades de su madre, nadie puso objeción alguna al escuchar que Kanna había estado en coma por culpa de la "Fiebre del Turista" cuyo significado seguía siendo un misterio para la familia.
Kanna cursaba su segundo grado de universidad. Uno mas y terminaría la carrera. ¿Su profesión? Historiadora, obviamente.
-Kanna! - llamó una chica, de color azulado, largo y liso, acercándose a la joven al verla bajar por las escaleras del templo.
-¿Cómo estás Yuno?
-Yo debería preguntarte eso, ¿cómo seguiste de tus enfermedades?
-Pues mejor, obviamente - contestó con una sonrisa - aunque presiento que me enfermaré próximamente.
-¿Otra vez? Por Dios, faltas muchísimo a la escuela, no se cómo es que tienes tan buenas calificaciones.
-Eso es algo que definitivamente no heredé de mi padre - pensó divertida, mas al instante siguiente su expresión cambió por una de total tristeza - Jamás heredaré algo de mis padres, porque yo no soy su hija biológica... yo soy...
-¿Kanna? ¿Qué te ocurre? - preguntó la chica llamada Yuno, al notar que la joven repentinamente había cambiado su semblante por uno deprimido. - No me digas que terminaste con tu novio.
-Claro que no - reaccionó al instante (XD) - de hecho hace poco nos tomamos una fotografía, ¿lo quieres conocer?
-Por supuesto! - exclamó con emoción - Comenzaba a dudar que en verdad tuvieras uno.
-Gracias por el apoyo - habló sarcásticamente, sacando su cámara digital de su mochila. - Mira, éste es.
La joven le mostró a Yuno una fotografía, donde salía Kanna sentada a los pies del arbol sagrado, con Kohaku abrazándola por la espalda.
-Es muy guapo... ese es el árbol que está en tu casa ¿verdad?
-Así es
-¿Y por qué hay tanto cesped en esta imagen?
-Photoshop, obviamente.
-Ah, ya veo. - Sí, definitivamente la era de la tecnología le caía de perlas a la joven albina.
La universidad quedaba muchisimo más cerca que la secundaria en la que antes hubiera estudiado Ahome, por lo que no faltó mucho para que ambas llegaran a la institución.
-Nos veremos en el receso, hasta luego Kanna!
-Nos vemos - contestó la joven, a la par que caminaba por el pasillo hacia su casillero. Al abrirlo, una gran montaña de rosas cayeron de éste al suelo, algunas estaban marchitas y otras era obvio que habían sido colocadas ese mismo día.
La joven las tomó, sin ninguna expresión y comenzó a lanzarlas una tras otra en el contenedor de basura más cercano.
-¿Qué estás haciendo, Kanna? - Se oyó una voz femenina a espaldas de la joven
-Hola Misato - habló sin siquiera observar o distraerse de su tarea.
-¿Sabes lo que muchas pagaríamos por estar en tu lugar?
-Lo estoy regalando, pero nadie ha venido a recogerlo, ¿te interesa?
-No seas payasa.
-No lo dije jugando. - Kanna se cansaba cada vez más de esa situación. - ¿Y según mi padre aquí no sufriré estrés, cambios de humor ni recibiré energías malignas? Está loco... - concluyó sonriendo y sacando las cosas que necesitaba de su casillero, guardando lo inservible y cerrándolo con llave luego. -Recuérdame tapear las rendijas después y cambiar la combinación del candado.
-Sí señora - contestó con burla Misato.
-Es en serio.
-Lo se - agregó con una sonrisa la joven - Es solo que me sorprende que puedas serle tan leal al novio del que tanto platicas, que por cierto no se si exista o no ya que nunca me lo has pres... WOA!! ES GUAPÍSIMO!!! - Kanna había interrumpido a la chica mostrándola la imagen que antes mostrara a Yuno - Excelente trabajo en photoshop
-Gracias.
El día transcurrió normalmente como siempre que asistía a la escuela, se desacía de las cartas y flores de sus pretendientes e ignoraba los piropos de los chicos que la veían al pasar.
Era obvio que no le interesaban.
-Eres rara - le dijo Yuno a la hora del almuerzo, sentada junto a Misato.
-No, simplemente los jovenes de aquí... no son mi estilo. - Contestó comiendo algo de ramen, cortesía de Inuyasha, era tan fanática como él de las sopas instantáneas.
-Bueno, yo me retiro, tengo que limpiar el aula antes de la siguiente clase. - Habló Yuno
-¿Tenemos qué? - Preguntó Misato, haciendo berrinche. - Odio limpiar.
-No es santo de mi devoción tampoco, pero debemos cumplir con nuestro deber, así que andando.
-Claro, nos vemos Kanna
-Hasta luego!
La joven albina se quedó sola en el cesped, terminando de comer su almuerzo. Los chicos pasaban y la veían mas nadie se atrevía a acercársele. Por mucho que les gustase, había algo en ella que los hacía evadir cualquier contacto directo con ella.
-Son unos estúpidos, ¿no es así Kanna?
-Cállate - Habló la joven colocando su mano en su pecho y comenzando a rezar, encerrando nuevamente a Naraku - No se cómo pero no te saldrás con la tuya.
La clase que seguía era la favorita de Kanna, historia antigua. Le iba perfectamente bien ya que algunas historias que veía las conocía perfectamente (algunas hasta sabía que habían sido alteradas) y en el último examen la mayoría de las preguntas habían tratado de la aldea de exterminadores y su tía Sango, así que realmente había sido como preguntarle a su padre cuánto tiempo tomaba una sopa instantánea el coserse.
-No, creo que exageré con eso último - pensó divertida a la par que ingresaba en el salón.
-Bien muchachos - habló la maestra, poniéndose de pie y atrayendo la atención de la clase. - El día de hoy veremos las leyendas de nuestro país, y quiero que me hagan un reporte al respecto de lo visto en clase ¿entendido?
-Perfectamente - susurró divertida, a la par que la maestra les entregaba las copias con las que trabajarían ese día. Lo único malo de esa materia es que los libros escritos eran tan viejos que se dañaban con gran facilidad, por lo que solo había uno en biblioteca y se pedían únicamene para sacar copias y poder trabajar en base a la información... aunque podías pedirlo prestado para leer, siempre estaba siendo usado y había una laaaaaaaaarga lista de espera para poderlo leer, por eso Kanna no podía adelantarse en las lecturas o en los acontecimientos. Cosa que últimamente la estaba poniendo nerviosa, ya que faltaba poco para llegar a los sucesos que actualmente vivía y sentía curiosidad (a la vez que miedo) por averiguar qué sucedía con todos.
Fue por eso mismo que al leer el título de la leyenda que les dieron sintió un tremendo escalofrío recorrrer su espalda.
-Profesora... esto es más bien un mito ¿no es así? - preguntó, temiendo la respuesta
-Señorita Taisho, usted mejor que nadie, dados sus conocimientos sobre la época antigua y nuestra historia, debería saber que esta es una de las leyendas más realistas con las que cuenta nuestro país, muchos juran que es un hecho real. No solo una leyenda.
Kanna observó con dolor los papeles ante ella.
En la imagen de encabezado figuraba una mujer, madura, de cabellos largos y plateados, portando una armadura y vestimentas de sacerdotisa, junto a ella, un guerrero portando un traje de exterminador se mantenía en posición de batalla, contra diversos seres que figuraban a su alrededor.
-Obviamente quisieron dramatizar haciéndonos ver adultos...
-¿Dijiste algo, Kanna?
-No, nada Misato.
Ella desparecería de la faz de la tierra...

Espero les haya gustado este nuevo episodio, y no me maten por dejarlo ahí por favor T.T

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Re: ¿Era este nuestro destino?

Mensaje por amerika-kikio el Dom Nov 30, 2008 5:51 pm

oola!
aaaaa xke lo dejas asi!!!
no te kiero matar pero
kiero la conti!!
xfas!!
ia lo lei todo!!
bye
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¿Este era nuestro destino? Cap. 18

Mensaje por MikoAucarod el Lun Ene 05, 2009 6:54 pm

Este es un poco más pequeño, que el resto de los episodios que he escrito, pero espero, les guste ^^

--------------------------------------------------------------------------------
Chapter 18: Liberación
--------------------------------------------------------------------------------

Caminaba de regreso a casa, sola. Esta vez había peleado con Yuno y Misato, por cosas que no les concernían. Su padre había prometido llevarla a la época antigua el fin de semana, mas el hanyou nunca regresó desde que se marchara por última vez, y ya hacían cinco días desde eso.
En un arranque de ira y frustración peleó con sus amigas, marchándose luego de la escuela, no sin antes terminar la materia de Historia Antigua donde, nuevamente, habían visto la leyenda del exterminador y la sacerdotisa y el tema no le gustaba para nada, todo ese tiempo había rezado por que fuera una historia alterada, como la mayoría de las historias que había visto sobre sus familiares y amigos, donde alteraban todo para hacerlos quedar como héroes al ciento por ciento.
Sin embargo ella misma sabía que no era así.
La leyenda hablaba de un amor entre dos personas completamente distintas, una por ser servidora del mal y el otro por ser un exterminador de monstruos. Ambos unieron sus fuerzas siendo jóvenes para proteger al Sengoku de las garras del mal cuando, años después, la chica pudo liberarse del ser que la controlaba, siendo luego una poderosa sacerdotisa, reparando los daños que había causado. Si las fechas concordaban, (y vaya que lo hacían) diez años pasaron desde la destrucción de la mayor fuerza del mal (Naraku, obviamente - pensaba con intriga) y fue cuando, repentinamente y sin explicación alguna, la sacerdotisa desapareció de la faz de la tierra.
-Es obvio que hablan de mí... si desaparecí sin dejar rastro entonces significa que me quedé en esta época por el resto de mi vida... pero...
Tras la desaparición de la joven sacerdotisa, el exterminador partió en su búsqueda, junto con un ejército y guerreros aliados (lo más lógico es que se marchara únicamente con Rhin, Haku, Shippo y si acaso Sayuni... vaya ejército) destruyendo a todos los monstruos que encontraran a su paso, esperando que alguno de ellos la mantuviera cautiva.
-Es por eso que dicen que todo rastro de maldad y monstruos desapareció conmigo. Porque arrasaron con todo en un intento de encontrarme. - La joven bajó su rostro y detuvo su caminata. No podía olvidar la charla de esa mañana con su profesora al terminar la clase.
-Y no olviden su reporte al respecto del tema, para el próximo lunes.
-Profesora...
-¿Qué ocurre, Kanna? ¿Tienes algún problema con el trabajo? - preguntó tranquilamente la maestra, observando a la mejor de sus alumnas ante ella.
-No, lo que sucede es que... bueno, me gustaría saber en qué termina esta leyenda... es de las pocas que desconozco y quisiera saber ¿qué ocurrió con el exterminador que protegía a la sacerdotisa?
-Estaba muy enamorado de ella ¿no es así? - preguntó sonriendo cariñosamente. De todas, esa era su leyenda favorita.
-Eso quiero creer... - susurró con tristeza la joven albina.
-Pues bien, como viste el día de hoy, fue gracias a su amor y la determinación por encontrarla que recorrió un largo viaje, exterminando monstruos y deshaciéndose de las energías malignas. Sin embargo, posteriormente en la historia cuenta tres hechos distintos al final, dado que nunca se pudo confirmar lo siguiente...
Kanna observaba expectante a su profesora, esperando que terminara de narrar su historia. ¿Cómo terminó Kohaku?
-Se dice que al terminar con todos y no encontrar a su amada el hombre cayó en una profunda depresión, dejándose morir, creyendo que solo así podría estar con ella - Kanna palideció, ¿Kohaku dejándose morir? Eso era algo de lo que sí le creía capaz de hacer. - Otros dicen que, tal y como la sacerdotisa, él desapareció igualmente, de forma misteriosa...
- Eso sería imposible - pensó, preocupada - Kohaku no puede atravesar el pozo.
-Y la tercera opción que nos dió el autor, es que pasaron tantos años buscándose el uno al otro que, cuando finalmente se tuvieron de frente, no se reconocieron y se atacaron mutuamente. Unos dicen que la sacerdotisa fue quien lo destruyó, porque, no debes olvidar, querida, que ella antes había sido un monstruo poderoso.
-Solo la mitad de uno... uno en verdad asqueroso - volvió a pensar, a la par que tranquilizaba su alma pues, nuevamente, Naraku había comenzado a retomar un poco de energía, mas lo purificó al instante.
-Y otros dicen que fue él quien mató a la chica. Pero se tiene más lógica en que fuera ella quien le destruyó.
-¿Por qué lo considera así?
-Querida, no debes olvidar que ella también fue un monstruo, como ya te dije. No creo que pudiera ser tan humana como para perdonarle la vida al exterminador.
Kanna ensombreció su mirada.
-Profesora... ¿y si yo fuera como esa sacerdotisa?
La maestra comenzó a reir abiertamente, mas con ternura.
-Ay Kanna, ¿qué tipo de relación podrías tú tener con un monstruo? Son despreciab... - No pudo terminar su oración porque la joven albina había salido corriendo, con las lágrimas fluyendo de sus ojos.
-Así que no importa lo que haga... él morirá...
La joven respiró hondo y siguió caminando. Podía quedarse ahí, en su época, y así causarle menos dolor a Kohaku, esperaba que, estando ella lejos, él se enamorara de Rhin y así no tendría que arriesgar su vida buscándola por todas partes.
-Pero si me quedo... cumpliría esa leyenda... - Kanna observó el arbol sagrado, ¿en qué momento había llegado a él? - Si sigo teletransportándome sin darme cuenta causaré pavor a las personas... - pensó divertida a la par que se recostaba en las raíces de él.
Kanna recordaba perfectamente la plática que había tenido con su padre cuando le diera un vaso con chocolate. Él le había dicho que el futuro siempre sería incierto, y que sí ella podía conocerlo era por algo, para enmendar los errores, mejorar las cosas.
- Además, si me quedo...
El árbol sagrado comenzó a brillar, al mismo tiempo que Kanna perdía el conocimiento.
-Hace mucho calor... - la joven abrió sus ojos y se encontró con un panorama completamente distinto mas dolorosamente familiar.
A donde quiera que mirara, en todas direcciones, todo era exactamente igual.
Todo estaba cubierto de cadáveres, todo estaba destruido, el ambiente era tenso, húmedo... llovía.
La sangre fluía como un río por todas direcciones, nadie quedaba.
-Otra vez... - mas esta vez algo era distinto, ella no era quien entraba al templo y buscaba a su familia. Bueno, sí era ella, pero no ella. Se veía a sí misma entrar al templo del pozo, corriendo con desesperación y pocos segundos después salir con un pequeño bulto entre sus manos.
-Es Kikyo - Kanna observó cómo su otro yo corría escaleras abajo, con su preciada carga, protegiéndola del peligro e intentando salvar su vida. En las escaleras los cuerpos de Shippo y Haku yacían sin vida, junto con el de Hikori y Hideki. Al parecer habían intentado defender a su familia.
La Kanna en el sueño dio vuelta a la esquina de la avenida, mas la verdadera Kanna se quedó observando los cuerpos de sus hermanos. No se veían con heridas, y ahora que lo recordaba los cuerpos de sus padres y hermanas tampoco mostraban herida alguna. Había sangre, sí, pero no era de ellos... entonces ¿cómo habían muerto?
-Tu no mereces la felicidad. Todo esto, fue causado por ti.
La joven comenzó a correr hacia donde sabía, se encontraba el ser que en ese momento atormentaba a su otro yo.
Al llegar vio a Naraku, dándole la espalda, mas observando a la joven albina ante él, quien, en ese momento, soltaba un grito de terror.
El monstruo lucía exactamente igual a como lo recordaba, exactamente igual que hacía diez años.
-Fue una tontería de tu parte, el haberte desecho del espejo. Gracias a las almas que aún permanecían en él pude recuperar mis poderes, sin tu ayuda.
-¡Mientes! ¡Esto no fue mi culpa! ¡Tú ocasionaste todo esto! ¡Devuélveme a mi padre!... ¡Devuélveme a mi familia!
Kanna se observó a sí misma gritarle a Naraku, quién no hacía más que observar a la joven con esos ojos inyectados en maldad. Qué cínico era.
-No te preocupes, te llevaré con ellos. Y creeme, esto te dolerá.
Al instante siguiente, la perspectiva de Kanna cambió, y con terror notó que se encontraba exactamente donde su otro yo había estado tan solo unos segundos atrás. Naraku se dirigía hacia ella para atacarla.
-¡Kanna!
La joven abrió los ojos y se enderezó del suelo donde se encontraba, sudando frío y temblando incontrolablemente.
-Tranquila, aquí estoy, respira hondo y trata de relajarte - Era la voz de Kohaku, quien en ese momento la abrazaba en un intento de calmarla.
-¿Cómo... cómo llegaste a este lugar?
-¿A qué te refieres? Siempre venimos aquí.
La joven se enderezó y observó a su alrededor. Se encontraba en el sengoku.
-Pero yo estaba en mi hogar... estaba en el templo ¿cómo fue que llegué aquí?
-¿No viniste por tu propia cuenta? Estabas recostada aquí en el arbol, dormida, por eso no te molesté, pero empezaste a gritar y a sacudirte en sueños, por eso decidí despertarte.
-¡Kohaku! ¿Qué ha pasado? - exclamó Haku, llegando al lugar y al observar a Kanna, le observó sorprendido - ¿Pudiste romper el sello o papá ya te dejó regresar?
-¿Qué? - Kanna era un remolino de preguntas. ¿En verdad Naraku la mataba después de terminar con todos? ¿Cómo había llegado al Sengoku? ¿De qué sello hablaba Haku? (¿¡Cuándo dejaría la escritora de poner tantas preguntas sin respuesta?!)
-Respira hondo, Kanna - Kohaku apretó un poco más su abrazo y recostó a la joven en su hombro. - Calma y por partes. Haku ¿qué ocurre?
-Es que, sentí una tremenda energía espiritual provenir del árbol sagrado y me preocupé, por eso vine, pero si no ha pasado nada, entonces está bien. - Comentó dándose la vuelta y regresando a la aldea
-¿Es todo? - preguntó Kanna, aún algo confundida
-¿Qué más quieres? Pensé que sería bueno darles un momento de privacidad, pero si quieres me quedo a charlar o a molestarlos, no sería mala idea.
-Haku - habló Kohaku, aguantando la risa. - ¿Podrías regresar a la aldea, decirles que estamos bien y advertirle a Inuyasha que Kanna regresó?
-Uy, me va a regañar - Refunfuñó el joven albino, mas obedeciendo se marchó del lugar.
En ese momento, Kanna reaccionó.
-¿En dónde está Rhin?
-No lo se; en su casa, supongo.
-¿Y porqué no estás con ella?
-Porque mi promesa para con ella, fue estar a su lado, pero nunca dije nada más que me comprometiera. Ella misma me hizo darme cuenta de ello. Y, como amigos que somos, cada quien tiene sus planes y cosas que hacer.
-No te entiendo...
-Que no hay nada que me ate a ella, Kanna, tienes a este servidor, dispuesto para tí las veinticuatro horas del día.
Kanna aún miraba algo dudosa a Kohaku, a lo que el joven se hechó reir.
-Quiere decir que lo he liberado de su promesa, si lo quieres ver así. - Habló Rhin, quien en ese momento se acercaba a la joven pareja. La joven sonreía con ternura al verlos juntos, ¿porqué no se había percatado antes que hacían una bonita pareja? - ¿Ahora sí entiendes el punto, Kanna?
La joven finalmente comprendió y, sonriendo, se abrazó de Rhin, quien la recibió con los brazos abiertos.
-Mis sentimientos, no son culpa tuya, pero puedes estar tranquila, jamás pensé en interferir entre ustedes. Discúlpame.
-No, tú a mí perdóname, porque por mis estúpidos celos estuve a punto de perder a mi mejor amiga.
-Oye, te aseguro que no soy fácil de vencer, aquí hay mucha Rhin para molestarte por el resto de nuestras vidas.
Ambas sonrieron y tras unos minutos los tres decidieron regresar a la aldea y enfrentar lo peor.
En pocas palabras, ver a Inuyasha.


Última edición por MikoAucarod el Dom Feb 15, 2009 7:05 am, editado 1 vez

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Re: ¿Era este nuestro destino?

Mensaje por amerika-kikio el Lun Ene 05, 2009 9:27 pm

Hoola!1
aaa me muero por leer la conti
pobre de kanna
observarse a si misma...
mm nink me a pasado algo asi..
weeeno ke me maten jaja XD!
me voy
nos vemuz!
bye
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Re: ¿Era este nuestro destino?

Mensaje por RainbowFlor el Dom Mar 22, 2009 9:46 am

esta super!!! contiii pleaseeeeeee *0*
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¿Este era nuestro destino? (Cap. 19)

Mensaje por MikoAucarod el Sáb Abr 04, 2009 3:44 pm

Bueno, perdí la información de este episodio, lo que reescribí es lo poco que pude recordar, espero lo disfruten, aunque no tiene mucha trama, tiene puntos clave para el posterior desarrollo de la historia y creo, que ya estamos cerca del final. Espero les guste y me disculpen la tremenda tardanza TT-TT

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Capítulo 19: No quiero decir adios...
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Inuyasha corría con la adrenalina fluyendo en cada partícula de su ser. Su oponente era muy ágil, demasiado para su propio gusto. Ahora comprendía por qué rayos Sesshomaru jamás había sido capaz de vencerle.

-¡Ten cuidado, Inuyasha! - se escuchó gritar a una mujer que, a distancia prudente, observaba la batalla que se presentaba ante ella.

-¡No interfieras, Ahome! - exclamó el hombre híbrido, evitando el ataque de su oponente. Si hubiera reaccionado una milésima de segundo más tarde podía considerarse muerto. El filo de esa espada era sumamente excepcional.

No en balde era la espada de su padre.

-Tenle un poco de compasión a tu hijo, ¿no? - habló burlonamente Inuyasha, saltando de árbol a árbol, evitando los ataques que su padre, sin piedad, lanzaba.

-Si tuviera compasión, esto no sería un verdadero entrenamiento - habló Inutaisho, sonriendo de la misma manera que caracterizaba a Inuyasha, esa sonrisa burlona mas amable en esencia.

-Estos dos en verdad se toman muy en serio todo esto. - Habló el padre de Ahome, sentado al lado de ella, observando cómo los dos seres sobrenaturales luchaban cada vez con más entusiasmo.

- 5 minutos - habló de repente Shippo, causando que Izayoi y Rhin abrieran los ojos, sorprendidas.

-¿Superó a mi padre? - habló la joven mujer, sin poderlo creer, a la par que observaba a Sesshomaru, sentado a un lado de ella observando la pelea sin inmutarse.

-No puedo creerlo... - esa voz fue la de Sayuni quien se encontraba sentada entre Sesshomaru e Izayoi, tomando la mano de ésta última.

-¡Inuyasha, escuchas...! - la joven reprimió su alegría al notar algo raro en el ambiente. Ambos seguían luchando sin control, cada vez más rápido y más violentamente.

Inuyasha atacaba de manera insistente a su padre, el cual esquivaba con un poco más de dificultad cada ataque. Su aura estaba cambiando y sin embargo, Inutaisho no se alarmó, antes por el contrario, comenzó a atacar con más fuerza.

El joven híbrido realizó el Kongousoha, ataque que obligó a Inutaisho alejarse, cayendo en el claro cercano a donde los demás observaban, con el aire encerrado en sus pulmones, la pelea que parecía no tener fin.

Inuyasha se detuvo y elevó su mano derecha, haciendo que unas rocas y un par de troncos de árbol, ubicados tras él, se elevaran en el aire y arremetieran contra el antiguo general perro, haciéndolo caer al suelo cuando evitó que uno de los árboles le diera en su espalda.

Inuyasha no perdió el tiempo y, bajando su brazo, se dispuso a atacar con su viento cortante.

Inutaisho se puso de pie y rápidamente evitó el ataque, cayendo de pie cerca del hanyou quien, repentinamente, se quedó quieto.

-Perdiste - fue todo lo que dijo el joven híbrido, observando a su padre, con una gran sonrisa de satisfacción en el rostro.

Inutaisho se observó a sí mismo, completamente confundido. Entonces lo notó. Un pequeño corte en el pliegue que hacía la ropa en su rodilla.

-Excelente trabajo, Inuyasha.

-8 minutos y quince segundos. - escucharon decir, nuevamente, a Shippo, haciendo que Inuyasha sonriera más abiertamente.

-¿Superé el tiempo de Sesshomaru? - exclamó, incrédulo, a la par que Ahome se acercaba a él y le sacudía un poco la tierra de sus ropas.

-Sí, Sesshomaru recibió un corte en la mejilla izquierda al cabo de cinco minutos, pero tú lograste hacerle un corte a Inutaisho en 8 minutos, sin recibir ninguna herida o que él te tocara.

-Finalmente me superaste, Inuyasha - habló el taiyoukai, tranquilamente, poniéndose de pie y caminando hacia la cabaña, donde desapareció tras la cortina, tras brindarle una leve reverencia a su padre.

-Eso significa que ya no me necesitan aquí. - habló el general, acercándose a su hijo y tomándolo del hombro.

-Pero padre...

-Pero nada, ya has controlado tus poderes por completo. Dominas tu sangre youkai, dominas las técnicas de colmillo de acero. Por Dios, hasta dominas la telquinesis y ni siquiera yo sabía que poseyeras esa habilidad.

El joven híbrido no pudo evitar sonrojarse ante tal halago proveniente de su padre, sin embargo una gran tristeza inundó su ser.

-Pero eso significa, que ustedes ya no tienen nada que hacer aquí.

Fue en ese momento que Sayuni reaccionó, poniéndose de pie y observando a su madre, tristemente.

-¿Se marcharán ya?

-No hay nada que nos haga estar aquí. - la voz del padre de Ahome hablaba con gran determinación, mas con un dolor profundo en su alma. - Realmente podemos venir siempre que Shippo nos llame, pero eso es algo que para él es muy difícil. Traer a los espíritus del más allá, aunque sea solo temporalmente, es agotador, tanto física, como emocionalmente, por ello, hemos considerado que lo mejor es despedirnos de una vez por todas.

Las reacciones fueron realmente las que los espíritus esperaban. Sayuni se abrazó inmediatamente de su madre, impidiéndole moverse, en un intento de evitar que se marchara de su lado. Algo similar había pasado con Ahome, quien ocultaba su rostro en el torso de su padre, mas parecía resignada al hecho de que lo que decían era verdad y debían hacerlo.

Inuyasha bajó su mirada, comenzando luego a caminar, alejándose del grupo.

Rhin se despidió cordialmente y les pidió que saludaran a su familia, sus padres y hermano, en el más allá una vez que regresaran al paraiso, ingresando luego en la cabaña y desapareciendo tras la cortina, como lo había hecho Sesshomaru minutos atrás.

Tras unos momentos, tanto Sayuni como Ahome se encontraban más tranquilas y se despedían de sus respectivos padres.

-Cuídate mucho, Sayuni, te has convertido en toda una dama, estoy orgulloso, aunque nunca tuve el placer de conocerte con anterioridad, quiero que sepas que siempre, desde que supe de tu existencia, he estado velando por tí y cuidándote, al igual que tu madre. - habló Inutaisho, abrazando a la joven híbrida, quien asintió, agradecida y con lágrimas en los ojos.

-Muchas gracias... papá, cuídense mucho.

-Ustedes son quienes deben cuidarse - habló Izayoi, abrazando a su hija - Todo saldrá bien, te lo garantizo. - Concluyó, haciendo que Sayuni asintiera.

- Ahome... no podría estar más orgulloso de tí de lo que estoy ahora, en verdad, estoy muy feliz de que te encuentres con bien. Sé muy feliz al lado de Inuyasha y de tus hijos, te prometo que muy pronto todos los problemas terminarán. Y no estés molesta si te ocultan las cosas, lo hacen porque quieren verte con bien.

La joven medio sonrió, recordando que hacía dos dias había tenido un gran disgusto con Kanna e Inuyasha por haberle ocultado la verdad sobre el paradero de Naraku y los problemas que eso podría traer.

Afortunadamente ya habían arreglado sus diferencias.

- Y también... - el padre de Ahome tomó algo de entre sus ropas y se lo entregó a Ahome, quien recibió el pequeño objeto, sorprendida. Un pequeño alajero, con una imagen suya y de su padre, cuando aún vivía. La Ahome del retrato tenía la edad de 7 años en la imagen. - El último día que pude estar en pie, fuera del hospital, había pasado a recoger este objeto, jamás pude llevarlo a casa. Hasta hace poco, con la ayuda de Shippo, logramos dar con él. Ya que, como espíritu que soy no puedo tomar las cosas materiales, Shippo lo recogió y me lo entregó con la ayuda de sus poderes... es un regalo... por tu cumpleaños, mi amor.

La joven no aguantó más las lágrimas y se abrazó de su padre, con el preciado objeto entre sus manos.

-Muchas gracias, lo cuidaré mucho, en verdad... - Ahome se abrazó con desesperación a su padre y este le acarició sus cabellos, tranquilizándola. - Te voy a extrañar...

-No tienes por qué, aquí estaré siempre, contigo.

Ahome sonrió y observó hacia su espalda. Los padres de Inuyasha habían desaparecido y Sayuni comenzaba a caminar hacia la cabaña.

-Te esperaremos afuera, Ahome. - dijo tras marcharse la joven híbrida.

-Shippo... dónde...

-Mis abuelos fueron a buscar a papá para despedirse... será duro para él, por eso prefirieron marcharse sin mí, mientras no me vaya de este lugar, todo estará bien.

Ahome asintió a la par que su padre rompía el abrazo.

-Es hora de que me marche yo también, cuídate mucho. - dijo sonriendo a la joven ante él.

-Tu también, papá. Nos veremos de nuevo, ¿verdad?

-Tenlo por seguro. Aunque espero que no sea muy pronto. - y con una última sonrisa traviesa, el espíritu del padre de Ahome se desvaneció del lugar.

En ese momento Shippo cayó de rodillas, cansado, haciendo que Ahome se acercara rápidamente hacia él.

-¿Cuanto tiempo crees que podrás aguantar?

-El tiempo suficiente - sonrió el joven zorro, tranqulizando a su madre, a la par que observaba el bosque.

Inuyasha continuó caminando hasta llegar a la orilla de un río, el cual intentó cruzar mas una barrera se lo impidió.

-Con que hasta aquí están los límites... caramba, Shippo, pudiste haber hecho algo un poco más extenso.

-¿Para hacernos caminar aún más?

Inuyasha escuchó la voz de su padre, mas guardó silencio y no se movió de su posición.

-Hijo... ¿así es como quieres que nos marchemos? - la mano de Izayoi apareció a su lado y le rodeó los brazos, con ternura. - Por Dios, definitivamente debes dejar de crecer...

Inuyasha no pudo evitar reir por lo bajo, con ternura, tomando luego las manos de su madre, que descansaban a la altura de su pecho.

-Perdonen... es solo que...

-Sí, lo comprendemos, hijo. No en balde somos tus padres. - habló Inutaisho con algo de burla, mas orgulloso.

-Lo se... es solo que... siempre sentí como si algo me faltara para estar completo, y teniéndolos aquí me siento mucho más tranquilo... incluso soy capaz de olvidar todos los problemas que me aquejan... no lo se, es una sensación extraña... y se que es egoista pero... - Inuyasha cerró los ojos con fuerza, frustrado. -No quiero que se marchen... de nuevo...

-Inuyasha, ¿sabes lo difícil que es para Shippo el traernos aquí? ¿Nunca te preguntaste el motivo por el cual jamás mandó traer a su padre ni a la familia de Rhin? - habló Inutaisho, sabiamente.

Inuyasha abrió los ojos, sorprendido y en ese momento se dio cuenta de su egoismo. Shippo perdía sus energías siempre que los llamaba y él, consciente de ello, le hacía exponerse a tal peligro.

-Estúpido... - se recriminó el hanyou, reaccionando en ese instante.

-Hijo, el querer vernos no te convierte en una mala persona, en lo absoluto. - su madre le sonrió, confortando un poco su alma, a la par que apretaba un poco más su abrazo.

-Además, Shippo no es ningún tonto, si su vida corriera peligro, te lo haría saber. Es por eso mismo, que nuestro trabajo terminó y así Shippo no correrá más riesgos innecesarios. Ha llegado al límite, pero dentro de lo seguro, es por eso que no tienes por qué preocuparte.

Inuyasha medio sonrió y giró sobre sus talones, para abrazar a su madre, para lo cual tuvo que jorobarse unos centimetros, pues era muy alto.

-Definitivamente, ya no crezcas. - comentó la mujer, haciendo que Inuyasha medio sonriera medio gimiera con dolor. - Cuídate mucho, eres todo un hombre, estoy muy orgullosa de tí. Y también... muchas gracias por haber cumplido con tu promesa.

Al separarse, Izayoi sonrió con dulzura a su hijo y comenzó a caminar de regreso hacia la dirección donde se encontraba ubicada la cabaña, permitiendo que ambos hombres pudieran conversar con privacidad.

El problema era, que ninguno de los dos sabía qué decir.

-Cuídate mucho - dijo Inutaisho, sonriendo a su hijo, ahora todo un adulto, quien asintió levemente sin dejar de observar el suelo, como si hubiese algo interesante en el lugar.

-Estos últimos días... fueron lo mejor - contestó, finalmente, enfrentado su mirada dorada con la de su padre, de igual color. - Toda mi vida quize conocerte, y charlar contigo... y la primera vez que te ví... me pareció que eras mucho más grande que lo que decían las leyendas o las historias que me contaba mi madre... - Inuyasha suavizó su mirada, obteniendo un brillo angelical - Fuiste mi motivación a seguir adelante, a no desperdiciar la vida que habías entregado por brindarme una. Me marqué como meta el ser fuerte para poder encontrar algún significado del por qué había sido así de injusta la vida conmigo... me había decidido a no morir hasta merecer estar de frente a tí. Y ahora...

Inutaisho sonrió y se acercó al joven de cabellos plateados, estrechándolo luego en un fuerte abrazo, al cual Inuyasha se aferró con necesidad, pese a ser todo un adulto, a tener su propia familia, a ser la cabeza de su manada... necesitaba tanto de su padre.

-Aquí me tendrás, ahora y por siempre, no olvides que jamás me apartaré de tu lado, nunca lo hice. Cuida mucho de tu familia, no permitas que pasen algún mal innecesario. Protégelos pero por sobre todo protégete a tí, para que puedas estar entregado a ellos tanto en cuerpo como en alma. Necesitas estar bien para poder exigirles lo mismo.

Ambos permanecieron así por unos minutos, hasta que Inuyasha notó cómo poco a poco el cuerpo de su padre se volvía traslúcido.

-Ya es hora.

---

-Muchas gracias, por todo Shippo - habló Ahome, acariciando levemente el cabello del muchacho, mientras éste se encontraba recostado en sus piernas, completamente exhausto.

-¿Cómo se encuentra? - preguntó Inuyasha, una vez hubo regresado a la entrada de la cabaña.

-Está bien, solo que ya no pudo con la invocación y cayó rendido, pero se encuentra bien.

Inuyasha tomó al joven entre sus brazos y lo cargó en su espalda, permitiéndole descansar, a la par que atravezaban la puerta de la cabaña e ingresaban a la estancia. Al hacerlo todo a su alrededor desapareció y se encontraron al lado del árbol sagrado.

-Me sorprenden las habilidades que tienen los muchachos - habló Ahome, acariciando el tronco del árbol, con ternura. A la par que Inuyasha recostaba a Shippo en las raices de éste, permitiéndole descansar mejor. - Estoy segura de que si unieran sus fuerzas acabarían pronto con Naraku.

-¿No sería un riesgo innecesario? - habló, aún hincado.

La mujer observó por unos momentos a Inuyasha, algo había en él que notaba diferente...

-Kanna puede retenerlo dentro de sí sin muchos problemas... - intentó excusarse el joven híbrido, al notar la mirada de incredulidad que su esposa le dirigía, mientras se ponía de pie.

-Sí, sin problemas, únicamente hay que estar muy al pendiente de que no haya energía maligna, ni que se altere, ni que se moleste en lo más mínimo, claro, sin problemas - habló con sarcasmo, haciendo que Inuyasha bajara levemente sus orejitas, pegándolas a su craneo, casi como si estuviera avergonzado.

-Eso se puede controlar...

-Inuyasha, no podemos dejar las cosas así.

-¡¿Por qué no?! - exclamó el hombre, al fin - ¿Qué problema hay en que las cosas sigan tal cual han sido estos últimos años?

-¿No te das cuenta de lo egoista que estás siendo, Inuyasha? Esta no es tu manera de ser, ¿qué te está pasando?

-¡No lo se! - exclamó frustrado a la par que sujetaba su cabeza, despeinando su cabello, mostrando un poco de la ansiedad que lo carcomía por dentro - No lo se, siempre que me acerco al Goshimboku... ¡No lo se!

Continúa en el mensaje 1

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Re: ¿Era este nuestro destino?

Mensaje por MikoAucarod el Sáb Abr 04, 2009 3:44 pm

Ahome observó el arbol sagrado para luego dirigir su vista nuevamente hacia Inuyasha. Al instante recordó las palabras que hacia años su madre le dijera, para calmar a su corazón.

Flash Back

-Ahome

La joven de quince años se encontraba sentada al lado de su madre, quien en esos momentos la consolaba, debido al dolor que sentía su alma al saber la decisión de Inuyasha de permanecer al lado de Kikyo.

-Mh?

-¿No sientes un extraño poder al estar al lado de un árbol sagrado? La sinceridad que hay en tí va creciendo... no se explicarlo pero es como si tu corazón fuera purificándose...

Ahome observó a su madre y asintió levemente.

Fin del Flash Back

-Inuyasha, tú...

-No quiero perderla, Ahome... es mi hija...no importa su procedencia, es mi hija. - Inuyasha observó seriamente a la mujer a su lado - No pienso darle un adios definitivo, jamás.

-Podemos expulsar a Naraku de su cuerpo, aún y cuando volviera con fuerza, todos somos más fuertes también.

Inuyasha observó el suelo, frustrado.

-No, gastaría toda su energía vital para hacerlo y además, estoy muy seguro de que Naraku la atacaría en cuanto tuviera la oportunidad. ¿Qué hay de esas niñas, Seideca e Izumi? ¿No pueden purificarla o algo?

-Lo han intentado miles de veces... no se puede hacer nada...

Inuyasha frunció el ceño.

-No le diré adios. - Dijo como ultimatum, comenzando a caminar hacia la aldea, colocando nuevamente a Shippo en su espalda. Ese tono de voz, hacía muchos años que Ahome no le escuchaba hablar así.

Inuyasha estaba siendo completamente honesto en ese aspecto. No pretendía dejar morir a Kanna... pero no habiendo modo de deshacerse de Naraku... ¿prefería que ella cargara con ese ser con tal de seguir viviendo?

-¿Y ya le has preguntado al respecto? - habló Ahome, fríamente, no podía creer que, aún por algo que fuera por amor, Inuyasha fuera tan egoista.

-Ella... - Inuyasha observó hacia la aldea, donde pudo divisar cómo Kanna bajaba del templo de la anciana Kaede, con Kohaku tomándola del brazo, aparentemente venían de visitar la tumba de ambas sacerdotisas.

El rostro de Kanna sonreía, sin embargo, Inuyasha pudo notarlo, sus ojos, no eran los mismos, cada vez lucían más opacos, cansados, sin vida, como si en su interior muriera lentamente.

-¿Ella...? - Ahome preguntó, incitándolo a continuar, sin percatarse del exhaustivo análisis que el hanyou hacía de su hija.

-Ella... lo único que quiere... es desaparecer de la faz de la tierra.

Fue entonces que escucharon un jarrón romperse y al observar a sus espaldas, notaron cómo Rhin les observaba, con el jarron donde antes portaba agua, a sus pies, hecho pedazos. La expresión en el rostro de la mujer era de pánico y dolor.


----

Y hasta aquí el episodio, espero no se hayan revuelto y comprendan las actitudes de Inuyasha, aunque bueno, releí todos los episodios antes de poder hacer éste, y con la formateada, pues peor tantito, pero creo que sigue teniendo coherencia temporal, así como las personalidades de los personajes me dí cuenta también que están muy muy pero muy cambiadas XDDD y sin embargo tienen algo que me hacen pensar que siguen siendo ellos mismos xP en fin, espero les haya gustado y me dejen comentarios Smile

^^ hasta la próxima actualización.

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Re: ¿Era este nuestro destino?

Mensaje por amerika-kikio el Dom Abr 05, 2009 6:18 pm

ahora si me kede de a diez
pero esta genial el cap
si tal vez como dices
estan algo cambiados
pero no han perdido su escencia
jejje
weeenu cuidate mucho
nos
ve,iz bye bye
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Re: ¿Era este nuestro destino?

Mensaje por RainbowFlor el Dom Abr 05, 2009 7:38 pm

BUENISIMISIMO!!!! conti conti conti conti coooontiiii!!!!!! Yey
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Re: ¿Era este nuestro destino?

Mensaje por Inulun el Lun Abr 13, 2009 1:09 pm

TT-TT
que lindooooo


jeje
estuve pensando...y no entiendo como Inuyasha controla la telequinesis...
teniendo en cuenta que se usa el poder de la mente XDD
-debo tomar eso como un insulto?¬¬-
-No, mas bien como la verdad XDD
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Re: ¿Era este nuestro destino?

Mensaje por MikoAucarod el Mar Ago 18, 2009 6:58 pm

Oh sí!! Toda tarde, pero finalmente, pude traerles una actualización!! Very Happy

-Oh calla, como si fuera super genial ¬¬ ni siquiera salen Sayuni, Izumi ni Seideca aquí, tantos personajes que metiste y ni uno solo.. :Mareado:

-(Mostrando un tubo de metal) ¬¬ Calla..... bueno, no los distraigo más, espero disfruten esto, se que muchos dirán: "AL FIN!!! XDD" pero bueno, es lo que se me ocurrió y me siento muy conforme con esto Smile

COMENZAMOS!!

Antes que todo: Inuyasha y co. no me pertenecen T-T son todos propiedad de Rumiko Takahashi, la gran mangaka, aunque, en un intento de entretenerme un rato los tomé para hacer esta historia, sin fines de lucro ni nada xD solo diversión.

Lo que esté entre (paréntesis) son mis comentarios chafas xP

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Capítulo 20: El valor de una vida. Propuesta y encuentro.
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-¿Es necesario todo esto? - preguntó algo molesta, observando cómo a su alrededor no había nada más que pasto, pasto, más pasto y por allá a unos 2 kilómetros.... sí, más pasto. Definitivamente comenzaba a hartarse.

-Bueno, no podemos estar cerca, nos lo dejaron muy en claro ¿recuerdas? Si algo malo llegase a pasar podría pasar a controlarnos a alguno de nosotros.

Rhin suspiró, irritada y se sentó sobre una roca (oh sí, había olvidado mencionarla en su inspección general) Shippo imitó su gesto y se sentó a su lado, esperando.

-¿Como cuántas veces más debe resucitarlo?

-Lo ignoro, pero hace más de un mes que comenzaron con esto, no creo que quede mucho de él en ella.

El joven zorro se dejó caer de espaldas contra la roca, provocándose una torcedura leve, que le hizo lanzar un quejido y caer al pasto a los pies de Rhin, quien comenzó a reir con ganas.

-¡Oh, vamos, basta! - Exclamó indignado el demonio zorro - No tienes que burlarte de mí.

A los pocos segundos Rhin detuvo su risa abruptamente, al observar cómo a la distancia llegaban Kohaku, Sesshomaru, Sayuni e Inuyasha, quien en brazos cargaba a Kanna, quien parecía estar inconsciente.

-¿Qué ocurrió? - preguntó la joven acercándose rápidamente a Inuyasha, quien le permitió observar el estado de Kanna. A simple vista no parecía tener ninguna herida.

-Se encuentra bien, esta vez expulsó un poco más de la cuenta y se debilitó pero no pasó nada grave.

-¿Pudieron derrotarlo? - preguntó Shippo, a la par que se sobaba la espalda.

-Sí - contestó Sesshomaru, mientras todos comenzaban el viaje de regreso a la aldea - El maldito podía crear campos de energía pero no fue rival para nuestros ataques y el colmillo rojo de Inuyasha. La próxima vez habrá que asegurarnos que Kanna no expulse energía de más. Podríamos meternos en problemas si adquiriera alguna otra de sus habilidades.

Rhin observó el rostro pacífico de Kanna, quien de cuando en cuando se revolvía entre sueños. Desde aquella ocasión en que había escuchado a Inuyasha decir que Kanna solo quería desaparecer había tomado medidas y se había asegurado de hacerle ver las maravillas de la vida. Llegó a pasar más tiempo con ella que Kohaku mismo, situación que provocó bastantes celos por parte de éste (jejeje) y aunque su meta original había sido resignarse a la decisión de Kanna pero no permitirle marchar sin antes haber realmente vivido, la decisión de la joven albina ante esto había impactado a todos, en especial a Inuyasha.

Flash Back

-¡Ya volvimos, papá! - exclamó Kanna, ingresando en la cabaña, donde se encontraba Inuyasha, como era su costumbre, recargado en una de las paredes, observando a través de la ventana.

-¿Cómo les... fue? - Inuyasha quedó boquiabierto ante lo que sus ojos veían, Kanna y Rhin portaban ambas unos kimonos tradicionales, ajustados al cuerpo. El kimono de Rhin era color celeste claro y el de Kanna era de color rojo. La joven se había maquillado un poco viéndose así su rostro mucho menos pálido que de costumbre, y haciéndola lucir muy bella, y su cabello había sido rizado (Cortesía de Kag, desde luego) al grado que por un momento no la había reconocido. Lucía hermosa. Pero lo que más impresionó a Inuyasha no fue nada de lo mencionado (Creanme, eso ya es decir mucho) sino su mirada, la mirada que durante semanas había traido como muerta en vida, lucía en ese momento radiante y llena de vida y esperanza.

Verla de esa manera, le hizo olvidar todas las preocupaciones que había cargado esos últimos días.

-¿Lo ves? te dije que me vería rara - susurró Kanna a la joven a su lado, quien lucía su cabello largo y suelto recogido con una diadema, y algo de maquillaje sencillo, que realzaba su mirada. Parecía como si quien hubiera deseado arreglarse hubiera sido Kanna y no Rhin.

-No te ves rara, en lo absoluto, luces bellísima, ¿verdad que sí, tío?

Inuyasha se acercó, sonriente, a ambas y las abrazó levemente, dándole además a Kanna un tierno beso en la frente.

-Luces hermosa, ¿qué tienen planeado para hoy?

-Pues Rhin no ha querido decirme, para ver a Kohaku no tengo por qué arreglarme tanto, me siento como...

-La mujer más hermosa que jamás haya conocido - habló una voz a su espalda, dando paso a unos brazos amorosos que rodearon la cintura de la joven albina, quien se enterneció por lo dicho por Kohaku, quien también se había vestido elegantemente, con unas ropas similares a las de Miroku, de color verde botella (no se, no ando original con los trajes y colores XDD)

-¿De qué trata todo esto? - exigió saber Kanna al momento en que Kohaku le vendaba delicadamente los ojos con un trozo de tela.

-Se-cre-to - tarareó el joven exterminador y sonriendo a Inuyasha y Rhin, guió a Kanna fuera de la aldea.

-Es increible lo detallista que puede ser Kohaku, ¿verdad? - cuestionó el joven híbrido a la par que observaba disimuladamente a Rhin, quien lucía una hermosa sonrisa.

-La verdad es que esto lo planeamos entre los dos. - Tras decir esto Inuyasha suspiró, aliviado, al parecer los problemas que había entre ellos finalmente habían terminado - El lugar al que la lleva Kohaku es la cascada. En algún momento pensó mostrármela a mí pero, yo le pedí que ese lugar especial fuera dado únicamente a Kanna. Finalmente después de mucho tiempo pudimos realizar este plan.

-Y cierta señorita no se quedará sola esta noche, sino que acompañará a un amigo de la infancia a quien por cierto ha dejado abandonado mucho tiempo en estos últimos días. - Se escuchó decir a Shippo quien en esos momentos se acercaba a la cabaña, junto con el pequeño Hideki, haciendo reir a la joven.

-Está bien, joven caballero - contestó en tono juguetón - pero deberá ganarme primero en una carrera hacia el árbol sagrado - fue su ultimátum a la vez que comenzaba a correr a una muy buena velocidad considerando que llevaba puesto un kimono...

-Ah, ya entendí, es de los que mamá les hizo un corte a media pierna - dijo Hideki al notar cómo la joven podía estirar las piernas a placer, manteniendo una velocidad muy buena, mas Shippo obviamente corría atrás de ella por puro gusto, no iba a presumirle sus habilidades demoniacas, ese día no.

-Ya me parecía extraño que Kanna no tropezara, nunca se le dio muy bien usar kimonos pese a siempre usar uno.

Ambos observaron a la pareja correr hacia el bosque, mientras que Hideki, en tono amargado, exclamaba desear tener también una novia, a lo que Inuyasha, riendo a carcajadas por las ocurrencias de su hijo, ingresó en la cabaña, con el jovencito pisándole los talones, indignado por su burla.

-¡Y si te sigues comportando así mamá se cansará de tí por infantil! - exclamó, muy ofendido, haciendo que Inuyasha repentinamente se quedara de piedra... ¿dónde estaba esa mujer, a todo esto? no la había visto en todo el día... ¿qué había...?

-¡Demonios! El aniversario de Miroku y Sango, ¡Me va a matar! - exclamó a la par que salía corriendo nuevamente de la cabaña, en dirección norte de la aldea.

-Mejor no, si así tienen controlado a mi papá... - susurró algo asustado el pequeño, decidiendo ir a dormir con sus tres hermanas pequeñas. Una pequeña siesta no le haría daño.

---

-¿A dónde me llevas, Kohaku? - preguntó Kanna, abrazada a él, sintiendo un poco de vértigo pues Kirara ganaba velocidad cada vez más.

-Se-cre-to

-¿Cuántas veces más vas a contestarme eso?

-Hasta que lleguemos a donde pienso llevarte.

La chica suspiró entre resignada y emocionada, era la primera vez que Kohaku realizaba un detalle así, aunque sospechaba que Rhin había tenido algo que ver... desde aquella vez que la había visto al borde de la desesperación junto a sus padres, tras haber visitado la tumba de las sacerdotisas Kaede y Kikyo se había comportado mucho más apegada a ella, como si temiera...

Volvió a suspirar, ganando una pequeña sonrisa por parte de Kohaku.

-Le prometí a Rhin que no arruinaría la sorpresa antes de tiempo, además, te tuvo "secuestrada" muchos días, no deberías estar así siendo la primera vez en mucho tiempo que estamos solos.

Ante ese comentario Kanna no pudo evitar sonreir con algo de culpa, la verdad había descuidado mucho a Kohaku últimamente. Pero a cambio de eso, había encontrado un nuevo sentido a lo que era el vivir, no estaría resignada a la muerte, viviría al máximo cada día hasta que el destino (o sus fuerzas contra Naraku, lo que callera primero) se lo permitiera.

Finalmente Kirara comenzó a descender, permitiendo a Kanna respirar aliviada, las alturas le molestaban un poco, desde aquella vez que ambos, Kohaku y ella, habían caido de la pluma de Kagura tras la derrota de Naraku.

Kohaku tomó a Kanna de la cintura y le ayudó a bajar de Kirara, quien se transformó en una gatita y comenzó a pasear por los alrededores. Kanna casi tropieza con una roca cuando comenzaron a caminar nuevamente, pues Kohaku seguía empeñado en dejarle los ojos vendados.

-Quien quiera que nos viera pensaría que me quieres secuestrar. - habló burlonamente la joven, mas Kohaku se limitó a apretar un poco más su agarre en su cintura y mano derecha, con la que le guiaba.

-Listo, hemos llegado, pero por favor prométeme que no te vas a desmayar.

-¡Oh, vamos! Como si lo que sea que haya aquí fuera capaz de causarme... - Kanna calló al instante al contemplar el paisaje que había ante ella.

Se encontraban de pie en la orilla de un río, a su derecha había una cascada altísima, que hacía levantar ligeras nubes a su alrededor debido a la fuerza con que caía el agua. Los alrededores estaban repletos de distintas flores, árboles y plantas variadas dándole un toque romántico a la atmósfera.

-Esto es...

-Demos un paseo - habló Kohaku, sonriendo ante la sorpresa de la chica, quien solo atinó a caminar a su lado.

-¿Cómo encontraste este lugar?

-Durante mi entrenamiento, a los 16 años, viajé con Kirara y noté que la atmósfera aquí era diferente, por lo que decidí venir a investigar. Poco después traje a Kaede, un par de años antes de que falleciera y me contó que este lugar era un recinto sagrado, que alguien o algo había utilizado tales energías de purificación o un acto de suma bondad y desinterés que logró que este lugar permaneciera siempre así. ¿No crees que este lugar es hermoso?

-Lo es... pero este lugar...

-Sí, yo también lo creo - le cortó Kohaku, tranquilamente - primero disfrutemos del paseo y la comida que he preparado junto con Rhin para nosotros dos y ya después investigaremos.

Kana no pudo decir que no a esa tan sincera sonrisa.

Fin del flash back

-Kag, ya estamos aquí. - llamó Inuyasha, al acercarse a la cabaña donde hacía ya más de 10 años vivían.
La mujer salió, aparentemente había estado preparando la comida y al ver a Kanna inconsciente, corrió a su encuentro.

-Inu, ¿cómo les fue? Kanna no está herida ¿verdad?

-En lo absoluto, solo está cansada.

Todos ingresaron en la cabaña, Seideca, Izumi y Sayuni no se encontraban en el lugar.

-¿Y mi hermana? - preguntó Sesshomaru, a la par que tomaba a Inutaisho en brazos de Kagura, pues exigía su atención en ese momento.

-Entrenando nuevamente con Seideca e Izumi. Congeniaron muy bien, parece ser que desean ser de mayor utilidad para las batallas contra Naraku.

Inuyasha recostó a Kanna con cuidado en un futón y Kohaku se sentó a su lado, tomando delicadamente su mano derecha, donde portaba un anillo blanco platinado en su dedo anular, semejante al que él portaba en ese momento.

-Es una lástima, quería que Seideca me pudiera decir cuánta energía maligna queda en Kanna, aprovechando que no está consciente, así sería más fácil rastrear su interior.

-Bueno Inuyasha, no siempre se tiene todo lo que se quiere. - habló Miroku, con una ligera sonrisa - Al menos las cosas han comenzado a cambiar para bien, ¿no es así?

Todos asintieron levemente y observaron a Kanna; qué o por qué había decidido aceptar intentar ser purificada era un misterio que aparentemente sólo Kohaku sabía la razón, sin embargo nadie, ni siquiera Sayuni había podido sacarles la verdad.

Flash Back

-Padre... - llamó Kanna, ingresando en la habitación de Inuyasha y Kagome, observando cómo ésta última se encontraba tomando una siesta vespertina. Inuyasha se enderezó de su sitio, donde cuidaba de Kag y se acercó a su hija, quien se mantenía de pie en la puerta.

-¿Qué sucede, Kanna? Luces extraña, ¿ocurrió algo malo?

Kanna negó levemente con su cabeza... realmente... no sabía decir si lo que acababa de ocurrir había sido bueno o malo pero...

-Padre... lo que he escuchado que hablan Seideca, Izumi y mi tía Sayuni contigo, ¿es cierto? Si libero poco a poco partes de la escencia de Naraku, ¿podrían destruirlo sin arriesgar nada?

Inuyasha observó impactado a su hija. Hacía tiempo le habían propuesto eso y ella se había negado a escuchar explicaciones, por temor a que las cosas se salieran de control.

-Sí, así es, si controlas bien tus energías y no te expones a tí misma, podríamos derrotarlo... pero si lo que tú deseas es desaparecer... no tendría caso intentarlo siquiera... tus propios pensamientos podrían causarte la muerte, al menos eso dijo Miroku también.

Kanna asintió y observó a su padre. Pese a lucir preocupada, su mirada estaba más viva que antes, definitivamente.

-Quiero intentarlo, quiero seguir viviendo y quiero ser libre de mis propias emociones, no puedo enojarme en lo absoluto pues eso ayuda a Naraku, no puedo ser de ayuda en las batallas por las energías negativas de los alrededores, no puedo ya siquiera controlar mis propias habilidades del todo por culpa de Naraku... yo... quiero seguir viviendo. Quiero deshacerme de Naraku.

La determinación en su mirada hizo que Inuyasha se reflejara en ese momento en ella. Esa mirada era la misma que él solía hacer cuando no había un "No" por respuesta.

-Muy bien, si esa es tu decisión la respetaré. Comenzaremos en cuanto todo esté preparado.

-Perfecto. Y hay una cosa más... ¿podrías despertar a mi madre? - pidió, a la par que salía hacia al pasillo de la cabaña (Definitivamente habían construido su hogar en el sengoku con planos similares a una casa del futuro)

Inuyasha asintió para luego ir a levantar a su esposa quien se mostró algo preocupada por lo que fuera que Kanna tenía que decirles.

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Re: ¿Era este nuestro destino?

Mensaje por MikoAucarod el Mar Ago 18, 2009 6:59 pm

Al salir al pasillo observaron cómo Kohaku se encontraba en el lugar, tomando del hombro a la joven albina, quien lucía algo nerviosa.

-¿Qué es lo que tienen que decirnos?

Kohaku dio un paso adelante y, con toda la solemnidad que le fue posible habló.

-Con todo respeto, quisiera pedirles, me permitan tener la mano de Kanna en matrimonio.

La reacción de Kagome e Inuyasha no se hizo esperar.

La mujer gritó con toda la fuerza de sus pulmones y entre risas y algo de lágrimas abrazó a ambos jóvenes, muy emocionada (sí, ya sabemos cómo es Kag con estas cosas) mas Inuyasha permanecía estático en su sitio, como sin poderlo creer, bueno, eran novios, eso era obvio y se había intentado hacer a la idea pero... ¿tan repentinamente? bueno, es cierto, llevaban más de un año saliendo y se conocían desde hacia más de 10 años pero... ¡¿tan repentinamente?! (Sí, así es Inuyasha con estas cosas... y muchos otros padres en el mundo xDD)

Kanna observó, seria, a su padre, esperando su respuesta, de todos, de quien más le importaba la reacción era de él.

El joven hanyou soltó un suspiro y asintió levemente con la cabeza.

-Supongo que eso te pondrá feliz.

Kanna sonrió ampliamente y se abrazó de él.

Fin del Flash Back

-Y desde entonces... ha pasado ya un mes, quiero creer que no queda mucho de él dentro de mi hija.

-Ojalá y así sea - habló Kagura, observando como la joven, a quien consideraba casi como su hermana (aunque venía siendo su sobrina ._.) despertaba de su sueño, para luego observar a Kohaku quien, con cuidado, le ayudaba a enderezarse.

-¿Todo salió bien? - preguntó, preocupada, pues era la primera vez que se desmayaba en esas actividades.

-Por supuesto, no ocurrió nada grave, ¿tú cómo te encuentras?

Kanna tocó su pecho y cerró sus ojos, concentrándose. Aún lo sentía, Naraku se encontraba ahí, pero definitivamente se encontraba muchísimo más débil que nunca.

-Creo que la próxima vez podría expulsarlo por completo.

-No te confíes, Kanna - contestó Miroku, haciendo que todos le observaran - Recuerda que Naraku es un maestro en las trampas, bien podría estar ya casi muerto o bien podría estar esperando la más mínima oportunidad para que le liberes y tome control sobre tí.

Kanna enmudeció y volvió su mirada al futón, recordándose mentalmente que debía ser paciente.

-Tienes razón, lo lamento.

Kohaku observó a su prometida y le dio un leve apretón de manos, intentando darle ánimos. Desde aquella vez...

Flash Back

Llevaban ya unas cuantas horas en el lugar, habían disfrutado de sus alimentos y Kohaku sentía que ese era el momento. Sin dar más rodeos pidió a Kanna que se casara con ella y, ésta, entre lágrimas y sonrisas, le había dado el sí, abrazándose al joven. Llevaban ya varios minutos en silencio, observando el paisaje, mas tras un momento Kanna se enderezó de su lugar y, sin poderlo evitar más, comenzó a revisar en los alrededores.

-Han pasado más de 60 años, si no es que más, casi 70... ¿no puedes pensar que tal vez este lugar haya cambiado?

-Kaede te dijo que nada maligno podría venir aquí, debido a la especie de hechizo o acto de bondad... que es obvio que ocurrió. Además no hay ni una sola señal de animales en los alrededores tampoco, así que no pudieron haber escarbado la tierra.

Kohaku sonrió ante la determinación de la joven y se dispuso a ayudarle también. No pasó mucho tiempo para que lo encontraran.

-¿Es esta? ¿Estás segura?

Kanna asintió, no sabía por qué, pero estaba segura de que esa era la tumba que buscaba.

-Quizá deberíamos traer a mi tía Sayuni algún día... así podrá rendir tributo a su madre.
Kohaku asintió y juntos limpiaron el pequeño montículo que sobresalía de entre unos arbustos, colocando luego una lápida para guardarle respeto.

-Bueno, hora de volver...

Kirara se mostraba algo inquieta conforme avanzaban de regreso, no habían pasado ni 3 minutos cuando alguien les atacó desde la tierra, haciéndolos descender para poder defenderse en caso necesario.

Habían llegado a un poblado, aparentemente al borde de la pobreza, si creían que la aldea de Kaede era humilde, ésta le superaba a montones. Había hasta casas abandonadas y en mal estado.

Los aldeanos habían lanzado lanzas y piedras al ver pasar a Kirara y ahora les amenazaban rodeándolos.

-¿Qué hacen ustedes en compañía de un monstruo? ¿Los tiene cautivos?

Kohaku, mostrándose serio y manteniendo sujeto su kunai (o su arma esa, no se si sea eso xDD) observaba atento el lugar. No parecía haber ninguna energía maligna, solo eran simples aldeanos.

-¿Por qué tanta agresión? Este youkai es inofensivo - habló Kanna, acercándose lentamente a los aldeanos.

Fue entonces, cuando uno de ellos comenzó a lanzar alaridos de terror, haciendo que todos le miraran.

Era un hombre anciano, más viejo que Kaede. Kohaku se sorprendió de ver que ese hombre pudiera mantenerse de pie por sí solo. Usualmente los humanos en esa época no vivían más de 60 años. Kaede había tenido suerte de llegar casi a los 70 (según yo xP)

-¡¡Ese monstruo... es como ese engendro que atacó a la gente de nuestra aldea!!

Los adultos del lugar observaron nuevamente a Kanna, quien se sintió repentinamente asustada, ella nunca había ido a esa aldea, ni aún estando bajo las órdenes de Naraku... entonces... ¿por qué?

Antes de darse cuenta, Kohaku la había tomado en brazos y se habían marchado volando en Kirara, quien iba a toda velocidad, alejándose de esa aldea.

-Si no mal recuerdo, había una aldea cerca ¿no? Donde vivían Inuyasha y su madre...

-¿Eso significa... que ese señor... era un sobreviviente de cuando Sayuni les atacó al perder el control?

-Así es... tu parecido es asombroso al de Inuyasha, aun sin ser su hija biológica - Kanna asintió, tenía razón, y si ella era parecida a Inuyasha...

-Le habré recordado el rostro de Sayuni, cuando adoptó su forma...

-Exacto.

-Si esta aldea está aquí... entonces...

Kanna observó hacia su derecha, donde se veía la única montaña en todos los alrededores. Sin duda ese era...

-Tal vez, en un futuro, vayamos a aquel lugar... - habló Kohaku, sonriendo tiernamente a su ahora prometida.

-Sí... tal vez.

Fin del Flash Back.

-Aún no es el momento. - habló Kohaku, deduciendo fácilmente todo lo que Kanna pensaba.

Ella sonrió levemente y se recostó para descansar un momento más. Sí, muchas cosas habían pasado pero, todo parecía ir retomando poco a poco la normalidad...

Oh no, había olvidado que esa semana empezaba exámenes... bueno, ya después iría a reponer clases, después de todo, la Influenza le había venido de perlas para el repertorio de mentiras de su abuelo.

-¿Dónde se supone que me tienen hospitalizada? - preguntó burlonamente a su madre, quien en esos momentos le colocaba una toalla con agua tibia, sobreprotección, ya saben.

-Creo que el abuelo dijo que nos habían tenido que sacar del país... - contestó Kagome, con una ligera gota de sudor en su cabeza.

-Perfecto, eso me salva de los exámenes.

Todos sonrieron sin poderlo evitar.


-----

Tadá!! Very Happy (sonido de grillos) ... ¿qué? :Triste oh rayos, por favor no me vayan a decir que no les gustó (o peor, no vayan a no comentar xDD) me esforzé y tenía este pedazo en mi mente desde hacía mucho, pero no sabía cómo agregarlo :Llorar:

- ¬¬ ¿ves lo que te pasa por meter muchas cosas?

-Creeme, si lo hago todo bien, les va a encantar y van a decir: "Aaahhhh así que por esto... OHHHHH Ya entendí!" y cosas así :Jojojo:

-Loca... voy por tu té...

-Siii Very Happy gracias ^^

- -_-U

Espero les haya gustado y pues a ver cuándo traigo un nuevo episodio aunque por lo que estoy sintiendo... estos ya son los últimos :Llorar: pero bueno, dependerá de mi musa jeje Yey gracias por sus comentarios!!

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Re: ¿Era este nuestro destino?

Mensaje por Inulun el Mar Ago 18, 2009 7:09 pm

OoO
actualizaste Miko
-No como tu, que llevas 8 meses sin actualizar el otro fic...como se llamaba?-
-¬-¬ Amor a traves del Tiempo
-Aja, ese ¬¬
-es dificil, no me presiones Sesshomaru >,<

Jeje
la verdad esta genial o-o
que bueno que encontraron una manera de deshacerse de Naraku ^¬^, solo espero que nada vaya a salir mal o-o

me encanto Miko, te quedo genial XD
Espero conti ;D..rapido, muy rapido XDDDD
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Re: ¿Era este nuestro destino?

Mensaje por Nayato.Chan el Sáb Sep 05, 2009 7:08 pm

º0º Aucarod, cuanto tiempo !! XD ; Sí, ya me sentía como participante fantasma ;___; Siento mucho haberme desaparecido por tanto tiempo !! T0T Si por poco se me olvida mi contraseña ¬¬ ; Que horror. Ayyy cambiando de tema *-*
Me encantó el cap !! De casualidad me metí a la sección de FanFics y vi el tuyo *-* Y casi me muero de emoción porque vi que lo continuastee !! *0* No sé si lo has continuado en FanFiction x3 Pero ahora iré a ver :E ; en feen .___. Me encantó el epi, y si, yo dije "Ahhh... entonces por eso... OHH..." XDDDDD!! ; Besos ! Smile Bay ! ^^ (L)
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Re: ¿Era este nuestro destino?

Mensaje por MikoAucarod el Dom Nov 22, 2009 7:13 am

Waaa!!! Finalmente pude escribir aunque fuera un poquito para publicárselos aquí ^^ este capítulo es cortito, minúsculo, pero me gustó, traía la idea desde hace mucho pero no había sido capaz de escribirla. Hasta hoy! XD Espero les guste y comprendan qué está pasando xD

COMENZAMOS!!

Antes que todo: Inuyasha y co. no me pertenecen T-T son todos propiedad de Rumiko Takahashi, la gran mangaka, aunque, en un intento de entretenerme un rato los tomé para hacer esta historia, sin fines de lucro ni nada xD solo diversión.

Lo que esté entre (paréntesis) son mis comentarios chafas xP

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Capítulo 21: Ira.
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Ira.

Era todo de lo que era capaz de estar consciente en ese momento.

De una brutal y gigantesca ira.

Simplemente no podía creer que finalmente, eso estuviera sucediendo. ¿Quién rayos se creía el destino que era? ¿Por qué rayos se atrevía a arrebatarle a lo más preciado que tenía en el mundo?

No sabía si llorar o romper lo primero que se atravesara en su camino.

Observó a su medio herm... no, a su hermano, quien se encontraba con una expresión muy parecida a la suya... a él también, ese mismo día, le habían arrebatado algo muy valioso.

Sayuni y las demás chicas, no paraban de llorar, Miroku no hacía más que rezar por el bienestar de esos dos seres que se encontraban frente a ellos.

Seideca e Izumi observaban algo impactadas todo lo que acontecía en ese lugar... como si nunca antes hubieran visto algo semejante.

Y era comprensible, no todos los días ocurrían tragedias como esta en la aldea.

-No exageres, te guste o no, esto no es una tragedia. - Escucha a su esposa hablarle.

Cierto, aunque ella también está lloranado su rostro luce... sereno, resignado... ¿hasta podría decirse feliz? ¿Además, en qué momento él había hablado en voz alta?

Los niños corrían de un lado a otro, desesperados por irse.

Y esas dos siluetas ahí, enfrente de las tumbas de la anciana Kaede y de la sacerdotisa Kikyo, sin mover un músculo.

Observó nuevamente a su hija, esta vez olvidando todo lo demás y notando sus reacciones, debía estar bien. Él había jurado protegerla.

¡¿Pero, por qué?! ¿¡Por qué tenía que haberla mantenido viva, velando por ella, cuidándola, protegiéndola de todo mal si no había sido capaz de salvarla de ese maldito ser que se encontraba justo a su lado?

Y pese a todas las ganas que tenía de destruirlo, no lo hizo. No pudo moverse.

-Hermano, comprendo tu dolor, pero no deberías gruñir...

Maldición, ¿ya no tenía autocontrol siquiera? ¿Y desde cuándo su hermano le daba instrucciones sobre qué o no hacer?

-Esto no te incumbe.

-¿Ah no? Temo decirte que uno de mis hijos también me ha sido arrebatado... ¿crees que me gusta la idea?

-En lo absoluto pero..

-Papá, tío, por favor, guarden sus disputas para otro momento.

¡Oh Rayos! Ya ni siquiera era capaz de charlar con su hermano sin que lo mandaran a callar, ¿en qué sitio se encontraba, en una especie de recinto humano al que todos llaman templo?

Momento, sí, estaba en el templo de la aldea. ¿Qué rayos hacía ahí?

Dios, su cerebro estaba comenzando a hacerle malas jugadas. Su hermano no lucía mejor que él...

-Acepto.

Y todo se volvió negro para Inuyasha y Sesshomaru.

***

Voces

Era todo lo que podía escuchar en ese momento, unos murmullos leves y unas cuantas risas. Abrió sus ojos y se encontró en el mismo lugar, el templo, pero esta vez estaba en el suelo, en el regazo de Kagura. Su hermano yacía exactamente igual que él, pero en el regazo de Kagome.

-¡Y con lo que batallé para conseguirles trajes de mi época y que les quedaran bien! ¡Mírense, están llenos de tierra!

-Ya, Kag, no los regañes, ¿no ves que los dos han sufrido un fuerte impacto? - habló Sango, riéndose ante las ocurrencias de su amiga.

-¿Que me sucedió? - Exigió saber Sesshomaru.

Fue en ese momento que todos observaron hacia el frente, Rhin se acercaba a Sesshomaru a la par que Shippo lo hacía hacia Inuyasha.

-¿Te encuentras bien, papá? Te desmayaste... y eso que juraste que sería yo la que se sentiría nerviosa... - habló Rhin, medio sonriente

-¿Y tú también? - Shippo lucía incrédulo - Tanto que me dices de la fuerza de los hombres y esas cosas, y mira lo que haces.

Sesshomaru en ese momento olvidó toda su ira, al igual que Inuyasha. El observar a sus hijos, ahí, frente a ellos, fue como olvidar todo lo que habían tenido que pasar durante esas últimas horas.

-No quiero ni verlo... - continuó diciendo Shippo - si te desmayaste en mi boda, ¡En la mía, papá! ¿cómo te irás a poner en la boda de Kanna y Kohaku?

En ese momento Inuyasha perdió nuevamente el poco color que había en su rostro.

¿Por qué rayos existían las bodas? ¿Para arrebatarles a sus hijos uno a uno? No si él podía evitarlo.

-¡Ah, no señor! - Kag leyó su expresión - Prometiste entregar a tu hija el día de su boda y no permitiré que por caprichos tuyos le impidas su felicidad.

-Pero si no será para siempre... solo hasta que yo me muera.

Todos rieron a carcajadas por los celos absurdos del joven.

Shippo y Rhin se observaron un momento, antes de sonreir con todos los demás. El joven kitzune tomó delicadamente la mano de Rhin y la haló hacia él, en un abrazo protector.

-La novia aún no me ha dado el beso.

Rhin se sonrojó hasta la médula y sonrió tiernamente, a la par que se acercaba más al joven y lo besaba en los labios, lentamente.

Ahí fue cuando Inuyasha y Sesshomaru también sonrieron...

Resignados, pero felices.



------------------------------

¡Ta tán!!! =D Siiii finalmente casé a Shippo y Rhin, se que fue inesperado y esa era la idea xDD espero les haya gustado y por hoy es todo, que ando con prisas xDDD

Por favor dejen sus comentarios!!

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